"Demente".
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Salgo de la clase en la que estaba y me encamino a la de Lucy.
Al llegar a la puerta todos estaban ingresando, volteo mi rostro y la veo de pie junto a la chica con la que estaba Alan aquella noche.
Ella le dice algo al oído y la rubia pasa primero lanzado una mala mirada hacia mí.
Sus ojos se cruzan con los míos, es inevitable apartar mi mirada de la suya, sus ojos son tan atrapantes y hacen perder a cualquiera.
La puerta del aula estaba cerrada por lo cual ninguno podía vernos.
Ella camina hasta llegar a mi lado, suspira y veo como cierra sus ojos. Me acerco un poco hasta que el aroma de su cabello inunda mis fosas nasales y por instinto cierro mis ojos.
Paso saliva al recordar la noche del viernes junto a ella y suspiro profundamente.
—¿Te quedarás aquí fuera? —cuestiono en un susurro.
Levanta su mirada hacia mí y nuestros ojos vuelven a conectar.
No media palabra, abre la puerta del aula e ingresa, segundos después hago lo mismo.
Dejo mi abrigo en la silla, saco mi laptop, libros y demás artículos de trabajo dejándolos sobre el escritorio. Camino hacia el frente de la clase y todos me observan.
—Quiero que vayan a la página 35 del libro y lean las explicaciones de allí —hablo firme—. Luego de eso harán el ejercicio que escribiré en la pizarra —asienten—. A trabajar —ordeno y todos abren sus libros.
Tomo el marcador y comienzo a escribir en la pizarra con total calma.
Puedo oír susurros detrás de mí pero no entiendo que dicen.
—Silencio y a trabajar —suelto con firmeza y continúo escribiendo.
Veinte minutos después estoy sentado frente a mí escritorio. Saco los exámenes sorpresa que hicieron el otro día y comienzo a corregirlos.
|| ... ||
Masajeo el tronco de mi nariz soltando un suspiro pesado, en ese momento siento una mirada sobre mí y al mover mis ojos veo que Lucy me está observando pero en cuando mis ojos caen sobre ella baja su mirada.
Cruza sus piernas con lentitud pero aparto la vista enseguida y la vuelvo a los exámenes, precisamente tengo el suyo frente a mí.
La mayoría, por no decir todas, sus respuestas estaban bien pero hubo un par que estaban incompletas. De calificación le coloco un ocho y en ese momento un cuaderno se hace presente frente a mis ojos y al levantar mi rostro está Lucy.
—¿Todo acabado? —enarco una de mis cejas.
—Sí, profesor —remarca la última palabra.
Comienzo a leer cada parte de su trabajo y observo sorprendido lo que estoy leyendo, está muy bien. Coloco la nota debida y se lo vuelvo a entregar.
—Muy bien, señorita López —clavo mis ojos en los suyos—. Puede volver a su lugar —ella toma su cuaderno y vuelve a sentarse.
Noto como saca un libro de la mochila y comienza a leerlo con tranquilidad.
De forma disimulada posaba mi mirada en ella; su ceño luce tan relajado mientras lee, pasa las hojas con total delicadeza, es como si nada más existiese y fuesen ella con el libro.
Me sobresalto en el momento que lanzan un cuaderno frente a mí y veo a la alumna Morrison, quién está por abalanzarse sobre el escritorio.
La observo esperando a que diga algo pero lo único que hace es pestañear como loca, estoy a punto de creer que tiene un tic nervioso.
—¿Qué se le ofrece, señorita Morrison? —suspiro.
—Es que no entendí el trabajo, profesor —pasa sus dedos con lentitud sobre el escritorio—. ¿Podría explicarme? —baja su camisa dejando ver sus pechos pero aparto la mirada.
—Erika, por favor —se queja un alumno.
—Estás por hundir el rostro del profesor en tus pechos de silicona —habla la chica que se metió con Alan.
—No entiendo y su trabajo es explicarme —comienza a enredar su cabello en su dedo índice—. Va a explicarme, ¿verdad, profesor? —agita sus pestañas.
—No —hago una mueca—. Todos sus compañeros están haciendo el ejercicio y, sinceramente, es sencillo de resolver —veo como entreabre sus labios—. Es cuestión de razonar —alzo mis cejas—. Vuelva a su asiento, por favor —señalo su lugar.
Bufa, toma su cuaderno y se vuelve hacia su lugar contorneando sus caderas.
Mis ojos rápidamente van hacia Lucy y esta se encuentra reprimiendo una risa, niega y continúa con su lectura.
Un par de alumnos me entregan sus trabajos para calificar y en ese tiempo la clase llega a su fin.
Comienzo a guardar mis cosas, mientras que veo como ella acomoda un par de cosas y se va junto con sus amigos, demasiado rápido para mi gusto. Estaba por salir en cuanto me percato de que su libro cayó al suelo, así que me acerco para tomarlo y volver a dejarlo sobre su mesa.
—¿Qué hace? —su voz llega a mis oídos.
Volteo hacia ella y me observa de arriba hacia abajo a la vez que se acerca hacia mí.
—Ví que se le cayó y solamente iba a dejarlo en su mesa —extiendo la mano que sostenía el libro hacia ella—. Es muy buen libro —veo como medio sonríe.
—Lo es —asiente—. Muchas gracias —le doy una leve sonrisa.
—Que tenga buen día, señorita —aprieto su hombro y salgo del aula con dirección hacia el estacionamiento.
Al llegar a mi coche sostengo el volante con fuerza entre mis dedos y suspiro profundamente.
|| ... ||
Alan niega a la vez que ríe para luego dar un sorbo a su taza de café.
—¿De verdad vino a verte al buffet? —él asiente riendo.
—Nunca imaginé que un ligue de una noche acabaría frente a mí y, mucho menos, en mi lugar de trabajo —niego rodando mis ojos.
—Debo decirte algo... —murmuro.
—Pues y obviamente sabes que sucedió cuando llegó —suspira con pesadez.
—Alan —me observa.
—Que no sean malas noticias, Lombardi —utiliza su tono amenazante—. Porque me la he estado pasando muy bien —eleva ambas de sus cejas.
—Pues dejarás de hacerlo en cuanto oigas lo que debo decir —me siento correctamente en la silla.
—¿Qué mala noticia debes darme? —me observa con una de sus cejas enarcada y lleva su taza de café a sus labios.
—La chica con la que pasaste la noche es mi alumna —escupe el café y comienza a toser—. Eso creí —hago una mueca.
—¿Acaso oí lo que creo que oí? —luce estupefacto.
—Sí, querido Dr.Rossi —sonrío con ironía—. Nos acostamos con dos adolescentes —comienza a negar.
—Iremos a prisión —menciona apresurado.
—Eso no parecía preocuparte cuando te volviste a revolcar con ella —me observa con desagrado—. Eres la única persona que no pregunta la edad a su ligue —él niega.
—Tú también te acostaste con una menor de edad y tú estás en desventaja —señala—. Yo no estoy casado ni tengo una hija —lo observo serio.
—Sabes que lo mío con Alessia está destruido desde mucho antes de lo sucedido con Lucy —él ríe.
—Soy tu abogado y no recuerdo que ni tú ni Alessia hayan firmado los papeles de divorcio —enarca su ceja se acomoda en su silla.
—Pues sabes que eso no ha pasado por Ali —él asiente—. ¿Qué piensas hacer con Isabella? —niega con su cabeza.
—Nada —hace una mueca—. No hablaremos, no la veré ni nada por el estilo —me río por lo que acaba de decir.
—Eres un hambriento s****l, Alan —le recuerdo—. Te follas todo lo que camina desde que tengo memoria —él sonríe—. ¿Acaso te has enamorado alguna vez? —su ceño se vuelve serio.
—Sí, una vez —susurra—. Pero no salió nada bien —suspira profundamente.
—¿Y quién era? —veo como pasa saliva y clava sus ojos en los míos.
—No es importante... —murmura.
—¿Quién te robó el corazón, idiota? —baja su mirada.
—Tu hermana —arrugo mi entrecejo.
—¿De Alessandra? —niega—. Carina —susurro y asiente.
—Sí, me enamoré de Carina —analiza mi mirada.
Comienzo a recordar en que momento pudo haber sido, pero no logro retener nada de información.
—Te ayudaré con las cuentas —sus codos se posan sobre el escritorio—. Yo tenía diecinueve y ella quince —abro mis ojos—. Fuí su primera vez, Alex —sonríe y meto un puñetazo en su rostro.
—Eres un demente —gruño—. Te metiste con mi hermana pequeña siendo tú mayor y ella una menor —ríe.
—Son solamente cuatro años de diferencia —muerdo mi labio—. No está mal, ambos quisimos hacerlo, Alexander —lo observo serio.
—Claro, ambos quisieron —suelto con enfado—. Es mi hermana menor, Alan —él asiente.
—Que ella sea menor no significa que no pueda decidir con quien puede acostarse —replica—. Además, eso fue hace nueve años, es pasado —mueve su mano restando importancia.
—¿Acaso repetirás la misma historia con mi alumna? —él niega—. ¿Volverás a follartela? —sonríe.
—No pienso ir a prisión por acostarme con una niña once años menor que yo —rueda los ojos—. Le dejaré las cosas en claro y se acabará —asiento abriendo mis ojos—. Tú no te enamoraste de aquella chica, ¿verdad? —lo observo incrédulo.
—¿Eres idiota o qué? —enarco mi ceja—. Es mi alumna, nada más —remarcoclas primeras tres palabras.
—Voy a citar unas palabras que me dijeron en algún momento —me observa fijamente—. Uno se enamora de quien menos lo espera y en el momento que menos lo espera —sonríe de lado.
—No utilices frases de mi hermana aquí —suspiro—. Además, hablé con Lucy y todo quedó en el pasado —alza su ceja.
—¿Seguro, Lombardi? —murmura.
—Pues claro —respondo sin más.
|| ... ||
Observo como la pequeña de cabellos rubios hace su tarea con completa paz.
Devuelvo mi mirada hacia la pantalla de mi ordenador, decido ingresar a mi perfil de f*******:, ya que hace mucho no lo hacía y veo que en sugerencias sale ella.
Analizo cada fotografía en su perfil, se ven tan sencillas pero perfectas a la vez y por error le doy "me gusta" a una de ella.
*Cojones*
—Papá —la pequeña llama mi atención y le observo.
—¿Qué sucede, princesa? —me entrega su cuaderno.
—¿Eso está bien, papá? —leo la letra del ejercicio y luego su forma de resolverlo.
—Estupendo, cariño —ella sonríe feliz y me quita el cuaderno de sus manos—. ¿Tienes más tareas? —niega—. Pues entonces ve a cambiarte, tu madre está a punto de llegar —asiente y se va con sus cosas.
Vuelvo mi vista a la pantalla del portátil y suspiro al volver a observar su fotografía pero cierro el portátil.
La puerta de la casa se abre y veo como mi esposa ingresa con una enorme sonrisa en sus labios. Se acerca a mí y deposita un beso sobre mis labios para luego sentarse sobre mis piernas.
—Alessia... —bufo y ella me silencia besándome nuevamente.
—Hoy fue un día estupendo y quiero que lo celebremos como en los viejos tiempos —su mano acaricia mi entrepierna sobre la tela de mi pantalón.
—No estoy de humor —la quito de encima y me levanto de la silla—. Ali está en su habitación —tomo mis cosas y me encamino hacia la habitación.
Dejo mis cosas sobre el mueble de la habitación y me lanzo de espaldas sobre la cama.
Aún puedo aspirar el aroma de Lucy en la habitación, la suavidad de su piel y el dulce sabor de sus labios. Paso mis manos por mi rostro agobiado.
*Es tu alumna*
*Eres su profesor*
*Es once años menor que tú*
*Irás a prisión*
Pensamientos de ese estilo no abandonan mi mente y veo el rostro de Alessia frente a mí.
