"Te mentí".
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Suspiro sacando mis libros de la taquilla y colocándolos dentro de mi mochila para finalmente cerrar de un golpe esta.
—¿Tan mal la pasaste el fin de semana? —George aparece a mi lado.
—No es eso —murmuro—. Estoy agobiada porque hemos tenido una clase de Biología y la profesora no ha vuelto —hago una mueca.
—Te preocupas mucho, pastelito —alzo mis cejas al oír como me ha llamado.
—¿Cómo me has dicho? —ladeo mi rostro.
—Pastelito —repite con una sonrisa—. Vayamos con las chicas, están en el aula —coloca su brazo sobre mis hombros y nos guía hacia nuestra respectiva clase.
Veo que Amy está muy encima de Adam e Isa observa sus uñas.
—¿Y qué sucedió en la fiesta cuando me fui? —hago referencia a Adam junto con Amy.
—Lo mismo que tú hiciste con quién sea que te marchaste —abro mis ojos sorprendida.
—Eso si no me lo esperaba —ambos reímos y nos sentamos.
Isabella aparece junto a mí y me entrega un papel con un número apuntado.
—¿Y esto? —arrugo mi entrecejo.
—Es el número del rubio amigo de Alan —la observo con confusión—. Alan es el amigo del rubio con el que estuviste —observo el número.
—¿Y por qué me entregas su número? —enarco mi ceja.
—Porque creo que lo encantaste —me guiña.
—No creo que volver a verle, es claro que me saca mucha más edad —ella ríe.
—Alan igual a mí pero ninguno sabe que somos menores —mueve sus cejas de arriba hacia abajo.
—Pero eso está mal, Isa —señalo y saco mi libro para comenzar a leer nuevamente.
—Una vez al año no hace daño —niego—. Aunque si es más de una vez al año, no me importaría que me haga daño —sonríe coqueta.
Estaba por volver a leer en el momento que la directora ingresa en nuestra clase con semblante completamente serio, en cuanto el resto nota su presencia el silencio reina en el aula.
—Buenos días, estudiantes —da un rápido vistazo—. Como bien saben su profesora titular de Biología no ha vuelto a dar clases —todos asentimos—. Eso se debe a que está enferma y lo que queda del año no volverá a dar clases —frunzo el ceño y observo a mis amigas.
—¿Es que consiguió al fin un novio con dinero y se marchó? —cuestiona Erika, la chica más popular del instituto.
Todos ríen ante su comentario excepto Isa, Amy y yo.
—Es odiosa —bufa Amy y hago un gesto aceptación.
—Silencio, por favor —se queja la directora—. Son temas personales de la profesora Leviton pero nosotros estuvimos buscando un nuevo profesor para ustedes —ruedo los ojos—. Tengo el placer de presentarles al profesor Lombardi —abre la puerta y siento como si un balde de agua helada me cayese encima en cuanto le veo entrar.
Me sumo en mi libro escondiendo mi rostro lo mejor que puedo.
—Todos suyos, profesor —menciona la directora—. Que tenga un buen día.
—Muchas gracias, directora —habla él y se oye cómo la puerta se cierra.
Sin bajar el libro de mi rostro observo a Isabella y está boquiabierta, sin mencionar que también se está ocultando detrás de su libro de Biología, el cual tiene al revés.
—Bien —él murmura—. Mi nombre es Alexander Lombardi y seré su nuevo profesor por el resto del año —me maldigo una y mil veces—. También tomaré el lugar de la profesora Leviton como el tutor del curso, si tienen alguna duda o necesitan algo, pueden acudir a mí —menciona en tono agradable.
Veo que se acerca hacia el libro de Isa y lo quita del rostro de esta.
—Que interesante, no sabía que se podía leer del revés —todos comienzan a reír.
Creo que no se ha dado cuenta de que ella es la chica con la que su amigo se encontraba y no lo culpo, en esa discoteca era casi nula la visibilidad, pero sé que en cuanto me vea me reconocerá.
—Lo siento, profesor —murmura Isa a la vez que se hunde en su asiento.
Estoy por atravesar mi libro en cuanto oigo un carraspeo sobre mi cabeza.
—Baje el libro, señorita —paso saliva—. Si no baja el libro pasará una hora extra luego de que finalicen las clases —su tono se vuelve autoritario.
Volteo hacia Isa y la veo negar disimuladamente.
—Muy bien —mis dedos aprietan el libro—. Tendrá dos horas extras al finalizar las clases —bajo el libro y sus palabras se cortan.
—De igual forma deberé quedarme dos horas, ¿verdad? —sostengo su mirada.
