Capítulo XII: "DAVID: ÚLTIMA COMIDA"

3178 Words
SAMUEL ―Necesito que vayas a la farmacia y traigas estas cosas ―me dice papá entregándome una nota, la acepto y la leo por encima. ―Claro, sólo terminaré unos trabajos pendientes e iré ―respondo asintiendo con la cabeza. ―Bien, no quiero que estés tarde afuera, ¿de acuerdo? ―me dice acercándose para revolver mi cabello. ―Sí, sí, de acuerdo. ―Detengo su ataque hacia mi cabello. ―Bien, debo irme ―Mira el reloj de la pared, hoy ha tenido la oportunidad de llegar un poco más tarde, así que ha descansado más, de verdad que se veía agotadísimo. ―Que te vaya bien ―me despido cuando se acerca a agarrar las llaves y dirigirse a la entrada principal, con Seth saltando a su alrededor. ―Se va el guardián mayor, se va el guardián mayor ―lo escucho canturrea pero papá lo escucha ladrar. ―Hasta al rato ―dice con una sonrisa burlona. Me despido con la mano, lo miro salir de casa. ―Se fue el guardián mayor, se fue el guardián mayor ―canturrea Seth de nuevo cuando se va papá― ¿y qué haremos hoy? ―No lo sé, de verdad tengo trabajos pendientes ―respondo yendo a la cocina para buscar algún bocadillo. ―¿En serio? ―pregunta incrédulo―. Bueno, ¿puedes sacarme al patio? ―se acerca a la puerta trasera y la rasguña un poco con sus garras. ―Sí ―respondo perezosamente― lo dejé de lado y tengo algunas cosas por terminar aún ―le comento acercándome a la puerta y abriéndola para dejarlo salir. ―Bueno, que te diviertas ―se burla corriendo hacia el área de césped. Niego con la cabeza mirándolo mal. Dejo la puerta un poco entreabierta para que entre cuando quiera. Quedan un par de semanas de vacaciones aún, pero con mi nueva vida que se ha generado a partir del suceso misterioso que no recuerdo quiero despejarme de tareas por un rato para poder enfocarme en las misiones que se me presenten. ──────────── ⊰ § ⊱ ──────────── Pasé parte de la tarde haciendo un ensayo sobre los efectos positivos y negativos de la globalización en nuestra sociedad; investigué, anoté, estructuré mi trabajo hasta que terminé por fin. Bajo para buscar algo de tomar, escucho la música a través del pasillo hasta las escaleras, y en la cocina aún se escucha un poco, miro la puerta trasera cerrada, seguro cuando entró Seth la cerró, me acerco para poner el seguro. ―Buenas tardes ―habla alguien a mis espaldas, doy un salto asustado. ―Hola, no me acostumbro a la aparición repentina ―le saludo explicando mi sobresalto. ―Lo siento ―me da una sonrisa apenada. ―No hay problema ―respondo. Me acerco a la alacena donde están los vasos para tomar uno y llenarlo con agua― ¿Te sirvo algo? ―le pregunto, ahora que lo pienso nunca le he ofrecido a ninguno algo de comer o beber. ―Estoy bien, y aunque quiero no puedo ―dice apenado, pero me mira fijamente, me confunde su respuesta y sospecho a lo que se refiere. ―¿No puedes comer ni beber? ―cuestiono casi seguro de que así será. Escucho a Seth bajar corriendo las escaleras, miro en su dirección por un momento antes de volver hacia el nuevo fantasma que ha aparecido. ―Visitas, visitas ―dice el can oliendo al hombre, quien parece asustarse debido al arrebato de alegría del animal que comienza a flotar lejos de él. ―Wow, vaya, que bonito perrito ―dice un poco nervioso. ―Ya, cálmate, Seth ―le digo firme para que se siente a un lado, él entiende y hace lo que esperaba―. Buen chico. ―Gracias, los perros me ponen un poco inquieto. ―Comienza a bajar lentamente hasta llegar al suelo de nuevo. ―Lo siento ―murmura el can yéndose a tomar agua. ―Bien, y ¿cuál es tu nombre? ―pregunto al visitante. ―Me llamo David ―responde sin más. ―Y, ¿cuál es tu último propósito? ―Voy al grano. ―Verás, es algo complicado ―comienza intranquilo. ―Bien, explicame ―digo fingiendo tranquilidad pero en realidad me siento algo nervioso por lo que pedirá. ―Mi último propósito en este mundo es comer algún platillo y tomar algunas bebidas mexicanas ―dice mostrando más entusiasmo. ―Pero di- ―comienzo a recordarle lo que me ha comentado. ―Sí, dije que no podía comer ni beber nada, ese es el problema ―me interrumpe con un tono más desanimado. ―Bueno ―digo pensando en alguna solución― puedes