Mientras el camión estaba en movimiento, hubo silencio por un par de segundos, luego lo miré y le pregunté cuál era su plan, cuál sería su trato y qué quería hiciera a cambio de callar su pinche boca.
—Escucha, Natalia, sé que no me he portado del todo caballeroso contigo y…
—¿Acaso eres caballeroso?
—¿Me dejaras terminar eh loba?
—Deja de llamarme así
—¿Puedo continuar?
Con mis ojos respondí a su pregunta, y soltó una risa coqueta.
—Mis padres me echarán de casa sino demuestro que puedo ser lo suficientemente maduro y responsable para trabajar en la empresa de mi padre.
—¿Y qué hay con ello? ¿Qué tengo que ver yo allí?
—Para mostrarles que puedo cambiar necesito a alguien
—¿y no podías buscar a una de las tantas chicas con las que has estado?
—Tú eres diferente y eres la elegida, en parte me debes un favor, ¿No?
—¿Por cuánto tiempo debo fingir ser tu musa?
—Por el tiempo que se demuestre lo que es mi cambio
—Vale, vale ya entendí, lo que aún entiendo es, ¿Por qué me dijiste que te estabas enamorando de mí?
—Es parte del plan. Estemos afuera de la universidad o en cualquier otro lugar debemos seguir con la actuación, somos novios desde ahora, Natalia
—Vale —respondí muy seca, me bajé de su camioneta y le dije adiós
—Cuídate novio, te veo mañana en la universidad
—Cuídate loba mía, te veo mañana, te amo
Qué patético, sin percatarme de ese momento, Rodrigo estaba echado sobre el sepelio de su jardín, desde allí nos había visto y escuchado nuestras despedidas. De una apenas se fue Sebastián y entré a mi casa, él entró también, fue hasta su cuarto y en su laptop, buscó mi perfil de f*******: para preguntarme sobre Sebastián.
—Hola mamá —dije al entrar
Al parecer no estaba, por lo que la soledad sería una vez más mi dulce t fiel compañía. Fui entonces a la cocina, de la nevera saqué un pote de yogurt, y luego subí a mi cuarto. Al entrar, tiré mi mochila junto con los libros en una parte de la cama, en donde me tiré también. Escuché la notificación de los mensajes en mi computadora, cuando ví que se trataba de Rodrigo me senté, y miré con gran ternura su inocencia.
—Hoy vi el motivo de nuestro rompimiento, el que te dice loba parece ser millonario
Sus palabras me dieron risa pero también tristeza, estaba decidida responderle, pero no sabía qué decirle.
—Rodrigo, él no es lo que piensas, quien me hace sentir mujer es otro, su nombre inicia con R, usa gafas y es mi vecino
No tardó para nada en contestarme. En su casa estaba realmente feliz.
En el chat de f*******::
—Quisiera repetir nuestro momento —me respondió
—Por aquí no eres tan santo
—La palabra santo déjaselos a los ángeles, porque santos en la tierra no hay, pero sí lo soy realmente, tú sacudes mi mundo.
—Yo también te deseo, Rodrigo
—¿Está tu madre en casa?
—No, estoy sola, sola, solín, solita
—Yo también, solo, solín, solito
—¿Qué haremos entonces?
—No sé, ¿Qué se te viene a la mente?
—Ambos solos, ambos extrañándonos el uno al otro
—Sí
—Pero tu mamá me mata si se entera de que nos volvimos a ver
—Ella no está, ¿Y quién se lo diría?
—¿Entonces…?
—¿Voy o vienes?
—Voy
Apagué mi computadora, y sin quitarme la ropa para colocarme otra y sin ni siquiera haber probado el yogurt, marché entusiasmada a casa de Rodrigo. Al tocar a su puerta, la abrió, me jaló tan rápido pero suave, me colocó sus manos en la cintura, nos besamos tan apasionadamente que la temperatura se hacía aún más grande.
Rodrigo empezó a besar mi cuello, era salvaje. Y aunque era difícil para mí aceptarlo, me encantaba eso de él. Luego me cargó y subimos los escalones besándonos. Su lengua en mi cuello hacia que mi alma flotara. Hasta llegar al cuarto y empezar cómodamente lo que ambos queríamos, lo que nuestros cuerpos deseaban. Para nosotros no había impedimento en hacer el amor. Para nosotros era algo hermoso que solo era para nosotros, como si nada rodeara lo que hacíamos, como si no existiera más nadie más que solo mariposas, mismas que sentíamos en nuestros estómagos al estar uno encima del otro.
Hicimos el amor nuevamente en su casa, esta vez en su cuarto, en su cama. Sentirlo dentro de mi me hacía sentir la mujer más feliz del mundo. Su m*****o me hacía feliz al igual que sus roses en mi cuerpo, sus besos en mi cuello, mis senos, mi estómago, espalda. ¿Realmente ese era Rodrigo? A veces ya no tenía ni palabras para describir lo que esté hombre me hacía sentir, solo sé que, no quería lastimarlo, no quería hacerlo sufrir, no quería fuera un tipo de medicina que curara mis más horribles momentos de dolor y cuando deseara ser tocada por un hombre. Tristemente se acercaba ese acto, ese acto de traición a su confianza en mí. Si tan siquiera supiera…¡Diablos! Si tan siquiera supiera que él era mi enamorado secreto no le hubiera abierto las puertas a Sebastián, a quien tuve que soportar por más de un mes, mientras continuaba teniendo relaciones sexuales con Rodrigo, en algunas ocasiones, por Sebastián.
Luego de nuestro momento de magia, Rodrigo y yo nos encontrábamos tan pegados que nos queríamos separarnos, no obstante, llegó su madre. Me tuve que vestir rápidamente, me salí por la ventana sin despedirme de él, dejando en su cama entre las sábanas, el bikini que tanto le gustaba.
—Rodrigo, ¿Estás dormido? —preguntaba su mamá acabando de llegar de su trabajo
Cuando entró a la habitación de su hijo, lo vio allí, supuestamente durmiendo, le dio las buenas noches y luego salió. Yo pude bajar sin ser descubierta. Me fui hasta mi casa, entrando por la puerta trasera, deseando estar entre us brazos. ¿En qué diablos me convertía Rodrigo?
Al parecer, todo no había sido una despedida desde que su madre y yo hicimos a aquel trato. Desde nuestro segundo momento hicimos el amor en varias partes:, la cocina, el baño, en el mueble, en la cama, en el suelo, en el jardín, en el carro, en nuestras casas.