CALLENDO EN UNA TRAMPA

1425 Words
ꗥ🌸 𝐂𝐋𝐀𝐑𝐈𝐒𝐒𝐀 🌸ꗥ Cuando finalmente llegamos a nuestro destino, estacionó el auto y me miró con una sonrisa alentadora. —Vamos a lograrlo, Clarissa. Juntos. Asentí, tomando una profunda respiración. La batalla era larga y difícil, pero con Nathan a mi lado, sentía que teníamos una oportunidad. Mientras caminábamos hacia nuestra próxima acción, sentí una chispa de esperanza. Juntos, enfrentaríamos lo que fuera necesario para traer a nuestro hijo de vuelta a casa. Estaba en la oficina, revisando algunos documentos, cuando mi teléfono comenzó a sonar. Vi el nombre de mi padre en la pantalla y una sensación de inquietud se apoderó de mí. Contesté, intentando mantener la calma. —¿Qué pasa, papá? —pregunté, tratando de sonar casual. —Clarissa, necesitas venir a casa de inmediato —dijo con urgencia en su voz—. El niño está enfermo y te necesita. Sentí cómo mi corazón se aceleraba. Las palabras “el niño está enfermo” resonaban en mi cabeza, apagando cualquier otro pensamiento. Sin pensarlo dos veces, me levanté de mi escritorio, olvidando por completo la reunión que Nathan tenía en ese momento. —Voy para allá —respondí, colgando el teléfono rápidamente. Salí de la empresa apresuradamente, mis pensamientos giraban en torno a mi hijo. No me detuve a avisarle a Nathan. Sabía que estaba en una reunión importante y no quería interrumpirlo. La necesidad de estar con mi hijo, de cuidarlo, era lo único que importaba en ese momento. Mientras conducía hacia la casa de mis padres, la preocupación me consumía. Mi mente estaba llena de preguntas sin respuesta. ¿Qué tan enfermo estaba? ¿Qué podía hacer yo para ayudarlo? Sentí una mezcla de miedo y determinación. No iba a dejar que mi padre me controlara a través de mi hijo. Llegaría allí y haría todo lo posible para cuidarlo y protegerlo. Llegué a la casa familiar y me apresuré a entrar. Mi madre me recibió con una expresión preocupada. —¿Dónde está? —pregunté, mi voz temblaba ligeramente. —En la habitación —respondió ella, señalando hacia las escaleras. Corrí hacia la habitación de mi hijo, el miedo y la ansiedad palpables en cada paso. Al abrir la puerta, lo vi ahí, pequeño y vulnerable. Mi corazón se rompió al verlo así, pero sabía que tenía que ser fuerte. Me acerqué a él, lo abracé y le susurré que todo estaría bien. Haría lo que fuera necesario para mantenerlo a salvo. En ese momento, nada más importaba. Todo lo que quería era asegurarme de que mi hijo estuviera bien. La batalla continuaba, pero ahora, mi prioridad era él. —Hay que llevarlo al doctor. —grite, mi madre se me acercó. —Apúrate, ya el auto está listo para ir a la clínica. Rápidamente, tomé a mi hijo en brazos, nos subimos a la camioneta que estaba aparcada frente a la casa de mis padres, estaba ardiendo en fiebre mi bebé. Le gritaba al conductor que se apurara. Sentí que el viaje estaba siendo largo. —¿Qué tan largo es? —grité al chofer. —Estamos por llegar. No me dio por ver hacia fuera del auto, ya que iba orando para que mi hijo se recuperara. Hasta que sentí que el viaje no es normal, había pasado mucho tiempo en carretera. Al ver hacia fuera, miré que no había casas; en eso, entro a un desvío. Mis alarmas se activaron. —¿A dónde me lleva? —Tranquila, estamos por llegar. —¿Aquí no hay ninguna clínica, mi hijo está grave, ¿por qué me hace esto? Mientras el auto avanzaba, miraba por la ventana, esperando ver la clínica. Pero a medida que pasaban los minutos, algo no cuadraba. El paisaje que nos rodeaba se veía desolado, lejos de cualquier zona urbana o médica. Mi corazón empezó a latir más rápido, y una sensación de pánico se instalaba en mi pecho. —¡Lléveme a la clínica! —le grité al chofer, la desesperación en mi voz era palpable. El chofer no respondió de inmediato. Después de un breve silencio, solo dijo: —Estamos por llegar. Sus palabras, aunque aparentemente calmantes, solo aumentaron mi ansiedad. Miré a mi hijo, que ardía en fiebre, con su pequeño cuerpo temblando. El pánico se transformó en una certeza inquietante. No íbamos a una clínica. Esta era una