"La fiesta". II
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Bebo de mi copa de vino y observo a mi alrededor algo agobiada. George se fue a hacer no sé que coño y nos quedamos aquí con Amy.
—Isabella está loca —ríe Amy observando a la rubia.
Volteo y está devorándose al chico que vió en cuanto llegamos pero se quita porque llega un hombre rubio junto con el otro.
—Creo que está en problemas —murmuro volteando nuevamente hacia mi copa y volviendo a beber.
Observo a Amy quien deja su copa sobre la barra y se levanta.
—Voy a ver que es lo que hace George —se levanta y no me da tiempo de reaccionar, ya que se fue corriendo.
—Genial, ahora estoy sola —suspiro.
—Pues ahora me haces sentir mal —oigo una voz masculina a mi lado y me sobresalto—. Lo siento —sonríe de lado.
Le observo y es un rubio alto, tiene los ojos claros pero no logro descifrar exactamente que color, tiene algo de barba, va vestido de camisa blanca y unos vaqueros negros ajustados.
—Discúlpame a mí, no sabía que estabas aquí —observo sobre su hombro y veo como Isa me lanza un beso.
—Eres Lucy, ¿verdad? —asiento y él sonríe—. Encantado, soy Alexander —dudo en que hacer pero finalmente beso sus mejillas y él lo hace de vuelta.
—Y me imagino que Isabella te ha enviado —le observo y ambos reímos—. Puedes tomar asiento, está libre —indico el taburete a mi lado.
—Pues, más o menos —suspira—. Básicamente, no quería ver como mi amigo se folla a su conquista, venía para aquí y me dijo que preguntase por ti —río y niego con mi cabeza.
—¿Quieres algo de beber? —le ofrezco.
—No, gracias —baja sus cejas—. No bebo —sonrío burlona—. ¿Dije un chiste, bella? —me sorprendo la oirlo llamarme con un apodo en italiano.
—Vienes a una discoteca y no bebes —alzo mis cejas—. Eso es raro —hago una mueca con mis labios.
—No hay que beber para saber divertirse —susurra sobre mi oído—. ¿Quieres bailar? —observa fijamente mis ojos.
—Porque no —me encojo de hombros.
Iba a terminar de beber el vino que quedaba pero él me quita la copa y la deja allí.
—Te demostraré que no es necesario beber para poder pasarlo bien, bella —se levanta del taburete y me extiende su mano.
—Si no lo hago volveré a beber —asiente.
—Como tú gustes —me levanto de mi lugar y tomo su mano para ser llevada a la pista de baile.
Me coloca frente a él y yo comienzo a moverme al ritmo de la música mientras que él hace lo mismo.
Sus manos se posan sobre mi cintura sin dejar que nuestros cuerpos se detengan. Siento como su nariz roza mi oreja y poco después su aliento fresco mezclado con menta llega a mis fosas nasales.
—Sei bellissima —susurra y guardo esas palabras en mi mente.
Estoy de espaldas a él así que elevo mi mano hasta llegar a su rostro y le acarició suavemente con mis dedos.
Alexander besa mis dedos con sus cálidos labios, luego sus labios van hacia mi cuello para también besarlo y cierro mis ojos disfrutando de ese momento.
De un momento a otro comienzan a sonar lentos, así que me volteo quedando frente a frente, coloco mis brazos alrededor de su cuello y él afirma sus manos más a mi cintura para luego pegarme más a su cuerpo.
Elevo mi cabeza y me encuentro con su clara mirada que se clava en mis ojos. Luce tan calmado y guapo.
—Esto es raro —susurra y reímos por lo bajo.
—Un poco sí —hago una mueca.
Nos movemos lentamente, nuestros cuerpos están juntos, nuestras miradas se sostienen y siento como unas de sus manos suben por mi espalda.
Noto como su mirada baja hacia mis labios.
—¿No eres ni un secuestrador ni asesino ni nada por el estilo? —cuestiono en un tono bajo cerca de sus labios.
—Te prometo por lo más sagrado que no lo soy —susurra.