poseerme, ¿no? ―suelto la primera idea que se me pasa por la mente. ―¿Que puede qué? ―habla una voz conocida a mis espaldas, miro al fantasma con los ojos abiertos. Me giro lentamente para mirar a Zander recargado en la puerta trasera, le sonrío nerviosamente mientras me toco la nuca, él me mira incrédulo con sus brazos cruzados en su pecho. ―¿Que puede poseerme para comer? ―le contesto con mi idea ahora dudoso. ―¿Estás loco? ―sentencia igual de severo, haciéndome ver que no le gusta para nada mi idea―, no vas a hacer eso. ―¿Por qué no? ―pregunto confundido, pero me pongo a pensar las posibles razones. ―Porque es peligroso ―dice como si fuera lo más obvio. ―¿Por qué? ―pregunto, sé que puedo ser pesado pero quiero descartar completamente esta idea, pero no se me ocurre otra, así que insistiré. Zander estrecha sus ojos, advirtiendome con una mirada que pare con eso. ―Porque puede que no vuelvas ―Abro mis ojos sorprendido, él capta esto y continúa―, puedes quedar inconsciente por un largo tiempo, claro que hay una posibilidad de que no, pero es muy baja a comparación, y estoy aquí para cuidarte así que vete olvidando de esa idea ―me informa para finalizar con una amenaza dura. ¿Caer inconsciente? No de nuevo, pero entonces, ¿cómo hago para ayudar a este hombre? ―Entonces, ¿qué hago? ―le pido ayuda al Arconte, él se queda en silencio, tampoco tiene una idea, genial. ―Por favor, ayúdenme, no quiero quedarme en ese lugar más, tengo miedo de las Sombras ―David nos ruega, lo miro apenado, y estuve a punto de negarme a realizar una misión de ayuda hasta que Zander me interrumpe: ―Bien, lo haremos, pero bajo mi supervisión ―accede después de mostrarse pensativo y soltar un suspiro resignado, usando un tono amenazador hacia mí. Le sonrío agradecido, y resisto las ganas de abrazarlo ante su decisión de ayudar. ―¡Oh, gracias, gracias! ―El hombre se acerca para estrechar mi mano en forma de agradecimiento. ―Está bien ―sonrío hacia él, mientras que él se mueve hacia la sala festejando que lo ayudaremos ―Gracias ―murmuro hacia Zander, con una mirada agradecida y aliviada a la vez. ―Sí, no es nada, pero debes hacer todo lo que te diga ―me casi amenaza antes de que su perfecta sonrisa aparezca, me da un golpecito en el brazo y me hace seña con la cabeza para que mire a David, este está quieto ante Seth que aún quiere ser acariciado por el fantasma. ―Seth ―lo llamo para que se aleje de él, el pobre se ve asustado. ―Ya, perdón ―se aleja desanimado. ―Y, ¿cómo lo hacemos? ―le pregunto atento a Zander, él suspira un poco en desacuerdo pero aún así se acerca. ―Bien, vas a sentarte ―me dice guiandome de los hombros hasta el sillón, sentándome―, van a cerrar los ojos, y se van a concentrar en pensar en nada ―comienza a dar instrucciones, lo miramos esperando más―, ya, cierrenlos ―nos apresura al ver que no lo hacemos, por lo que lo hacemos en cuanto nos reprende ―Bien, ven todo blanco, imaginen que están en una habitación completamente blanca ―nos dice con voz suave, me concentro en lo que nos dice que imaginemos―, relajen el cuerpo ―lo relajo en cuanto lo dice. ―David, acércate ―le murmura al hombre― y te sentarás en el sillón también ―le dice y trato de no pensar en lo que hacen para enfocarme en la habitación blanca― relájense, están tranquilos. De repente comienzo a sentir una vibración por todo mi cuerpo, siento que todo da vueltas y que me estoy moviendo hacia atrás, como si me estuviera quedando dormido, y ya no puedo sentir mi alrededor, no siento el sillón bajo las palmas de mis manos. ―Abran los ojos ―los abro y me asusto por un momento― tranquilo, Sam, estás en el inconsciente― me informa. ―Oh, pudiste haberme dicho antes ―le digo en tono de reproche. ―Sí, lo sé, lo siento ―responde, ¿cómo-?