El viaje no había sido nada fácil, salvajes y forasteros no dejaban de atacarlos, Melinda era como miel para las abejas y todos se sentían atraídos hacia ella. Aspen se convertía en ese diablo al que todos le temían y por alguna razón Melinda no lo miró con ojos diferentes, ella amaba a ese hombre sin importar cuál fuera su naturaleza y hasta pensaba que no había necesidad de terminar el viaje, pero Aspen insistió y ella simplemente lo aceptó porque quiere verlo todo de él. Estaban a punto de llegar, ahora estaban en el campamento repasando los pasos para el ataque y saqueo. Melinda estaba ahí presente, escuchándolo todo como si fuera parte del ejército y cada cosa que decían con tanta frialdad le congelaba un poco el alma. ¿Cómo pueden matar sin más estando los niños presentes? ¿Cóm

