53 Santiago sintió cómo su rodilla respondía a todos los movimientos como si jamás hubiese recibido golpe alguno. No estaba seguro de si el paso de los días había hecho su trabajo o si los ejercicios practicados por Penélope eran los determinantes en su innegable mejoría. Tenía muchas ganas de ir a trotar por la playa, de respirar el aire puro de la mañana, disfrutar del paisaje y poner su mente en un lugar imposible de ser invadido por los recuerdos de Carrie. Pero no se engañaba a sí mismo; sería casi imposible olvidarse de su gringa, así ella diera muestras de haberse olvidado de él. Miró su reloj cuando aquel marcaba las diez de la mañana, su mente recordando las palabras de su padre, las cuales advertían sobre aquellas pequeñas cosas con la suficiente influencia para term

