En el gimnasio al ver a mi mujer en mallas, no me extrañaba como la miraban los tíos, de todas las edades y algún comentario que logre escuchar tampoco me escandalizaron, porque esta buenísima y no se lanzaban mas, porque sabían que íbamos juntos. Había dos cosas que llamaban poderosamente la atención, la forma de su culo y que a mitad de sus ejercicios sus pezones se marcaban claramente y eso que antes de colocarse la ropa se ponían unas gasas para evitar que se le notaran. Así que imagínense como se le marcarían sin esas gasas. Por el gimnasio, cuando íbamos en verano a la playa, por amigos que babeaban viéndola, descubrí que tenía una sexualidad incomprendida, porque quien iba a entender que me gustaba que mi mujer pusiera cachondos a los demás. Mi imaginación volaba sin freno y sabien