―Aún puedo leer tu propia mente ―dice como si fuera obvio, trato de ignorarlo, para asimilar lo que está pasando. ―Vaya, se siente extraño controlar un cuerpo físico después de tanto tiempo ―escucho que el hombre habla, la voz suena como la mía pero un poco más grave. ―Bueno, andando, ¿puedes controlarlo? ―pregunta Zander hacia el hombre, a quien veo que se levanta y se tambalea un poco, pero el Arconte parece que usa su poder para mantenerlo de pie. ―Estoy bien, gracias ―responde el fantasma que está controlando mi cuerpo. ―Pues andando. ―Suspiro por la extraña sensación que hay aquí. ―¿Todo bien, Sam? ―pregunta preocupado Zander. ―Sí, tomen la mochila y las llaves antes de irnos. ──────────── ⊰ § ⊱ ──────────── Me siento un poco mareado pero es más por la perspectiva que tengo del mundo exterior, aquí adentro es oscuro y veo en una especie de proyección lo que ve David, o sea mis ojos, ay, esto es raro. Buscamos un restaurante mexicano y entramos, Zander ha usado su poder para verse normal y no llamar tanto la atención, aunque no necesita las alas o la armadura y su aura dorada para llamar la atención, él es bastante guapo en realidad, y las mujeres, y algunos hombres, se le quedan mirando. ―Bueno, voy a querer unos tacos al pastor, un pozole, dos tamales y un chile relleno ―comienza a ordenar el hombre, vaya que sí va a comer. ―¿Puedes ordenar unas bebidas con alcohol por mí? ―escucho que piensa David supongo que para que Zander lea su mente cuando se le queda mirando. ―Claro ―responde este en nuestras mentes. Pide un par de bebidas y algo para comer mientras el hombre cumple con su propósito. El camarero trae todo el pedido y llena la mesa con la comida, David comienza a degustar todo contentísimo, y yo tendré que pagar por esto después, genial. ―Ya no puedo más ―habla David tocando su barriga, lo escucho arrastrar un poco las palabras, ¿está ebrio? ¿pues cuantas bebidas se tomó? Ay, no. ―Zander, ¿está ebrio? Más bien, ¿estoy ebrio? ―le cuestiono casi entrando en pánico, yo nunca he bebido alcohol y mucho menos me he emborrachado. ―Sí, intenté que no bebiera mucho pero no puedo intervenir ―se disculpa dando sus razones del por qué no lo detuvo. ―Bueno, está bien, luego pensaremos en eso ―le respondo. Pagamos, Zander sí que tiene trucos, ya que él pagó la cuenta, después de insistir que él pagaba la cuenta le pregunté de dónde sacó el dinero y no me quiso decir, por lo que sospecho que ha usado sus poderes. Salimos del lugar, veo como David se tambalea un poco, sí está ebrio, j***r. Pero parece que no ha pasado nada con respecto a trascender. ―¿Debe salir para trascender ahora que su propósito se ha cumplido? ―pregunto confundido de la ausencia de luz o algo. ―Sí, debemos volver pronto a casa ―dice Zander mediante nuestras mentes, busca un callejón y nos guía hacia allí. ―Me encantó esa comida, el pozole estaba riquísimo, y esa marga- ―comienza a alardear sobre su comida hasta que Zander le tapa la boca para que se calle. ―Silencio, debemos ser discretos ―dice para después formar un portal y hacernos pasar a través de él. Los efectos aquí dentro no se sienten tanto como la primera vez que viajé así, pero parece que David sí lo sintió fuerte. ―Bien, sal despacio, cierra los ojos y concéntrate ― comienza Zander en cuanto llegamos a la sala de estar. Toma a David de los hombros para sentarlo de nuevo en el sillón. ―Bueno, despacio, concentrado ―repite alargando las palabras, me desespero un poco pero le doy su tiempo. ―Tú también, Sam ―me reprende el Arconte. ―Ah, perdón ―me apresuro a cerrarlos, se me olvidaba que yo también debía hacerlo. ―Concéntrense, David ―lo llama―, imagina que te separas del cuerpo, que comienzas a flotar ―le dice para que se enfoque en eso―, Sam, tú imagina que sales de la habitación blanca. Comienzo a imaginar lo que me dice, estoy sentado en medio de la habitación blanca, de repente se materializa un puerta frente a mí, me levanto lentamente para acercarme a ella, tomo el pomo y lo giro despacio, siento que algo me jala afuera de la puerta, me asusta un poco pero la abro. Lo que encuentro afuera es oscuridad, me jala para que salga, pero al asomarme hay un vacío abajo. ―No salgas, Sam, ―Alcanzo a escuchar a Zander, me confunde su orden pero obedezco―, cierra esa puerta ―dice con voz fuerte, preocupado. ―¿Por- ―comienzo a preguntar mientras estiro mi mano para cerrar la puerta pero al llegar a la madera está empieza a desmoronarse como arena― -qué? ―completo la oración confundido. ―Ay, no ―lo escucho murmurar―, aléjate de