—Así es —se limita a responder y vuelve a su escritorio—. Guarden sus libros y dejen lo necesario para realizar el examen sorpresa —comienza a repartirlos y todos se quejan—. Este examen no afectará sus calificaciones. Es solamente para poder saber que tanto conocimiento manejan —llega a mi mesa y sus dedos rozan mi mano—. Pueden comenzar —vuelve a su lugar.
|| ... ||
Leo cada consigna atentamente, una y otra vez, pero hay algo que no me deja concentrarme, tanto que no he hecho nada en los veinticinco minutos que han pasado.
*Esto tiene que ser una broma de mal gusto*
En el momento que logro realizar dos ejercicios completos, la campana anunciando el fin de nuestras clases se hace presente. Sí, está era nuestra última clase y ahora debería quedarme dos horas.
Golpeo mi bolígrafo sobre la mesa.
Veo como Isa me observa preocupada pero le dedico una mirada para que no se altere y se vaya con los demás.
—Su examen, señorita —sé que está de pie frente a mí.
—No lo termine —le observo y muerdo mi labio—. ¿Puedo acabar con él en estas dos horas, profesor? —veo como cierra sus ojos y pasa saliva.
—Tienes media hora —coloca una silla frente a mí para luego sentarse.
—¿Se quedará ahí sentado? —titubeo.
—Por supuesto —cruza sus brazos sobre su pecho.
Me concentro en los tres ejercicios que me quedaban por realizar y en veinte minutos acabo con todos.
Voy a decir que no fue fácil; no dejó de verme ni por un segundo. Cruzaba mis piernas de un lado hacia el otro y lo atrapé un par de veces analizando mis piernas con detenimiento.
—Aquí está —le entrego mi examen y él lo deja sobre el escritorio.
—¿Tiene algo que decir, señorita? —clava sus ojos sobre los míos.
—Te mentí —alza sus cejas con ironía—. Tengo diecisiete años —me lanza una mirada poco amigable.
—Lo sé, estuve leyendo tu informe estudiantil durante la anterior hora —suspira—. ¿Por qué mentiste? —bufo.
—Porque en el momento que dijese —me siento correctamente—, "soy Lucy, tengo diecisiete años y soy estudiante de secundaria", volverías por el mismo lugar por el que viniste —suelto firme.
—Exactamente —señala—. Lo que hice es un delito, puedo ir a prisión por eso —susurra golpeando la mesa con su dedo índice.
Observo el aula y ya no hay nadie, la puerta está cerrada y por los pasillos no se ve nadie.
—Si no querías acostarte conmigo, no lo hubieses hecho y listo —respondo calmada.
—No me detuve porque quise hacerlo —susurra y yo paso saliva—. Pero me arrepiento totalmente —asiento.
—Que coincidencia —respondo tajante.
—Espero que lo que sucedió entre nosotros aquella noche no llegue a boca de nadie —río con sorna—. ¿Qué es lo gracioso?
—Que me cree una idiota —escupo.
—La chica con la que Alan estuvo también... —lo interrumpo.
—También es menor y es la que tenía el libro del revés —asiente lentamente—. Ten, no quiero tener nada de ti —le entrego el número que antes me había dado Isa.
—Será lo mejor —asiento sin pensarlo—. Puedes retirarte —guardo mis cosas en la mochila y salgo lo más rápido que puedo de allí.
Me detengo en el momento que siento que mis piernas no aguantan un solo paso más y me encuentro en un parque.
Camino hacia una banca y luego tomo asiento allí para soltar el aire que llevaba conteniendo.
—Necesitaría devolver el tiempo atrás —suspiro.
Cierro mis ojos e inspiro profundamente.
—¿Qué haces aquí, Lulú? —oigo la voz de mi hermano y al abrir los ojos lo tengo frente a mí.
—Quería un momento para mi sola —hago una mueca y él toma asiento a mi lado.
—Has estado un poco extraña últimamente, pequeña —suspira y le observo—. ¿Está sucediendo nuevamente? —sonrío y niego.
—Te seré sincera —suelto el aire—, me he provocado el vómito una vez desde que comencé las clases pero no lo he vuelto a hacer desde entonces —asiente lentamente—. Pero no es eso —me encojo de hombros.
—¿Qué es entonces, Lulú? —sonrío y Alexander viene a mi cabeza.
—Hice algo que no es correcto —suspiro—. Lo peor de eso es que debería de arrepentirme pero no lo hago y, en el fondo, me gustaría que sucediese otra vez —le oigo reír por lo bajo.
—¿Es que conociste a alguien? —asiento poco segura—. Si es eso, no deberías tener miedo ni arrepentimiento, es lindo tener a alguien —me contengo para no reír.
*Hermano, es mi profesor*
Me digo a mi misma mientras le escucho hablar.
—Es algo complicado, Theo —suspiro.
—¿Quieres un helado? —cuestiona dirigiendo su mirada hacia una heladería.
—De acuerdo —él se levanta de su lugar y va hacia allí.
