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1182 Words

57          Santiago no se cansaba de besar a la linda, sensual y dulce Penélope. La misma magia, tacto y suavidad aplicados a los ejercicios de la rodilla parecía estarlos practicando ahora, mientras pasaba las manos alrededor de su cuello, acariciaba su espalda y consentía sus mejillas. Sería tan fácil enamorarse de esta niña, llena de cualidades, tanto físicas como espirituales, alejada de la intensidad mostrada por Verónica o de la incomprensión de la cual hacía gala Carrie. Sin embargo era consciente de una pequeña muralla en sus sentimientos, lo suficientemente alta para frenar la entrega total de su corazón. Nunca le haría daño a una niña tan especial como Penélope, de eso estaba totalmente seguro, pero también era su obligación evitar hacerse daño a sí mismo.         –Si tu mam

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