Katrina sintió los labios de Florin sobre los suyos y se quedó paralizada, por un momento no supo cómo reaccionar, hasta que sintió la lengua de la chica queriendo entrar en su boca, ella nunca había besado a nadie, y no es que le resultara repulsivo, sino que definitivamente ella preferiría que su primer beso, fuera con alguien más y sobre todo, deseándolo.
—¡Qué te pasa! ¿Estás loca? —La empujó con toda su fuerza para que se alejara, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al piso.
—¡Katrina, espera! —Gritó y se puso en pie de un salto al ver que abría la puerta para escapar —Por favor perdóname, no es lo que estás pensando, solo era una broma, para evitar que fueras a interrumpir a Crina y a tu hermano.
—¿Esperas que te crea?
—Por favor, no me digas que en verdad creíste que yo me podía fijar en ti. ¡Mírate! Si fuera lesbiana, tu serías la última mujer en la que me fijaría.
—No te preocupes, no me tienes que decir nada, pero ahora entiendo todo. Tú estás enamorada de Crina, solo finges ser su amiga porque si ella supiera tus verdaderos sentimientos, te mandaría al infierno y no te volvería a dirigir la palabra.
—¡Por favor, no se lo digas a nadie! —Suplicó con voz temblorosa al ver descubiertos sus verdaderos sentimientos.
—No se lo diré, pero tienes que aprender a disimular mejor, porque se notan tus celos cada vez que Crina habla de mi hermano, es más, ahora mismo debes estar desesperada por saber que hacen y de que hablan, pero te quedaste aquí, para molestarme, porque temes no tener la fuerza para aguantar verla con él.
—¡Cállate! No sabes lo que dices —, agachó la cabeza y estaba a punto de llorar.
Katrina se acercó a ella, pero ya no con coraje, ni rencor por todos sus ataques, sino con pena, de alguna manera la entendía, ella sentía lo mismo al pensar que en ese momento Mihai y Crina, seguramente estaban hablando y haciendo planes para ir juntos al baile, aunque Florin tenía motivos para estar celosa, se trataba de la mujer que amaba, en cambio ella, ella no tenía motivos para celar a su hermano.
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Crina llego a la cafetería y vio a Mihai, de pie junto a la puerta, respiró y se detuvo un segundo para interpretar su papel más sensual.
Mihai sonrió, desde niño, había notado que había algo en él, que provocaba que las mujeres lo asediaran, ni siquiera tenía que esforzarse en atraerlas, eran ellas las que lo miraban primero, las que se acercaban e intentaban atraer su atención.
Hacía algunos años que había tenido su despertar s****l, pero a pesar de que ya estaba próximo a cumplir la mayoría de edad, todavía no había querido mantener relaciones sexuales con ninguna mujer, aunque había tenido un sinfín de oportunidades, él a pesar de ser hombre, quería guardarse para esa mujer, a la que amara con locura.
A diferencia de todos sus compañeros de clase, que morían por tener sexo con cualquier chica que se dejara; él quería enamorarse, pero no le atraían esas mujeres que se derretían por él, sobre todo Crina, había algo en esa chica que le molestaba, quizá porque ella no perdía oportunidad de herir a Katrina cada vez que podía.
—¡Mihai querido! Estoy feliz de que vayamos a ir juntos al baile de graduación — Dijo Crina, apenas estuvo frente a él.
—Espera Crina, tú dijiste que querías hablar. ¿En qué momento te dije que iría la baile contigo?
—Bueno, es lógico que vayamos juntos, somos la pareja perfecta, si vamos juntos, ganaremos el premio del rey y la reina del baile.
—A mí no me interesa ganar ningún premio, de hecho, yo no tengo intenciones de asistir a ese baile.
—¡Pero Mihai! — chilló —Katrina dijo que…
—¿Qué tiene que ver Katrina con esto? ¿Me quieres decir exactamente qué fue lo que sucedió en el baño?
—Eeeh… Bueno, lo que pasa es que Katrina olvidó su móvil y yo le presté el mío para que hiciera esa llamada para que le trajeran su medicamento y ella a cambio, prometió convencerte de que fueras conmigo al baile.
—¿Y si no te hubiera prometido eso, le habrías prestado el móvil?
—Bueno, yo se lo quería prestar, pero Florin dijo que…
—¿Crina te estás escuchando? ¿Si Florin te dice que te lances a un barranco lo harías?
—Mihai, no te enojes, solo son pequeñas bromas, en realidad nunca la lastimaríamos.
—Sus bromas son crueles y estúpidas, es muy infantil que se diviertan lastimando a los demás. Yo no sé qué fue lo que te prometió Katrina, pero de una vez te digo que yo no voy a ir a ese baile contigo.
—Pero Mihai…
Se fue dejándola con la palabra en la boca y furiosa por no haber conseguido lo que quería, en ese momento, ella pensó que la culpable era Katrina, por no haberle dicho nada, así que ya encontraría la manera de saldar cuentas con ella.
Entró en la cafetería buscando a Florin, tenía que contarle lo que había pasado para que le ayudara a vengarse de “la monja” pero no estaba por ningún lado, así que fue a buscarla al salón de clases.
Cuando llegó, la puerta estaba cerrada, se le hizo muy extraño, pero se escuchaban voces, pudo escuchar claramente la voz de Florin.
—¡Por favor Katrina! No le digas nada a Crina, si ella se entera me va a odiar.
—Florin, debes decirle la verdad, si en verdad es tu amiga, ella tiene derecho a saber.
—¿Qué es lo que tengo que saber? —Preguntó Crina abriendo la puerta de golpe.
—¡Crina! ¿No deberías estar en tu cita con Mihai?
—¿Cuál cita? La muy estúpida de Katrina no le dijo nada, él ni siquiera tiene intenciones de llevarme al baile —Florin respiró, aunque sabía que no iría con ella tampoco, al menos no tendría oportunidad de conquistar a Mihai.
—Crina, hablaré con él, trataré de convencerlo, pero no te prometo nada, él no se deja manipular por nadie.
—¡Tú me las vas a pagar estúpida nerd! Por el ridículo que me hiciste pasar frente a él, nunca voy a olvidar lo humillante que fue su rechazo y lo mal que me hizo sentir.
Había terminado el horario del almuerzo y los demás estudiantes comenzaron a volver al salón, Katrina suspiró y volvió a su lugar.
Ella sabía que tenía que ser más fuerte, debía aprender a lidiar con las personas abusivas como Crina y Florin, pero odiaba la violencia en todos sus aspectos, no era capaz de levantar la voz o de discutir, ella prefería tratar de mediar o incluso de ceder, para evitar confrontaciones, pero todo tenía un límite, y su paciencia ya había llegado al suyo.
Cuando terminaron las clases, Katrina salió lo más rápido que pudo, incluso antes que el profesor, no quería quedarse a la merced de las amigas que seguramente iban a volver a molestarla y sonrió cuando vio a su hermano esperándola al final del pasillo.
—¿Estás lista preciosa? Te tengo una sorpresa.
—¿Una sorpresa? ¿Para mí?
—Claro que para ti, bueno, es una sorpresa para ti, pero en realidad, es un regalo para los dos.
—¿¡Un regalo de cumpleaños adelantado!?
—Si te digo lo que es, ya no será sorpresa, así que no preguntes y vámonos ya.
Caballerosamente, tomó los libros de su hermana y ella se colgó de su brazo, bajo la mirada morbosa de todos los estudiantes que los miraban, porque entre ellos había algo, algo que los hacía verse como una pareja de enamorados, más que como hermanos gemelos.
Subieron al auto de Mihai y al llegar a una plaza, él le cubrió los ojos con un pañuelo.
—Estoy nerviosa, todavía faltan dos semanas para nuestro cumpleaños.
—Pero quise adelantarme porque quiero ser el primero en darte un obsequio de cumpleaños, y lo mejor de todo, es que lo disfrutaremos juntos.
—Ya me muero por saber de qué se trata.
—Debes tener paciencia mi niña traviesa.
—Mihai ¿Siempre seré tu princesa?
—¿Por qué lo preguntas hermosa? Sabes que eres y serás siempre lo más importante en mi vida.
—Pero, alguna vez tendrás una pareja, te casarás y harás una familia.
—No pienses en eso, cuando eso pase, mi mujer, tendrá que entender que mi hermanita preciosa, siempre tendrá un lugar muy importante en mi corazón y si no lo entiende, es que no es la indicada.
—Espero que la mujer que elijas, te ame de verdad y sepa valorar lo maravilloso que eres.
—Y yo espero que falten muchos años para que eso suceda, somos muy jóvenes, tenemos toda la vida por delante, yo por lo menos no quiero comprometerme con nadie, al menos no antes de los treinta años.
—Entonces cuando te cases y tengas hijos, en lugar de papá, te llamarán abuelito.
—No exageres, en estos tiempos, la gente ya no se casa tan joven, solo que Lorenzo y Gertrudis, nos han criado como si fuéramos de otra época.
—Es que ellos parecen de otra época, a veces creo que nacieron el siglo diecisiete.
—¿Verdad que sí? Pensé que sólo yo lo había notado. Anda, vamos ya por la sorpresa.
Bajaron del auto y Mihai la tomó del brazo para que no tropezara, y cuando llegaron al lugar indicado, ella se estremeció.
Se trataba de su restaurante favorito, Katrina era vegana, odiaba consumir productos de origen animal y Mihai, por el contrario, era totalmente carnívoro, sobre todo de carnes rojas.
La mesa estaba preciosa, un ramo de las flores favoritas de ella y en cuanto se sentaron les llevaron zumo de frutos rojos, otra cosa que odiaba Mihai eran los zumos, pero en esa ocasión, iba a comer lo mismo que ella, quería complacerla en todos los sentidos.
—¿Y esto? Si fueras mi novio, pensaría que me vas a hacer una propuesta.
—Pues no es una propuesta, pero sí, un regalo especial por tu cumpleaños.
—Nuestro cumpleaños — lo corrigió.
Una joven vestida de elfo, le llevó a Katrina una caja de regalo, envuelta con papel navideño.
—Pero… todavía no es navidad, falta mucho para eso.
—Abre la caja, es parte de la sorpresa.
Katrina abrió la caja emocionada, Mihai la miraba con dulzura, no había nada en el mundo que él disfrutara más que verla sonreír y cuando ella descubrió lo que había en la caja, sus ojos se iluminaron de emoción y a él, se le iluminó el corazón.