Theo siempre solucionaba todo con un helado o con chocolate caliente, ya que cuando era más pequeña mamá siempre nos contentaba con cosas como esas.
Mi teléfono comienza a sonar, veo que es Isabella y descuelgo la llamada para luego llevar mi teléfono hacia mi oreja.
—¿Estás bien, Lu? —es lo primero que dice del otro lado.
—¿La pregunta viene por Alexander? —la oigo suspirar.
—Pues sí —murmura—. ¿Hablaron luego de que todos se fueron del aula? —muerdo mi labio.
—Algo así —susurra.
—¿Y fue malo? —veo a mi hermano salir con dos helados en sus manos.
—Ahora estoy con mi hermano. Luego hablamos, Isa —menciono con rapidez.
—Hasta más tarde, Lu —cuelga la llamada y guardo mi teléfono.
—Un delicioso helado para la mejor hermana de todas —sonríe y niego con una sonrisa sobre mis labios.
—Soy tu única hermana, idiota —tomo el helado entre mis dedos y llevo un poco de helado de vainilla a mi boca con la cucharilla que tenía.
—Quería que te sintieses mejor, Lulú —besa mi frente.
—Gracias, Theo —susurro y veo como Alexander pasa frente a nosotros en su coche—. ¿Vamos a la casa? —observo a Theo.
—De acuerdo —se levanta y coloca mi mochila sobre su hombro—. Acaba tu helado, pequeña —señala.
|| ... ||
Termino el análisis sobre el libro que nos envío el de literatura. Cierro los libros y cuadernos para luego teclear en mi ordenador.
Se ve una llamada entrante de Isa por Skype y no dudó en atender.
—Ahora si podemos hablar —menciona con una sonrisa.
—¿Sobre Alex? —asiente—. Dijo que se arrepintió de lo sucedido —ella rueda sus ojos.
—Estoy segura que lo dijo para que te alejases de él —explica—. Ambos saben que no sería correcto que mantengan algo, sabes lo que sucedería —asiento.
—No quiero estar con él —ella enarca una de sus cejas—. Solamente fue ese día y ya no más. Además de que sería mal visto —asiente—. ¿Y tú con Alan? —hace una mueca.
—No mucho mejor que a ti —bufa—. ¿Sabes que es abogado? —ríe—. Podría ir a prisión por haberse metido conmigo y es abogado, no uno cualquiera, es Alan Rossi —abro mis ojos sorprendida.
—¿De verdad? —asiente mordiendo su labio.
—Quiero volver a verle —niego con una sonrisa en mis labios—. Fue una noche gloriosa, Lu —la observo con atención—. Creo que iré a verle a su buffet —estoy incrédula.
—¿Estás loca, Isabella? —río.
—Mucho —sonríe—. Pero el abogado no se resistirá mis encantos —hace gestos coquetos—. Debo irme, cuídate, Lu —murmura.
—Tú igual, Isa —finalizo la llamada y cierro Skype.
Ingreso a mi f*******: para perder un poco mi tiempo. Me detengo al ver el nombre "Alexander Lombardi" en mis sugerencias de amistad.
Tardo unos segundos analizando si sería buena idea entrar en su perfil pero finalmente lo hago.
Hay muchas cosas relacionadas con biología en su perfil, así que decido ir al apartado de sus fotos. La mayoría de las fotografías son formales, acompañado con el hombre que estuvo Isa, con otro muy parecido a él, con o de una niña.
—¿Será su hija? —murmuro—. Se ve joven para ser padre, podría ser su sobrina —continúo bajando.
Llego hasta fotos de hace cinco años y veo que hay fotografías de él sin camisa, frente al espejo y de espaldas.
Sus pectorales estaban definidos, sus abdominales perfectamente esculpidos al igual que sus brazos pero lo que más llamaba la atención era la espectacular V en sus caderas.
El recuerdo de Alexander sin camisa viene a mi mente; está perfectamente pero ya no está como en estas fotografías, de igual forma, enloquecería a cualquiera.
La puerta de mi habitación se abre e inmediatamente cierro mi laptop.
—Hola, cariño —mi madre se hace presente en mi habitación con una bandeja en sus manos.
—Hola, mamá —sonrío.
Deja la bandeja sobre mi cama con un sándwich y jugo de naranja.
—Imaginé que estarías ocupada estudiando y decidí traerte la merienda —acaricia mi cabello—. ¿Cómo estás, cariño? —susurra.
—Muy bien, madre —la observo—. Gracias por la merienda —ella sonríe.
—Come, hija —asiento y ella sale de mi habitación.
Doy un mordisco al sandwich y vuelvo a abrir mi laptop, en ese instante vuelve a aparecer la foto de Alex semidesnudo.
—Esto es una locura —susurro.