"El trato."
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Pienso durante unos largos segundos si hacer lo que no dejé meditar durante el trayecto hacia mi casa.
—Detente en esta calle —menciono en cuanto reconozco la calle.
—¿Segura? —asiento y Alexander se detiene.
—Gracias, profesor —lo observo y él voltea hacia a mí.
—No fue nada —hace una mueca—. Bella... —susurra pero lo silencio uniendo mis labios con los suyos.
Él posa su mano sobre mi mejilla y sus dedos acarician esta con sutileza, mientras que lo sujeto por la nuca y beso sus labios con necesidad.
Me separo de sus labios y ambos le sostenemos la mirada al otro.
—¿Por qué... —lo interrumpo.
—Es para decirte que esto es lo último entre nosotros —murmuro—. Para que tenga un recuerdo —vuelvo a besarlo con pasión—. Lo veo en el instituto, profesor —menciono para luego bajar del coche y caminar de forma rápida.
En cuanto llego a mi casa veo a mi hermano sentado en el sofá con unas palomitas.
—Hola, Lulú —me regala una sonrisa y tomo asiento a su lado.
Tomo unas cuantas palomitas dentro de mi mano y comienzo a llevarlas hacia mi boca.
—¿Qué tal tu día, Theo? —recuesto mi cabeza sobre su hombro.
—Muy bien —habla con alegría—. ¿Y ese olor? —levanto mi cabeza y me observa.
Acerca su nariz a mi camisa para luego moverla como si de un perro se tratase y pasa a observarme con el ceño fruncido.
—Estuviste con un hombre —arrugo mi entrecejo.
—¿De dónde sacas eso, Theo? —suspiro.
—Hueles a colonia de hombre —medio sonríe—. Así que, ¿tengo un cuñado? —mueve sus cejas y coloco mis ojos en blanco para luego levantarme del sofá.
—Que tonto eres —tomo la mochila que había dejado en el suelo—. Estaré en mi habitación —comienzo a subir las escaleras.
—¡LULÚ TIENE NOVIO, LULÚ TIENE NOVIO! —resoplo y cierro la puerta de mi habitación tras de mí.
Agradezco que mis padres hayan salido a verse con mis tíos, ya que no soportaría tener que explicarles las tonterías que dice mi hermano.
Me lanzo sobre la cama y me abrazo a las almohadas.
|| ... ||
Es sábado por la tarde y estoy en casa de Isabella, me llamó porque tenía algo que contarme y con tan solo mencionar el nombre de mi amiga mis padres accedieron a que viniese.
—¿Qué era eso tan importante, Isa? —toma asiento frente a mí.
—Volví a visitar a Alan en su buffet —niego sin quitar mis ojos de los suyos.
—¿No que te había dicho que ya no más? —asiente.
—Pues tu amiga tiene sus encantos —sonríe—. Acepto que tengamos algo, obviamente que solo quiero sexo —ríe—. Solo tú lo sabes, Lucy —asiento lentamente.
—Es abogado, Isa —ella asiente y lanza una expresión de obviedad—. Puede ir a prisión —suspira.
—El profesor Alexander igual —niego—. ¿Cómo que no? —enarca su ceja—. Ustedes también llevan su vida s****l juntos —comienzo a reír.
—Solamente fue esa noche y no volveré a verme con él —hago una pausa—. Ambos estaríamos en graves problemas y no quiero que por meterse con una adolescente su carrera acabe —ladea su rostro.
—Hay química entre ustedes y es raro porque él es profesor de biología —mueve sus cejas de forma chistosa.
—Si que eres tonta, Isa —niego riendo—. Nada volverá a suceder entre él y yo —asiente poco convencida—. Tú deberías alejarte del abogado —niega inmediatamente.
—Es muy bueno el sexo —muerde su labio inferior—. Te invitaría a que hagamos un trío y experimentes pero el profesor se pondría celoso —tomo una almohada y la golpeo con esta.
—Solo disfruta de tu abogado el tiempo que dure —ella sonríe con lujuria en sus ojos—. Pero teniendo todos los cuidados necesarios, lo que falta es que salgas embarazada —ruedo los ojos.
—No soy tan idiota, Lucy —elevo mis cejas—. Me cuidaré —dice finalmente.
—Perfecto —sonrío.
—¿Y tú?
—¿Yo qué? —la confusión en mí es más que notoria.
—¿Cómo te resistirás a lo que el profesor genera en ti? —mueve sus cejas repetidas veces.
—Fue algo de una noche, Isabella —suspiro.