—¿Puedes sacarme de aquí? —casi que suplico.
—¿Hacia dónde, bella? —veo como pasa saliva.
—Lejos de aquí —voy a por mi bolso y vuelvo con él.
—¿Estás segura? —asiento—. Vamos —me toma por la mano y salimos de la discoteca hacia el estacionamiento.
Nos detenemos junto a un coche n***o, me abre la puerta del copiloto y yo me introduzco dentro de este. Segundos después rodea el coche y se sube para ponerlo en marcha.
Siento como mis piernas tiemblan.
*¿Qué estás haciendo, Lucy?*
Me pregunto una y otra vez mientras fijo mi vista en la carretera hasta que el coche se detiene de golpe.
—Lucy —volteo hacia él—, no quiero hacer algo de lo que te arrepientas —asiento.
—No lo haré —murmuro—. Necesito alejarme de todo eso, Alex —observo directamente a sus ojos.
|| ... ||
Alex abre la puerta de una casa preciosa e ingreso con paso lento a la vez que analizo todo pero en cuanto me volteo choco con el pecho de Alexander.
—¿Eres mayor de edad? —me analiza.
—Tengo veinte —miento—. Estoy cursando mi tercer año de universidad —asiente lentamente.
—¿Sabes? —da un paso hacia mí y sus dedos rozan mi barbilla—. Ahora mismo estoy conteniendo las ganas por besarte —susurra y sonrío.
—Non trattenerti e fallo —puedo ver como sus labios forman una pequeña curva hacia arriba.
Mi mano va hacia su nuca y uno sus labios a los míos en un suave beso; mis manos van hacia su cabello removiendo este y luego comienzo a desabotonar su camisa.
Él termina de quitársela y esta cae al suelo.
Se separa de mis labios abruptamente mientras me observa nervioso, a la vez que se sostiene el cabello y camina por ahí.
—¿Qué te sucede? —lo sostengo por las mejillas haciendo que me vea a los ojos.
—No podemos follar, no nos conocemos, bella —hago una mueca.
Quito mi camiseta y luego bajo mi falda de forma que quedo frente a él en ropa interior de encaje n***o.
—Creo que no puedes echarme así a la calle —veo como cierra sus ojos pero luego me alza en el aire y coloco mis piernas a ambos lados de su cintura para finalmente volver a besarle.
Siento el colchón suave abrazarse a mi espalda y Alex abandonar mis labios a la vez que comienza a besar mi cuello junto con cada centímetro de mi piel.
Besa mis pechos sobre el sujetador, su mano se cuela debajo de mi espalda y se deshace del sujetador.
Agradezco que las luces estén apagadas, ya que con esta oscuridad no se ven mis cicatrices. Siento como su boca se acerca hacia el elástico de mis bragas pero no hace nada así que bajo mi mirada y sus ojos están sobre mí.
—Tu me lo permetti? —susurra.
—Házlo —respondo con un hilo de voz y con sus dedos baja mi ropa interior.
Me coloco sobre mis rodillas, llevo mis manos hacia su cinturón quitando este de su pantalón para luego desabotonar y bajar el cierre de sus pantalones.
Luego de bajar sus pantalones él los deja en el suelo y baja su ropa interior.
Hace que vuelva a recostarme en la cama. Sus dedos van hacia mi mentón e introduce dos de sus dedos en mi boca mientras me sostiene la mirada, veo como entreabre sus labios y libera un pequeño jadeo en cuanto mi lengua acaricia sus dedos.
Sus dedos se introducen aún más en mi garganta, tanto que siento algo de náuseas pero quita sus dedos y vuelve a atrapar mis labios en un beso salvaje.
Su erección está contra mi abdomen en el momento que se pega aún más a mí.
Poco después se levanta de encima para acercarse a la mesa de noche y vuelve con un envoltorio plateado entre sus manos, el cual desgarra con sus dedos para finalmente colocarse el preservativo en su m*****o erecto.
De un momento a otro siento su lengua acariciar mi clítoris y cierro mis ojos por el placer que comienza a crecer dentro de mí. Su lengua recorriendo cada rincón de mi sexo y luego uno de sus dedos se introduce en mí.
