Capítulo 1: Lucia Lozano.

1076 Words
Cuando Lucia recibió la noticia del poco tiempo que le quedaría a su madre si no continuaban aquella quimioterapia y futura operación, su mundo entero se vino abajo. Por más que intentó ser fuerte, inclusive por su madre, solo tuvo la valentía para huir de aquel lugar. Llovía con fuerzas, su estómago rugía del hambre y el dolor en su pecho solo crecía como el moho esparcido por un viejo cofre. Se sentó en el banquillo de espera, un pequeño techo viejo y roto cubría su cabeza intentando detener la lluvia, pero la intensidad de aquellas gotas y la cantidad de huecos sobre aquel lugar lo hacían casi imposible. Ella miraba la nada, sus lágrimas caían con la misma fuerza de los truenos y relampagos en el mismo cielo que se iluminaba ante ella. Se daba por vencida, y finalmente, la vida le recordaba una vez más que el dinero lo era todo. Aún más en una situación así. Solo bastaría un par de segundos y unas llantas deslizándose sobre la lluvia para que el destino de Lucia y su madre cambiaran por completo. Algunos lo tomarían como una ángel caído del cielo, y otros como el mismismo diablo salido del infierno. Era un automóvil del año dos mil diez, vidrios oscuros, llantas nuevas y motor rugiendo. Se detuvo con velocidad ante ella, bajando el cristal con cuidado y observándola en silencio. Se trataba de un hombre, quizás unos cuarenta y tantos años, algunas canas en su cabello, suéter gris oscuro, una mirada fría y bastante perdida. —¡Oiga! —le gritó aquel completo desconocido desde aquel automóvil intentando ser oído a través de las gotas de lluvia que caían con fuerza entre ambos. —¿Está bien? ¿Necesita un aventón? ¿Ayuda? —cuestionó alarmado. Lucia estaba lo suficientemente devastada cómo para siquiera tener fuerzas para responder, guardando silencio mientras observaba aquel mismo punto fijo y sus lágrimas caían sobre sus mejillas. El automóvil subió nuevamente el cristal, acelerando con velocidad y alejándose al final de la larga carretera de la noche, y finalmente, regresando a la misma velocidad, solo que esta vez, acercándose mucho más. —¡Oiga! ¡No puedo dejarla allí! —gritó una vez más. —¡Vamos, suba al automóvil, la llevo a casa! —avisó sin más. —¿Se siente mal? ¿Le sucedió algo? —preguntó alarmado. Ella una vez más lo ignoró por completo, fuese quien fuese, posiblemente no tendría buenas intenciones. El silencio los invadió a ambos de nuevo, haciendo que aquel completo desconocido subiera de regreso el cristal y ésta vez bajara del automóvil bajo la tormenta que se presentaba. —¡Señorita! ¡Le estoy hablando! —gritó corriendo bajo la lluvia y acercándose a ella, intentando escurrir el agua de la lluvia que había caído sobre su ropa y evitando los charcos de agua en el suelo. —No quiero hablar con nadie, no quiero ayuda, ni estoy en peligro. —soltó Lucia a medias y sin ganas, su vida siquiera tenía un poco de brillo. Aquel completo desconocido la examinó por completo, Lucia de reojo hizo exactamente lo mismo. Llevaba suéter gris, pantalón n***o y mocasines algo elegantes para estar bajo la lluvia, un reloj que inmediatamente reconoció, lo había visto en comerciales de la TV, era costoso y casi imposible para ella. Otro recordatorio de la falta de dinero que tenía. —No necesito de nadie, largo, por favor. —pidió bajando su cabeza y hundiendo su mirada en el agua sucia que corría por la acera. El hombre desconocido se sentó a su lado en silencio, cruzó sus piernas ante él y suspiró mientras observaba el agua caer, el cielo iluminarse y el terrible sonido proveniente de los truenos. —Un rayo podría caerte justo aquí y matarte. —opinó él sin verla. —Es peligroso por muchas razones, también es algo tarde para que estés aquí. Sea lo que sea que esté sucediendo en tu vida, estoy seguro que lo podrás arreglar pronto. Solo necesitas tiempo. —confesó él. Ella rió con un poco de sarcasmo. —Esa es la cuestión, no tengo tiempo, ni dinero, ni esperanza. —soltó ella a medias. Él suspiró una vez más. —¿Necesita un préstamo? ¿Tiene hambre? ¿No tiene casa? —preguntó intentando entender un poco más. —Mi madre está muriendo y no puedo hacer nada para ayudarla porque no tengo nada de dinero, siquiera he podido pagar las facturas del doctor éste mes. —soltó sollozando. —Todo es dinero, cochino dinero. —reprochó. Aquel desconocido guardó silencio, era probable que ya no supiera que decir ante aquella situación, pero en su lugar, sacó el reloj de su muñeca y lo dejó a un lado de la chica, en el asiento que los dividía. —No se cuanto vale exactamente, me lo regaló mi jefe hace un tiempo, sé que cuesta un montón, al menos servirá para pagar las facturas. —avisó. —Tu lo necesitas más que yo. —insistió. Lucia finalmente logró levantar su mirada, manteniendo contacto visual fijo ante los ojos de aquel completo desconocido. Ojos negros como la noche y tan aterradores cómo la oscuridad. —¿Por qué su jefe le regalaría un reloj tan costoso? ¿Y por qué usted se lo regalaría a una completa desconocida? —preguntó frunciendo si frente sin poder comprenderlo. Él resopló observando el reloj. —Digamos que trabajo para alguien con gusto particulares... —susurró. —Bueno, trabajaba. —avisó. —¿Qué sucedió? —preguntó curiosa. Él recostó su cuerpo sobre el asiento y suspiró al cruzar sus brazos. —Me dió una misión y no lo logré. Es muy obstinado cuando se lo propone. —confesó. Aquellas palabras lograron una sonrisa en el rostro de Lucia, quien tomó el reloj en sus manos y no dudó en examinarlo, podría tratarse quizás de un engaño. —Ya quisiera un jefe que me diese regalo costosos y buena paga, podría darle más años de vida a mi madre, podría darle tiempo quizás. —confesó. —Justo ahora, soy capaz de hacer lo que sea por ella, lo que sea por el dinero que ella necesita... Incluso, vender mi alma al diablo. —avisó. Aquellas palabras hicieron que el sujeto a su lado se estremeciera, observándola y rápidamente pensando, el destino los había unido en ese punto con un solo propósito; ayudarse mutuamente.
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