VIVIR NUEVAMENTE EL PASADO

1452 Words
ꗥ🌸 𝐂𝐋𝐀𝐑𝐈𝐒𝐒𝐀 🌸ꗥ Con un suspiro de resignación, me acerqué a una de las cajas y la abrí, sintiendo curiosidad por lo que podría contener. A medida que levantaba la tapa, un aroma a polvo y a tiempo perdido me envolvió. Para mi alivio, encontré ropa del niño, lo cual me hizo sentir un poco de calma al ver que se trataba de prendas adecuadas para el frío. Este lugar, con sus frías paredes y su ambiente gélido, parecía no tener cabida para la calidez de la infancia, pero al menos las ropas eran suaves y de colores vivos, como si intentaran desafiar la grisura del entorno. —Mami, ¿dónde estamos? —me interrumpió la voz de mi hijo, que se asomaba por la puerta con sus grandes ojos llenos de inocencia y confusión. —Mi amor, ya no tienes fiebre, gracias a Dios —respondí, arrojándome al piso helado para estar a su altura, intentando infundirle una calma que yo mismo no sentía. —Mami, ¿te vas a quedar conmigo? —su voz temblorosa resonó en la habitación, y mi corazón se encogió ante la fragilidad de su pregunta. —Estamos de vacaciones, para pasarla juntos —mentí, sin querer preocuparlo. Sabía que la verdad era más dura de lo que un niño pequeño podía soportar, y rogaba en silencio que Nathan nos encontrara pronto. A pesar de la incertidumbre, quería que el niño sintiera un poco de seguridad en medio de todo este caos. —¿Papá, pronto vendrá por nosotros? —su pregunta me hizo detenerme, y por un momento, la habitación se llenó de un silencio pesado. La verdad era que no sabía si Nathan llegaría, si lo encontraríamos a tiempo, o si incluso había alguna esperanza de salir de este lugar. —Sí, mi amor, él te quiere mucho —dije, intentando que mi voz sonara firme. Quería que mi hijo sintiera que todo estaba bien, que no había motivos para temer, aunque en mi interior el miedo latía con fuerza. Mientras él me miraba con esa fe ciega que solo los niños poseen, me sentí abrumada por la responsabilidad de protegerlo. La imagen de su padre apareció en mi mente, un hombre fuerte y decidido, pero también vulnerable, atrapado en sus propios demonios. Era un contraste desgarrador, y la esperanza de que regresara a nosotros pronto se convirtió en un mantra silencioso en mi mente. Decidí que era hora de explorar más este lugar olvidado. Tal vez encontraría algo que nos ayudara a entender por qué estábamos aquí y cómo habíamos llegado a este punto. ¿Cuáles son los planes de mi padre ahora? Mientras mi hijo seguía jugando con los juguetes que había en otra caja, decidí revisar más cajas. Cada una contenía ropa mía, utensilios de cocina y provisiones. ¿Cómo llegó esto? María no pudo traer todo esto. Al abrir otra caja, me encontré con viejos libros y fotografías que mostraban sonrisas de tiempos mejores. ¿Por qué me enviaron estas cosas? ¿Qué pretenden? Sin embargo, al ver el rostro de su hijo, esa luz resplandeciente que me miraba con expectación, como si supiera que juntos podríamos enfrentar cualquier cosa. Así, con el corazón en la mano y la determinación renovada, me preparé para buscar respuestas y, con suerte, la salida de este laberinto que había comenzado a ser nuestra realidad. ミ★ NATHAN ★***** reunión había sido larga y agotadora. Sentía cada músculo de mi cuerpo tenso mientras regresaba a mi oficina. Cerré la puerta detrás de mí y me dejé caer en la silla, esperando que Clarissa apareciera pronto. Necesitaba verla, saber que estaba bien. Miré el reloj; el tiempo parecía avanzar lentamente. Pasaron los minutos, y Clarissa no regresaba. La preocupación comenzó a instalarse en mi mente. Ella no solía desaparecer sin avisar. ¿Dónde podría estar? Decidí preguntar a la recepcionista; quizás ella supiera algo. —¿Has visto a Clarissa? —le pregunté, tratando de mantener la voz serena. La recepcionista me miró con una expresión de incertidumbre y luego asintió. —Sí, la vi salir apresurada, hace un rato. Parecía tener prisa. Una sensación de inquietud recorrió mi cuerpo. ¿Dónde habría ido? La situación no me gustaba nada. Marqué varias veces a su celular, y sonaba apagado. Le dije a mi asistente que