Comienza a mover su dedo dentro de mí de forma suave para, segundos después, hacerlo aún más rápido e introducir su segundo dedo el cual se une al ritmo del primero.
Poco después siento como un cosquilleo se apodera de mi estómago y unos segundos después sé que acabo de estallar.
Veo como se posiciona entre mis piernas con su falo apuntando hacia mi sexo.
—¿Eres virgen? —oigo su voz ronca de la nada.
—¿Qué? —murmuro aún en la nube que me dejó mi anterior orgasmo.
—Si eres virgen —niego—. De igual forma, si sucede algo que no te guste o te lastimo, me lo dices y me detendré, ¿sí? —asiento lentamente.
Se introduce en mí con lentitud hasta que llega a mi tope y gimo al darme cuenta.
Cierro los ojos en cuento Alexander comienza a moverse pero él me toma por la barbilla guiando mi cabeza hacia algún punto y su pulgar acaricia mi labio inferior.
—No cierres los ojos —murmura—. Mírame, bella —abro los ojos y ahí está él, sin quitar sus claros ojos de los míos.
Se mueve con un poco más de velocidad pero en ningún momento quita sus ojos de mí.
Noto como muerde su labio con fuerza en cuanto se clava aún más en mí. No me está lastimando, no me embiste con violencia, nada de eso si no que todo lo contrario y me gusta, demasiado.
Elevo mis caderas hacia él y siento a la perfección cada penetración que me propicia. Mis dedos se clavan en su espalda y los suyos de hincan sobre mis caderas para poder moverse aún mejor.
Muerdo mi labio conteniendo mis gemidos, no sé porque lo hago pero Alexander lleva su dedo hacia mi labio inferior liberando este de mis dientes.
—Vas a lastimarte —jadea y cierra sus ojos con fuerza.
Vuelve a besar mis labios y en cuanto su lengua se introduce en mi boca para luego acariciar la mía, siento como vuelvo a alcanzar mi punto sin retorno.
Siento como el líquido caliente de Alex llena por completo el látex del preservativo y él se aparta para desecharlo.
Me acuesto sobre mi lateral, de forma que no veo lo que el rubio está haciendo.
La cama se hunde un poco, encima de mi cuerpo desnudo aparece una cobija blanca y un fuerte brazo envuelve mi cintura.
Volvió a ponerse su ropa interior, lo noto porque se pego a mí cuerpo hace unos segundos y siento la tela de su bóxer.
—¿Te encuentras bien, bella? —me limito a responder y solamente asiento.
Me volteo hacia él, de forma que quedamos frente a frente. Mi mano acaricia su mejilla con suavidad y mis ojos analizan los suyos.
—Estoy bien —susurro.
—Duerme, ya es tarde, bella —planta un beso sobre mis labios.
Su mano acomoda mi cabeza en el hueco de su cuello y siento sus dedos acariciar mi cintura con suavidad.
|| ... ||
Abro mis ojos y veo el cuerpo dormido del hombre de la noche anterior, no puedo mentir, fue un error haberme acostado con un desconocido pero no me arrepiento porque lo he pasado mejor que nunca.
Me levanto cuidadosamente, procurando no hacer ni el mínimo ruido para que siga durmiendo.
Levanto mi ropa interior del suelo y la vuelvo a poner en mi cuerpo, tomo mis botas entre mis manos y salgo de la habitación hacia la sala para buscar la ropa que llevaba ayer.
Me coloco mi falda y luego mi camiseta. Siento mi trasero en el sofá para ponerme las botas con comodidad.
Estaba tan sumergida en mis pensamientos que no oí a Alexander bajar, sé que está aquí porque se sentó a mi lado.
—Buen día, bella —termino de atar mis botas y volteo hacia él.
Azules, tiene los ojos azules y son hipnóticos.
—Hola.. —susurro—. Creo que debería irme —me pongo de pie rápidamente y él me imita.