—¡Pero ambos se desean entre sí! —exclama—. No fue solamente esa noche, aún lo hacen y estoy segura de que hay algo más detrás del deseo que sienten el uno por el otro.
—Pues piensas muy mal, querida —ella niega sonriendo.
Se voltea hacia el cajón que estaba junto a su cama, lo abre y me lanza un chocolate mientras saca uno para ella.
—Come eso, así llenas el vacío que tienes de la polla de tu profesor —le da un mordisco a su chocolate.
—Tú te pasas, Isabella —ella ríe.
Pasamos una tarde charlando, bromeando y haciendo algunas tareas que teníamos pendientes.
Amelia llegó unas horas después y desde entonces estamos las tres viendo películas tranquilamente. Volteo a ver a mis amigas y ambas están dormidas, tomo el control remoto y apago el televisor para luego levantarme.
Oigo como llega una notificación en mi teléfono y lo tomo entre mis manos para echar un vistazo.
Abro el panel de notificaciones y parpadeo varias veces.
*A Alexander Lombardi le ha gustado tu publicación.*
Aprieto la notificación y me lleva hacia una foto de hace un año atrás.
—Esto debe de ser una broma —hablo sola.
|| ... ||
Saco mis libros de mi taquilla y espero que suene la campana. Cuando eso sucede George se acerca a mí y me observa.
—¿Vamos, Lu? —niego.
—Debo hablar con la directora —él asiente—. Avísale a las chicas, por favor —George sonríe.
—¿Estás bien? —asiento—. Nos vemos luego, Lu —se adentra en el aula de clases.
Suspiro y camino hacia las oficinas de los profesores, en cuanto estoy allí busco la oficina del profesor de biología, nuestro tutor.
Golpeo un par de veces la puerta y comienzo a jugar con mis dedos hasta que se abre frente a mí dejando ver a Alexander.
—Señorita López —le observo—, adelante —se hace a un lado e ingreso en la oficina.
Él cierra la puerta detrás de sí y me señala la silla que estaba frente a su escritorio.
—Toma asiento, por favor —eso hago y él me imita—. ¿Qué la trae por aquí, señorita? —cruza sus brazos sobre el escritorio y la camisa se aprieta en sus bíceps pero trato de ignorar eso.
—¿Qué fue lo que habíamos dicho la última vez que nos vimos? —él asiente.
—Si lo dices por lo de la notificación fue mi hermana —suelto una risa sarcástica—. Llegó a pasar unos días aquí antes de casarse y, según ella, quiere que vaya acompañado a su boda —asiento lentamente.
—¿Sabe que soy su alumna? —niega—. Mejor debería decírselo para que estas cosas no vuelvan a ocurrir —murmuro.
Analizo bien sus manos, más específicamente sus dedos, notando que tiene una marca de anillo en el dedo anular en su mano izquierda.
—¿Y por qué no va con su esposa? —cuestiono arrugando mi entrecejo.
—No tengo esposa —en ese instante señalo su dedo y él lo observa—. Eso no termino bien —hace una mueca.
—Vaya solo, no es tan malo —asiente.
—Yo iría solo pero mi querida hermana me prohíbe la entrada y la invitación es para dos personas —abro mis ojos y hago una mueca.
—¿Y por qué me está platicando de eso? —enarco mi ceja.
—¿Podrías acompañarme a la boda? —comienzo a reír.
—Habíamos quedado en que no volvería a suceder nada entre nosotros —él asiente—. ¿Entonces? —suspira.
—Si me acompañas, luego de la boda de mi hermana serás una alumna más para mí —lo observo atentamente—. ¿Serías tan amable de aceptarlo? —paso la lengua por mis labios.
—Está bien —murmuro—. ¿Cuándo es la boda? —saca la invitación de su maletín y me la entrega.
Abro la invitación buscando la fecha y hora de la boda.
—Bien, cuenta conmigo —suspiro—. Pasaré por tu casa ese día y listo —él hace una mueca y yo ruedo los ojos—. ¿Qué sucede?
—Quiere que seas su dama de honor y vayas a su despedida de soltera —parpadeo varias veces.
—¿Qué? —es lo único que sale de mis labios.
—Peticiones de la querida Carina Lombardi —vuelvo a leer la invitación.
—Luego envíame los días, horas y direcciones de lo demás —le devuelvo la invitación.
—¿En el pasillo? —suspiro profundamente y extiendo mi mano.
—Su teléfono —él me lo entrega y apunto mi número allí para luego devolvérselo—. Listo, ahí tiene, profesor —se pone de pie al mismo tiempo que lo hago yo.