investigara dónde ella había ido. Al revisar las cámaras, vi que se subió a un taxi. Sus pasos eran rápidos, y la miré angustiosa. Regresé a mi oficina, la mente trabajando a toda velocidad, como un engranaje que no podía detenerse. La preocupación por Clarissa se había transformado en un pánico controlado, pero el temor latente crecía con cada segundo que pasaba sin tener noticias de ella. Tomé mi teléfono y marqué su número nuevamente, pero la llamada se desvió a su buzón de voz una vez más. La frustración me invadió. ¿Por qué no podía contestar? ¿Estaría bien? Con cada intento fallido, la inquietud se transformaba en una especie de tormenta interna. Decidí que no podía quedarme sentado, paralizado por la incertidumbre. Tenía que actuar. La primera persona en la que pensé fue en su padre. Quizás él pudiera tener alguna información sobre su paradero, aunque la idea de hablar con él no me entusiasmaba. Su carácter era a menudo tan desafiante como el de su hija. —Señor, Nathan, ¿en qué puedo ayudarle? —me identificó de inmediato al contestar la llamada. —Hola, quería preguntar si Clarissa está con ustedes —dije con una voz que trataba de sonar calmada, a pesar de la creciente ansiedad que sentía. —No, señor, no la he visto. Esa muchacha no sabe qué tiene en la cabeza. Ya volvió a sus andadas —respondió, con un tono que me hizo fruncir el ceño. —¿Qué quiere decir? —pregunté, cada palabra salía de mi boca con una mezcla de confusión y creciente indignación. —Es que Clarissa es una chica indomable, desobediente y a veces hace locuras. No es la primera vez que se escapa y se pierde. —Sigo sin entender —le dije, tratando de mantener la compostura, aunque su tono despectivo sobre mi novia me sacaba de quicio. —Lo que quiero decir es que cuando un hombre no la complace, ella simplemente busca a otro que sí lo haga. —Sus palabras me hirieron, como si tratara de despojarme de toda dignidad. Sentí una rabia intensa al percibir el verdadero rostro de este hombre. ¿Es realmente él su padre? ¿Por qué no podía apoyarla en lugar de criticarla? Me hizo cuestionarme si alguna vez había intentado entenderla, o si solo la veía como un reflejo de sus propias expectativas fallidas. —Está bien, ya no lo molesto —respondí, tratando de mantener la calma. —Si la veo, yo le aviso —dijo, como si su desinterés fuera un escudo que lo separaba de la responsabilidad como padre. —Gracias. —Colgué, sintiéndome aún más frustrado y desanimado. No podía quedarme esperando sin hacer nada. Si Clarissa estaba en peligro, necesitaba encontrarla y ayudarla. La idea de que algo le pudiera pasar me resultaba intolerable. Me sentía como un barco a la deriva en un mar de incertidumbre y miedo. Sin dudarlo, me puse en marcha, decidido a rastrear sus pasos y descubrir qué había ocurrido. La ciudad, que un momento antes parecía familiar, ahora me resultaba un laberinto. Cada esquina podía esconder una pista, cada persona, un posible testigo. Tenía que pensar como un detective, pero lo que más necesitaba era desesperadamente un mapa de su mente, entender a dónde podía haber ido y qué la había llevado a alejarse de esa manera. Comencé por los lugares que sabía que frecuentaba. Primero, fui a ese café donde a menudo se sentaba a leer cuando me tocaba trabajar más de lo debido. La mezcla del aroma al café recién hecho y el murmullo de conversaciones ajenas no lograron calmar mis nervios. La barista, al verme tan agitado, me miró con curiosidad. —¿Estás bien? —me preguntó la dueña, a quien conozco, con una mezcla de preocupación y compasión. —¿Ha venido Clarissa últimamente? —dije, intentando sonar casual. —No la he visto en días —respondió, encogiéndose de hombros. Mi corazón se hundió un poco más. Salí del café y decidí dirigirme a la empresa. Quizás alguien allí había tenido noticias de ella o ella le hubiera platicado algo a alguien. Al llegar, la recepcionista me miró con curiosidad cuando le pregunté por Clarissa. —No ha venido desde el lunes; es extraño, ella es bien puntual. —dijo, y mi estómago se retorció.
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