—Puedo llevarte, solamente si aceptas desayunar conmigo —frunzo el ceño—. No es para retenerte, no me gustaría pensar que fuiste sexo y nada más —sonrío ante lo que oigo.
—Gracias —bajo mi mirada.
—¿Aceptas desayunar conmigo? —elevo mi mirada nuevamente y tiene su cabeza ladeada.
—Pues acepto —él sonríe.
Minutos después estábamos sentados en la cocina bebiendo café y comiendo unos hotcakes que él preparó.
Tiene unas gafas negras puestas mientras que se encuentra leyendo algo que no reconozco y a la vez que sorbe de su café.
Es más apuesto de lo que imaginaba, aún no creo que esté aquí y que haya tenido sexo con él.
*Pero no debería de estar aquí, Dios mío*
—¿Sucede algo? —le oigo cuestionarme y me percato que está clavando sus ojos sobre mí.
—No —niego—. ¿Por qué lo dices? —susurro.
—No has probado nada y estás muy callada —observo el plato y es cierto, mis hotcakes están intactos.
—Estaba pensando —murmuro y asiente.
Llevo un trozo de los hotcakes a mi boca y, realmente, están exquisitos por lo cual continúo comiendo.
—¿Qué es lo que estudias? —lo observo confundida—. Dijiste que estabas en tu tercer año de universidad anoche —asiento.
—Estoy estudiando artes escénicas —me observa sorprendido.
—¿Serás actriz? —sonrío.
—Me gustaría mucho —murmuro.
—Lo harás, estoy seguro —muerdo mi labio inferior—. Vas a lastimarte —menciona para luego acariciar mi labio alejando mis dientes de este.
Ambos terminamos de desayunar y le ayudo a limpiar las cosas que se ensuciaron.
—¿Quieres que te lleve ya? —asiento.
Me guía hasta su coche y en el momento que ambos estamos allí pone el coche en marcha mientras que yo le guío hasta la casa de Isa.
Conduce calmado, con la mirada fija en la carretera y de vez en cuando me pilla analizando su perfil.
—¿Y tú a qué te dedicas? —cuestiono en un tono suave.
—Soy profesor de Biología —detiene el coche una calle antes de llegar a la casa de Isa, tal y como se lo pedí.
—Interesante —me volteo hacia él.
—Me gustaría volver a verte, bella —susurra.
—Pues en cuanto nos encontremos por alguna parte —sonrío de lado.
—Tienes algo aquí —pasa su pulgar por la comisura de mi labio inferior.
En el momento que entreabro mis labios, él los une con los suyos en un suave beso. Su lengua acaricia con sutileza mi labio pidiendo permiso y se lo doy; nuestras lenguas se acarician entre sí pero por falta de aire nos tenemos que separar.
—Hasta pronto, Alexander —susurro y bajo del coche lo más rápido posible.
Mi teléfono no había dejado de vibrar dentro de mi bolso, así que cansada de esas vibraciones lo saco y descuelgo la llamada.
—¿Hola? —respondo nada más posarlo sobre mi oreja.
—¿Así responderás simplemente? —se oye a Amy del otro lado.
—¿Si? —menciono confundida.
—¿Dónde estás? —me detengo frente a la puerta principal de Isabella.
—Fuera de la casa de Isa —cuelga la llamada y enseguida la puerta se abre.
—Hasta que por fin apareces —menciona Amy deprisa.
Entro en la casa de Isa; veo a la antes mencionada con el cabello revuelto y la falda completamente arrugada.
—Hola, Lucy —me observa y veo que tiene todo su maquillaje corrido—. Que noche la de anoche —Amy niega.
—Les prepararé café a ustedes y los chicos —va a la cocina.
—Ya desayuné. Gracias, Amy —veo como Isa frunce el ceño.
—¿Te acostaste con el rubio? —cuestiona Isa—. Si que soy buena Celestina —sonríe con satisfacción.
—Voy a ducharme —subo escaleras arriba.
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Traducciones:
Tu me lo permetti?: ¿Me permites?
Non trattenerti e fallo: No te detengas y hazlo.
Sei bellissima: Eres muy hermosa.
Bella: Hermosa.