Ambos nos observamos sin mediar una sola palabra.
—Debo volver a clase —se acerca a mí y rápidamente salgo de su oficina en dirección al baño.
Apoyo mis manos en el lavabo, suspiro profundamente y me observo en el reflejo del espejo.
—Espero que esto sea algo llevadero —susurro.
La puerta del baño se abre y veo a Emily, la cual al verme hace una mueca de asco.
—Ahora también tengo que soportarte aquí —bufa y hace un globo con la goma de mascar.
—Si tanto te molesta que esté en el baño puedes orinarte encima —paso por su lado y ella choca su hombro con el mío.
—No te ví —finge lástima.
Simplemente coloco mis ojos en blanco y salgo del baño.
|| ... ||
—Y con esto confirmamos que soy el mejor en esto —tararea mi hermano una canción de victoria.
—Eso es porque no he practicado lo suficiente —dejo el mando encima de la mesa de centro—. La próxima acabaré contigo, hermanito —él ríe.
—Pues habrá que ver eso, Lulú —sonríe burlón.
—No podrás sentarte del dolor en el trasero que tendrás de las veces que te lo patearé —comienza a reír—. Tengo tarea que hacer —asiente.
—Mejor ve a practicar —le lanzo mi dedo medio mientras subo las escaleras.
Al llegar a mi habitación me acerco a tomar mi teléfono que había dejado cargando y veo que tengo tres mensajes de un número desconocido.
Los abro y leo para darme cuenta de que es Alexander.
"Hola, Lucy.
Mi hermana tiene prueba de vestidos para sus damas de honor hoy a las cinco. Pasaré a buscarte media hora antes."
"Estaré en la calle donde te bajaste el día que te dejé en tu casa."
"Y la despedida de soltera es el próximo viernes a las ocho treinta. Ella te enviará la dirección luego de que se reúnan por la prueba de vestidos."
—¿Por qué acepté esta estupidez? —ruedo mis ojos.
Decido responder los mensajes con calma.
"Allí estaré. Gracias".
—Creo que era mejor no responder —murmuro.
Camino hacia mi armario buscando que ponerme para ir hacia la maldita cita de vestidos. Una vez que estoy lista tomo un bolso y guardo lo necesario para finalmente salir de mi habitación.
Al llegar a la sala está Theo aún sentado jugando.
—Theo, voy a salir con las chicas —voltea a verme—. Volveré en la noche —entrecierra sus ojos.
—¿En día de semana? —enarca una ceja.
—Iremos al cine —asiente poco convencido.
Antes de salir me acerco y planto un beso en su cabeza.
—Te cuidas, tonto —me acerco a la puerta.
—Tú igual, enana —tras oír eso salgo y camino una calle hacia abajo.
Poco después veo el coche de Alexander y sin tardar mucho me introduzco en él.
—Hola —murmuro.
—Hola —comienza a conducir.
—¿Tú también estarás allí? —le veo asentir—. ¿Eres damo de honor? —ríe por lo bajo.
—Carina es la menor de cuatro hermanos —se detiene en un semáforo—. Ella tiene mejor relación conmigo que con mis otros dos hermanos, al ser los más grandes piensan que Carina es muy inmadura para sus veintitrés años y siempre trato de que se sienta feliz —se encoge de hombros.
—Mi hermano es igual conmigo —medio sonrío—. Con la diferencia de que somos mellizos y nos llevamos cinco minutos de diferencia pero bueno —hago una mueca y el coche vuelve a avanzar.
—Son estupendas las buenas relaciones entre hermanos —asiento—. Antes de llegar al lugar quiero decirte que mi hermana es bastante impulsiva y algo...difícil de llevar —lo observo conteniendo la risa.
—¿Eso es malo? —niega.
—Solo te informo —asiento—. Pero a pesar de todo, te caerá bien —sonrío.
—De acuerdo —susurro—. Le creeré, profesor —él me observa.
El resto del viaje continúa en silencio, básicamente, siento que cada cosa que mencione creará un ambiente incómodo.
Alexander detiene el coche frente a una boutique bastante fina e instantáneamente parpadeo con pesadez.
—En el momento que quieras irte, lo hacemos —volteo hacia él—. ¿Bajamos? —asiento.
Él baja primero y yo lo hago luego de unos largos segundos.
Una chica de cabello moreno, una complexión delgada, tez blanca y ojos, creo que son, azules corre a abrazar a Alexander.
—Carina, me viste esta tarde —se queja Alex y su hermana se aleja.