trampa. Mis padres habían planeado todo esto, utilizándome una vez más para sus propios fines. Sentí una mezcla de rabia y desesperación. Mi hijo necesitaba atención médica, y yo estaba atrapada en este engaño cruel. Intenté mantener la calma, buscando una manera de salir de esta situación. —Necesito llevar a mi hijo a un médico de verdad, ¡ahora! —exigí, tratando de sonar autoritaria y segura. El chofer no respondió, solo seguía conduciendo por la carretera desierta. En ese momento, supe que debía pensar rápido. No podía permitir que mis padres me controlaran de esta manera, no cuando la salud de mi hijo estaba en juego. Miré alrededor del auto, buscando cualquier indicio de cómo escapar. La desesperación alimentaba mi determinación. El auto se detuvo frente a una finca que parecía sacada de un tiempo pasado. Una casona antigua se levantaba ante mí, rodeada de campos vacíos y un aire de desolación. La imagen era inquietante y aumentaba mi sensación de desamparo. Mi ansiedad crecía con cada segundo, y la fiebre de mi hijo me recordaba la urgencia de la situación. —¿Qué es esto? —exigí, mi voz sonaba más fuerte de lo que pretendía, llena de desesperación y rabia—. ¿Por qué estamos aquí? Llévame a una clínica, ¡ahora! El chofer, con una expresión impasible, se giró hacia mí y respondió con calma: —Una curandera la espera adentro. Sentí como si un balde de agua fría me cayera encima. —¿Una curandera? —repliqué, incrédula—. ¿Cómo es posible tanta maldad? Mi mente se llenó de confusión y rabia. Mis padres habían planeado todo esto, manipulándome una vez más. Ellos sabían muy bien que mi hijo necesitaba atención médica, no remedios de una curandera. La frustración me consumía, pero debía mantener la calma por el bienestar de mi hijo. Miré a mi pequeño, su rostro febril y vulnerable. No podía permitir que fuera víctima de las manipulaciones de mis padres. Sin embargo, sabía que enfrentarlos directamente en este momento no sería prudente. Necesitaba pensar en una forma de salir de esta situación sin poner en riesgo a mi hijo. —Solicito que me trasladaras a la clínica, por favor, — expresé, procurando mantener mi voz firme y serena. Pero el chofer no respondió, solo se quedó en silencio. Sabía que insistir en ese momento no me llevaría a ninguna parte. Tendría que jugar sus juegos por ahora, pero mi mente ya estaba trabajando en un plan para escapar y asegurar la atención médica adecuada para mi hijo. Respiré profundamente y, con una mezcla de temor y determinación, me dirigí hacia la casona. Sabía que cada paso que daba me acercaba más a enfrentar la oscuridad de las intenciones de mis padres, pero también me recordaba que haría lo que fuera necesario para proteger a mi hijo. La lucha continuaba, y no me detendría hasta asegurar su bienestar. Entré en la casona y el aire cargado de polvo me recibió con una bofetada. La luz apenas iluminaba el interior descuidado, con muebles viejos y cortinas rasgadas colgando de las ventanas. No tenía tiempo para fijarme en los detalles, mi prioridad era mi hijo, que seguía ardiendo en fiebre. Con cuidado, lo coloqué sobre un sofá viejo que crujió bajo su peso. Su pequeña figura me rompía el corazón, y la desesperación crecía dentro de mí. En ese momento, una mujer de mediana edad apareció desde una habitación adyacente, portando unos tónicos en botellas de vidrio. —Esto le bajará la fiebre —dijo, extendiéndome una de las botellas. La miré con incredulidad. ¿Cómo podía confiar en alguien que mis padres habían elegido para tratar a mi hijo con remedios caseros? Pero la desesperación es una fuerza poderosa. Tomé la botella y, con manos temblorosas, probé el tónico primero. Su sabor amargo me recorrió la garganta, pero no sentí ningún efecto inmediato. Miré a la mujer, esperando ver alguna señal de confianza en su rostro. Ella simplemente me observó, segura de que su remedio funcionaría. Aunque la duda seguía presente, sabía que no podía perder más tiempo. Mi hijo necesitaba ayuda y, en ese momento, no tenía más opciones.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD