52 Nunca se había divertido como lo estaba haciendo ahora. Las ocurrencias de Fabio habían logrado que no parara de reír, desde el momento en que alquilaron un cuatriciclo de pedales para recorrer las calles del turístico sector, pasando por el momento en que cenaron arepas rellenas sentados en un andén, y por el baile del que ahora disfrutaba en una discoteca carente de formalidades. En medio de los buenos momentos, la música y la cerveza fría, su mente permanecía lo suficientemente ocupada como para acordarse de lo que había sucedido con Santiago. Solo sabía que la excesiva acumulación de sufrimiento de los últimos meses le daba derecho a olvidarse de todo lo malo y disfrutar de las cosas que la hicieran sentir joven, con vida, con ilusiones y con ganas de vivir. No quería má