—Es que tú ya sabes cómo soy, hermano —palmea su hombro y me observa—. Tu eres Lucy —no me lo pregunta, ya estuvo viendo mucho sobre mí.
Se acerca a mí y me abraza, dudo en corresponderle pero Alexander me hace señas de que lo haga.
—Tenía muchas ganas de conocerte —me observa de pies a cabeza—. El vestido te quedará estupendo, cara —sonríe y me jala hacia el interior de la boutique.
Hay varias chicas más allí pero Carina las ignora y me lleva hacia una mujer algo mayor.
—Lidia, quiero que le tomes las medidas a mi cuñada —quedo perpleja ante lo que acabo de oír—. Debe lucir ese vestido como una dea —habla sonriente.
—Por supuesto, señorita Lombardi —la señora sonríe y comienza a tomarme las medidas necesarias.
Desde donde me encuentro de pie siendo medida por la señora Lidia puedo ver cómo Carina habla alegremente con su hermano, quien de vez en cuando me observa y medio sonríe.
—Aguarde un momento aquí, señorita —Lidia desaparece y Carina viene corriendo hacia a mí.
—Fue a adecuar el vestido con tus medidas —la observo asombrada—. La boda es el sábado, hay que ser rápidos con los detalles —ella sonríe.
—Es muy rápido todo —susurro.
—Es que ella es demasiado impulsiva —Alexander abraza por los hombros a Carina y ella sonríe nerviosa.
—Solamente estoy ilusionada y quiero que todo salga perfecto —sus ojos se fijan en el suelo y yo la observo detenidamente.
—Todo será maravilloso, Carina —Alex besa su frente y yo sonrío.
—Él tiene razón, Carina —ella me observa—. No creo que tanto estrés y el estar alterada ayuden mucho a tus nervios pre-nupciales —ella simplemente hace una mueca.
—Iré con Lidia un momento —desaparece tan rápido como le es posible.
—¿Eso no fue extraño? —observo a mi profesor.
—Ella es extraña, bella —susurra—. ¿Cómo te sientes? —medio sonrío.
—No estoy tan disgustada como esperaba —relamo mis labios—. Supongo que está bien, por el momento —me encogo de hombros.
Alexander está a punto de decir algo pero Carina viene corriendo hacia mí y me toma por la muñeca.
—El vestido está listo, debes usarlo para ver cómo te luce —menciona para luego jalarme hacia los vestidores.
—Tienes muchas ansias por la boda, ¿verdad? —murmuro.
Ella aparece con el vestido en las manos.
—Obviamente que sí —sonríe ampliamente y me entrega el vestido—. Te esperaré fuera, cara —cierra la puerta del vestidor.
*Me recuerda mucho a Isabella.*
Me quito mi ropa y con sumo cuidado me coloco el vestido para que no se rasguñe ni nada por el estilo. Una vez que logro calzarlo puedo notar que es hermoso.
Me analizo en el gran espejo que tengo delante de mi cuerpo y siento que es la primera vez que una prenda me deslumbra tanto.
Decido abrir la puerta del vestidor, ya que oigo unos suaves golpes del otro lado y al abrir está Alexander recostado sobre la pared con su hermana recostada sobre su hombro, la cual salta de éste al verme.
—¡Te queda perfecto! —da pequeños saltos en su lugar y observa a su hermano—. ¿Verdad que luce completamente bella? —él me observa detenidamente y sus ojos acaban admirando los míos por unos largos segundos.
—Ella siempre luce bella —musita lentamente e inconscientemente sonrío.
—Le diré a Lidia que está perfecto —sale corriendo.
—Pues, creo que ahora sí quiero irme —Alexander ríe en un tono bajo.
Me volteo de forma que puedo ver mi cuerpo en el espejo nuevamente y me analizo con detenimiento.
—¿Qué es lo que buscas en ese reflejo? —simplemente niego.
—Nada en concreto —murmuro sin quitar mis ojos del espejo.
La mano del rubio se posa en mi cintura y su rostro aparece sobre mi hombro, mientras que sus ojos se fijan en mi reflejo.
—Luces totalmente hermosa con ese vestido, Lucy —susurra y sus dedos aprietan mi cintura—. Si estás dudando o generando cosas en tu cabeza que son contrarias a lo que mis ojos están apreciando, debes hacer oídos sordos y repetirte que te ves aún más hermosa que siempre —las comisuras de mis labios se elevan y me volteo hacia su rostro.
—Gracias —veo como entreabre un poco sus labios y lentamente se acerca a mi rostro.