49 –Lo llama una vieja –le dijo Carolina a su hermano. –¿Quién es? –eran las tres de la tarde, la hora en que usualmente Santiago se encerraba en el estudio del apartamento a ver televisión o leer un libro mientras disfrutaba de la frescura que proporcionaba el aire acondicionado. –NI idea, pero no es Carriola, a ella se le nota el acento, es alguien de aquí –dijo Carolina antes de desaparecer. Santiago había pasado toda la mañana esperando la llamada de Carrie, prestando particular atención a los momentos en los que sabía que ella se encontraría en receso. Pero la llamada no llegó y no sabía si alguna vez llegaría. Se sentía triste, la desilusión ganando terreno por cada minuto que pasaba. En realidad pensaba que la recibiría durante el descanso de las once