—Ali se durmió —ronronea—. Es nuestro momento —cuela su mano por debajo de mi camisa y vuelve a besarme.
Llevo mi mano hacia su nuca de forma que profundizo un poco el beso pero luego la alejo de mis labios y me gano una mirada de desaprobación por parte suya.
—No estoy de humor, Alessia —suspiro—. Ya lo había dicho —ella se levanta de encima de mi cuerpo.
—¿Es que acaso ya no me deseas? —ruedo los ojos y tomo asiento en la cama.
—Es que estás drogada —menciono con lentitud y ella entreabre sus labios—. No te gastes en negarlo porque mejor que nadie sé que lo estás —me levanto de la cama.
—Pero simplemente quiero estar contigo, Alex —coloca sus brazos alrededor de mi cuello pero la alejo.
—Voy a la habitación de huéspedes —es lo último que digo antes de salir de la habitación.
|| ... ||
Repaso a cada estudiante del aula y me percato de que Lucy no se encuentra en su lugar pero le resto importancia.
Continúo con mis cosas de forma calmada, hasta que la puerta se abre y llevo mis ojos hacia allí, es ella.
—Lo siento... —es lo único que dice y luego va hacia su asiento.
Puedo notar como una de sus amigas y ella hablan en tono bajo; de forma disimulada la observo y la noto algo intranquila.
La clase transcurre con normalidad, mi clase era la última de este grupo y luego volvían a sus casas. Estaban alegres en el momento que la campana llega a sus oídos, tanto que salieron disparados.
Veinte minutos después me encontraba nuevamente en mi coche y la lluvia había comenzado a caer con fuerza sobre el cristal
En cuanto me detengo en un semáforo en rojo veo a Lucy corriendo de la lluvia y detenerse en una parada de autobuses. Acerco el coche hasta allí, bajo la ventanilla y acerco mi rostro.
—Sube, puedo llevarte a tu casa —ella me observa.
—No pienso subir a su coche —bufa y continua caminando.
Suspiro y la sigo con el coche, hasta que decide adentrarse en un calle no concurrida en donde mi coche ya no cabía, así que decido bajar e ir tras de ella.
—Detente, per favore —atrapo su muñeca y la volteo hacia mí.
—Ya me detuvo —refunfuña—. ¿Ahora que quiere? —sus ojos se clavan en los míos.
—Besarte —respondo sin pensarlo pero niego rápidamente—. Te llevaré a tu casa —me observa seria.
—¿Dijo que se arrepentía de lo de aquella noche y ahora dice que quiere besarme? —enarca su ceja.
—Nunca dije eso —murmuro.
—Usted si lo hizo —acerca su rostro al mío y mis ojos bajan a sus labios.
No soy consciente de en que momento mis labios se encuentran sobre los suyos. Mis manos van a su cintura y las suyas a mi cuello uniendo aún más nuestros labios.
Mi lengua acaricia la suya con sutileza y ella jadea en mi boca en el momento que muerdo suavemente su labio.
—Esto está muy mal —susurro.
—Demasiado —ella suspira.
—Te llevaré a casa —asiente con lentitud.
La llevo hacia mi coche y luego comienzo a conducir sin rumbo alguno.
Me detengo frente a un hermoso río.
—¿No me llevarías a mi casa? —asiento lentamente—. Lamento informarte, no soy sirena para vivir aquí —la observo.
—Bella —susurro—, necesitamos hablar —ella entrecierra sus ojos.
—¿Sobre que?
—Lo sucedido entre nosotros —rueda sus ojos.
—Ya lo hicimos —suspira—. Te arrepientes, puedes ir a prisión y a mí me expulsarían —habla con simpleza—. Creo que no hay nada más que mencionar —hace una mueca.
Asiento a la vez que suelto un suspiro y vuelvo a colocar el coche en marcha.
—¿Dónde vives? —menciono sin quitar la vista de la carretera.
Recibo las indicaciones necesarias y las sigo al pie de la letra.