Tal y como Sergio lo pidió, los siguientes días de Lucia transcurrieron con normalidad, aunque cada que lo recordaba, sus manos sudaban y temblaban, y aquella tristeza que sentía era inevitable de ocultar.
Muchas veces pidió con arrepentimiento no haber logrado quedar embarazada, solo así entendería que Dios y la vida le daban la oportunidad de salir de aquel enredo, huyendo de su mayor pecado y no siendo condenada a la miseria en la cual se creía envuelta.
Pero otras veces, cuando dormía junto a su madre, la oia quejarse de los dolores y los doctores insistían en aquella costosa operación, Lucia le pedía a Dios un resultado positivo, uno donde en su vientre creciera aquel hijo que Pablo Santos, el hombre con el cual se había acostado, estuviese creciendo dentro de ella.
Durante aquellos largos, terrible y soñolientos quince días, Lucia tuvo pesadillas, noches largas y otras interminables, pero cuando el día esperado llegó, los nervios llevaron a Lucia a vomitar la madrugada entera, preocupando y llamando la atención de su madre enferma.
Se culpaba de tenerla allí, pasando noches difíciles y días sin comer lo que correspondía, pidiéndole dejarla ir en paz, volver a casa y pasar sus últimos días en el sitio que quería estar; pero Lucia no podía decirle la verdad a su madre, siquiera de cerca,¿cómo le explicaría que esperaba un hijo? ¿En qué momento?
Lucia había sido virgen y su madre lo sabía, al igual que jamás había tenido novio o algún tipo de relación, había dedicado su vida a su madre, a realizar dibujos en casa y a cocinar cada que su madre tenía un mal día. Era imposible que en aquel corto tiempo, ella hubiese encontrado alguna relación.
Pero cuando Sergio apareció esa mañana, las sospechas de su madre no tardaron en llegar.
Lucia intentó que ella no supiera nada, desviando sus preguntas, cambiando el tema y pidiéndole la calma poco antes de salir de allí y encontrarse con Sergio en el pasillo, lugar en donde él sacaría una prueba de embarazo de su bolsillo, dejándola a simple vista rápidamente mientras ella ponía sus ojos en blanco y le pedía de todas las formas posibles volverlo a guardar.
—¿¡Qué sucede contigo!? —preguntó Lucia entre dientes al balancearse sobre él, tomando la prueba de embarazo y guardandola en su traje nuevamente. —Todos nos verán. Nadie puede saber esto. —insistió.
Sergio seguía un tanto confundido, frunciendo su frente mientras la miraba en silencio. —¿Y que harás cuando el vientre te crezca como un globo? ¿Cómo harás para que nadie lo sepa, Lucia? —cuestionó.
—Aún sigo sin pensar en eso. —soltó a medias alejándose de él y cubriendo su cuerpo nuevamente con el suéter que traía.
—Ya pasó el tiempo, quince días para ser exactos. Traje esta prueba rápida, pero aún así, tendremos que ir al laboratorio, hacer exámenes completos. Debemos asegurarnos. —explicó. —Mi jefe ha estado ansioso, quiere tener una respuesta ahora. No puede pasar de hoy. —insistió.
Lucía respiró hondo, recogiendo su cabello en una cola alta mientras lo observaba, bajando su mirada hasta aquel bolsillo dónde la prueba de embarazo esperaba por ella.
—He vomitado toda la madrugada, mi madre piensa que estoy enferma, creo que son los nervios. Sabía que hoy aparecerías aquí. —confesó subiendo la mirada hasta encontrarse con la de él.
Sergio asintió. —Creo que Pablo no es el único que quiere saber cuál es el resultado de la prueba de embarazo, Lucia. Cada minuto que pasa es un minuto en el que te retrasas con el pago para la operación de tu madre. ¿Lo hacemos? —preguntó.
Asintió, caminando en silencio a su lado hasta llegar a los baños de aquel lugar, tomando la prueba de embarazo y llevándola rápidamente bajo su suéter, esperando que nadie notase lo que ella ocultaba.
Así mismo, dando un último suspiro ante Sergio, Lucia caminó dentro del baño, cerrando con seguro, observando la caja un par de segundos y abriéndola hasta sacar la prueba de embarazo.
Leyó atentamente y muy rápido las instrucciones, yendo hasta el WC y realizando la prueba de embarazo al pie de la letra.
Al salir, dejó la prueba de embarazo sobre el lavabos, lavando su rostro con agua fría mientras trataba de controlar sus respiraciones, y por ende, sus latidos.
Sentía que el aire muchas veces le faltaba, así como la presión en su pecho ante el desespero de saber el resultado, tomando la prueba de embarazo y mirándola fijamente un par de segundos, sintiendo como Sergio tocaba la puerta desde el otro lado y preguntaba si todo estaba en orden.
—Si, todo bien, ya saldré. —avisó Lucia aún en blanco observando la prueba de embarazo.
Cuando los minutos pasaron, aquella prueba de embarazo no cambió su resultado, marcando aún una única linea que significaba el negativo, ella solo la tomó, la regresó a la caja y salió de allí, observando en blanco a Sergio mientras regresaba aquella prueba de embarazo a sus manos.
—Dió negativo, no estoy embarazada. —soltó casi con alivio.
Sergio la miró perplejo. —No, no, no es posible. —balbuceó mientras él mismo sacaba la prueba de embarazo de aquella caja y la miraba atentamente. —Pero Lucia... Aquí dice positivo. —soltó con confusión al ver.
Lucia no pudo evitar arrancar la prueba de embarazo de sus manos, observando fría aquellas dos líneas de resultado, lo que dictaba su futuro; realmente estaba embarazada, era positivo.
Sus lágrimas cayeron mientras observó en blanco un par de minutos aquella prueba, levantando su mirada hasta encontrarse con la de Sergio una vez más.
—Estoy embarazada... —susurró en un hilo de voz casi inaudible.
Pocos segundos después de decirlo y finalmente procesarlo, Lucia comenzó a sentirse realmente mal, comenzando a sudar, balancearse y finalmente caer tendida sobre los brazos de Sergio.
Aquel resultado la haría desmayarse, quedando inconsciente en los brazos de Sergio mientras él intentaba evitar que ella cayera al suelo.
—¡Lucia! ¡Lucia! —le llamó repetidas veces.
Ella seguía allí, inconsciente, sus brazos tumbados y la prueba de embarazo sobre el suelo, a mitad de aquel pasillo. Mientras Sergio solo pensaba en lo preocupado que estaba por ella.