ahí, vuelve al centro de la habitación ―dice firmemente, un poco alterado. Intento seguir su orden pero la fuerza se vuelve más potente, me jala para sacarme de la habitación hacia el vacío, lucho por alejarme pero cuando consigo dar dos pasos hacia atrás me jala más fuerte. ―¿Qué-? ―las palabras se atoran en mi garganta, el miedo aparece. ―Tranquilo, intenta pensar en otra cosa, eso no es real ―intenta ayudarme, pero el ver el vacío y la oscuridad espesa en comparación a la blanca e iluminada habitación no me tranquiliza para nada. ―No puedo ―murmuro asustado, no sé qué pasaría si caigo ahí pero no quiero descubrirlo. ―¡Sí puedes, Sam! ―me anima severamente, “sí puedo, sí puedo”, repito sus palabras. Cierro los ojos imaginando que en lugar de jalarme me empuja, y de inmediato siento eso que me imagino, sólo que no como esperaba, salgo disparado hacia atrás, retrocedo a trompicones hasta que impacto con la pared blanca, a pesar del golpe suspiro aliviado. ―Bien, cierra los ojos y ahora imagina que flotas ―obedezco rápidamente, ya quiero salir de aquí. Siento que mis pies se separan del suelo, mi corazón se acelera pero no abro mis ojos, sólo me dejo llevar. ―Muy bien, ahora imagina que mueves los dedos de tus manos ―me guía el Arconte. Imagino que muevo mis manos. “¿Lo hice?”, pregunto en mi mente deseando que él me haya escuchado. ―Sí, lo estás haciendo bien ―me felicita suavemente―, ya no estás en la habitación, ahora estás sobre el sillón, recostado en tu cómodo sillón ―me dice quedamente. Me imagino recostado en el sillón, ya no siento la presión que el exterior de la puerta estaba ejerciendo en mí. Escucho algo raro, una agitada respiración de… ¿Seth? Abro los ojos para ver qué le pasa, me encuentro con el can mirándome preocupado con la lengua de fuera, un fuerte mareo me rodea cuando me da la luz del exterior haciéndome apretar mis ojos de nuevo. ―¡Oh, Dios mío, ¿estás bien?! ―pregunta el perro dramáticamente. ―Sí, lo logré ―digo para reírme tontamente, siento mi cuerpo relajado y todo me da vueltas, ah, es el alcohol. Abro de nuevo los ojos para encontrarme con la mirada molesta de Zander―. Hola…, tú… ―lo saludo alargando las palabras. ―Hey, que susto me diste ―dice suspirando mientras se sienta en el sofá de enfrente, estoy recostado sobre el más largo. Su expresión seria me causa risa, risa que no puedo controlar. ―Oye, ¿y David? ―pregunto recordando el por qué estoy así. ―Ya se fue, y te dejó esto ―dice mostrándome la moneda que todos me dan― y te agradeció por ayudarlo, se fue muy contento ―me cuenta relajando un poco su cara. Me río más imaginando que se habrá ido ebrio. Cierro los ojos por unos segundos pero los abro de golpe, causando dolor de cabeza, recordando algo importante que tenía que hacer. ―Debo ir a la farmacia ―me levanto de golpe pero no controlo muy bien mis piernas y estoy a punto de caer al suelo si no fuera por la rapidez de Zander, se mueve hasta llegar a mi y me toma para no impactar contra el suelo. Lo miro sorprendido y confundido, el alcohol me hizo olvidar lo que es por un momento. Lo miro sin palabras, sus hermosos ojos morados me miran tan preocupados que casi me siento culpable de causarlo. Carraspeo saliendo de mis pensamientos y haciendo que él salga de los suyos, me intento enderezar pero él me vuelve a sentar en el sillón. ―Tú te quedas aquí, yo iré, ¿qué necesitas? ―dice suavemente, hasta diría que apenado. Me quedo un momento aturdido, pensando dónde dejé la nota. ―Hay una nota… pegada en el refrigerador ―respondo recordando dónde la puse. ―Bien, ahora vuelvo ―dice leyendo la nota―, no te muevas, quiero encontrarte ahí cuando regrese ―me advierte apuntándome con un dedo. ―Sí, señor ―imito un saludo militar hacia él riendo de mi propio chiste malo. Lo miro negar con la cabeza resoplando una pequeña risa. ―Bien, cuídalo, hablo en serio ―le dice esta vez a Seth. Este ladra en respuesta y lo toma de forma afirmativa. ―Mandón ―murmuro cerrando los ojos con una sonrisa en mi rostro relajado, y sé que me ha escuchado por el fuerte suspiro que ha soltado. Me gusta hacerlo enojar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD