Tal vez me trataría como a una cualquiera, pero debía hacer algo, no podía dejarle todo el peso Rodrigo, por lo que decidí salir de mi cuarto, dirigirme a mi casa y presentarme hasta ella, decirle que lo que había pasado no había sido solo culpa de Rodrigo sino también mis, que me perdonara y me dejara conocer mas a su hijo. Ni siquiera sabía cómo se llama la madre de Rodrigo, que vergüenza. Lo peor aún es que, él no le había comentado nada a su madre, realmente la regué.
Ya estando en su casa, respiré profundamente y toqué la puerta tres veces. Mientras habrían me puse a inventar gestos faciales para tan siquiera poder decir “hola”. Nadie en abría y toqué nuevamente la puerta. Cuando intenté por tercera vez, abrieron la puerta, era Rodrigo.
—¿Qué haces aquí? —me dijo alegre
—Vengo a conocer a tu madre, a hablar con ella sobre nosotros, porque de verdad me importas, Rodrigo
—Natalia, por favor, no es el momento —me dijo nervioso
—¿Qué? —reaccioné sin entender
—Hijo, ¿Quién era? —preguntó su madre quien parecía haber salido de la cocina—. Oh, Natalia, que gusto estés aquí, creo no hemos tenido la oportunidad de conocernos, me presento, soy la madre de este muchachito —me dijo y me extendió la mano
—Mucho gusto señora, tal parece que ya conoce mi nombre
—Quitame el señora, mi nombre es Leticia, y pues sí, mi hijo y yo estuvimos hablando de ti
Por la forma en cómo se comportó conmigo, tan amable y alegre, sopuse que, Rodrigo ya le había comentado todo; sin embargo, quería contarle también todo. Lo que estaba sintiendo por su hijo. Pero ahí… ahí fue donde la regué.
—Oh, justo vine porque quiero hablar con usted —le dije
Notaba como Rodrigo estaba nervioso y preocupado, era obvio.
—Te escucho
—De hecho Natalia tiene que ir a hacer una tarea, ¿Verdad? —me dijo tratando de correrme
Pensé que tenía pena contara algo que ya había hablado él con su madre, si tan solo me hubiera escrito, no hubiese actuado como una idiota tirando por poco todo a la basura.
—¿Qué es lo que te pasa, eh Rodrigo? Pareciera que estuvieras corriendo a Natalia de aquí. Dime Natalia, ¿Qué me quieres decir?
—Amo a su hijo… —dije rápidamente sin pensarlo
Rodrigo me miró y se quedó sin palabras, en su interior estaba grandemente feliz.
—Y quiero pedirle perdón por lo que hicimos
—Espera, ¿Perdón? ¿Por qué? —preguntó ella sin entender
En ese momento a Rodrigo, se le borró la sonrisa del rostro.
—Sí, fue mi primera vez y no me arrepiento porque fue con su hijo
—¿De qué me estás hablando eh niña? ¿Me estás diciendo lo que creo me está diciendo? —me dijo ella borrando la dulzura de su persona y haciéndome ver una parte fiera de lla
—Mamá…
—¡No! ¡No Rodrigo! ¿Cómo que…? ¿Cómo que tuviste relaciones con esta muchachita? No, no lo puedo creer, sácala ahora mismo de la casa, sácala
—Pero mamá…
—¡Qué la saques!
—Señora Leticia…
—Tú te callas eh niña, no puedo creer que te hayas revolcado con mi hijo, ¡lo has llevado por el mal camino! ¡Él no era así!
Las palabras de la madre de Rodrigo me hicieron fuertemente, empecé a llorar, tal vez fue por eso que, Rodrigo se armó de valor y me defendió de su madre.
—¡Basta mamá! Lo que pasó no fue por culpa de Natalia, yo también quería, y fíjate que ella no es culpable de nuestra acción, el amor a veces nos lleva a cierto límite y ese fue el de nosotros
—Pues se pasaron muchachito y no volverá a verla, ¿Me escuchaste?
—No soy un niño, no puedes prohibirme estar con ella
—¿Ah sí? Pues ahora mismo iré a dónde a su madre para decirle la clase de fichita que tiene por hija
—No la trates así
—Por favor señora, no le diga nada a mi Madre
—Mamá, ¿En serio harías eso?
—Si es por cuidar el bienestar de mi hijo hago lo que sea. Mírate Rodrigo, estás muy joven, ¿Qué tal y si hubiera quedado embarazada eh? Digo, porque si se cuidaron, ¿Cierto?
Rodrigo y yo nos miramos, ¿Cómo no pude acordarme de eso? No nos cuidamos y en ese momento empecé a rezar para que no estuviese embarazada, ¡Mi vida se está derrumbando!
—No lo pudo creer, es enserio Rodrigo, no lo puedo creer
A la señora Leticia le entró de la nada un fuerte mareo que se tuvo que sentar en el mueble donde hicimos el amor. Cuando intenté ayudarla me pidió que no la tocara.
—Mamá, todo se dio de la nada, estábamos solos y…
—No quiero que me cuentes qué hicieron porque ya lo sé. Mira muchachita, no le diré nada a tu madre con una condición
—¿Qué cosa? —le pregunté limpiando mis lágrimas
—Que te alejes de mi hijo, que no lo vuelvas a ver y que actúen como si nada entre ustedes hubiera pasado algo, ¿Vale?
—Está bien —le dije
—¿Qué estás diciendo? —reaccionó Rodrigo sorprendido—. Natalia, no
—Rodrigo, escucha, tu madre tiene razón, tal vez lo nuestro no se dé nunca, siento que no iniciamos de una manera decente. Tu mamá tiene todo el derecho de pensar mal de mí. Me alejaré de su hijo, pero por favor, no le diga nada a mi madre
—Está bien, ahora sal de mi casa
—Natalia, ¿Lo que pasó entre nosotros no significó nada para ti? ¿Yo no significo nada para ti?
Ya estando a punto de salir de la casa, volteó, lo miré a los ojos y le dije llorando:
—Fuiste mi primera vez, Rodrigo, y créeme que lo que pasó entre nosotros nunca lo olvidaré, significó mucho para mí
—¿Entonces por qué no luchamos por eso?
—No quiero decepcionar a mi madre
—Natalia
—Lo siento mucho, Rodrigo, te amo
—Yo también te amo
Cuando salí, Rodrigo salió tras de mí, y su madre tras de él para detenerlo. Me besó apasionadamente, lo que parecía nuestro último beso. Su madre lo quitó de mí y así marché a mi casa, llorando al igual que él, sintiendo una aguja terminaba con nuestros corazones.
Al entrar a mi casa, subí a mi cuarto, sonó el teléfono, era mamá. Preguntaba para saber si estaba bien, trate de que mi voz saliera lo más normal posible, y no sospechara que moría en llanto. Subí a mi cuarto, me encerré, me tiré a la cama colocando una almohada encima de mis oídos, de mi cabeza. Empecé a llorar más fuerte, hasta que me quedé dormida. Rodrigo estaba igual que yo, solo que despierto, observando desde la ventana de su cuarto mi casa, triste y mal.