capitulo 4: Rodrigo

1030 Words
La sonrisa de Rodrigo demostraba que él también había disfrutado tanto como yo. Fue algo mágico para los dos y el momento perduró en nuestra memoria durante días, semanas, meses y años. Tomar la decisión de darle una oportunidad a Rodrigo era delicado para mí, ya que el recuerdo doloroso de Sebastián me afectaba como una espina en el cuello. ¡Maldición! ¿El amor puede ser tan horrible? Para mí, las nubes eran como esponjas que acumulaban agua para luego descargarla sobre nosotros, como lágrimas de su carga dolorosa. Me sentía así, aunque esto pueda sonar incoherente o sin sentido. Sé que Rodrigo es un buen chico, simplemente quería que fuera realmente diferente. Después de disfrutar el momento divino, Rodrigo y yo nos levantamos completamente desnudos y nos cubrimos con sábanas. En ese momento, su madre entró sorprendida y le preguntó a Rodrigo qué hacía con las sábanas. —¿Rodrigo? ¿Qué haces con esas sábanas? ¿Vas a alguna fiesta de disfraz a estas horas de la mañana o qué? Quítate eso Ella se acercó para quitárselas, sin saber que él estaba desnudo. Rodrigo le gritó que no lo hiciera y su madre no entendía qué estaba pasando. Él le respondió avergonzado que estaba desnudo y su madre solo podía pensar en qué habría hecho y con quién. —¡No, mamá! —le gritó —¿Qué pasa, Rodrigo? —Estoy desnudo —le respondió apenado —¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué hiciste y con quién? —¡Por Dios, mamá! ¿Eso es lo único que se te viene a la cabeza? —¿Qué más podría pensar al ver a mi hijo desnudo? ¿Pasaste la noche en este mueble? Rodrigo no sabía cómo decirle a su madre que ya no era virgen y que había pasado la noche conmigo, la hija de la vecina. La incertidumbre sobre lo que sucederá quedó en el aire. Después de una hora, Rodrigo y su madre desayunaban juntos. Él le dijo que se había quedado dormido en el sofá debido al calor, aunque su madre no quedó completamente convencida y se preguntaba qué había sucedido realmente. Mientras tanto, en mi casa, yo también desayunaba con mi madre. Después de unos minutos, me despedí y me dirigí hacia la puerta, donde encontré una carta que decía "Gracias por lo de anoche". Pensé que era de Sebastián y sentí que se estaba burlando de mí. Pero al otro lado del jardín, estaba Rodrigo observándome con una sonrisa contagiosa, aunque solo para personas como él, ya que yo solo sentía furia y enojo. Su expresión cambió por completo y yo lo ignoré enfadada, sin saber que él era mi enamorado secreto. En su mente, él pensaba que tal vez me había arrepentido de lo que habíamos hecho en su casa. La carta borró de mi mente ese momento mágico y hermoso. Mientras me dirigía a la universidad, Rodrigo se preguntaba por qué estaba tan enojada. No era por él ni por lo que había sucedido entre nosotros, pero tampoco podía explicárselo. Al llegar a la universidad, vi a Sebastián besándose apasionadamente con una chica y agarrándole las nalgas. La chica era hermosa. Llegué enfadada y lo separé de ella, dándole una fuerte bofetada que lo enfureció. Sin embargo, de repente, él me agarró del cuello y me preguntó qué me pasaba, llamándome loca, estúpida y bruta. —En lugar de eso, ¿Qué te pasa a ti eh? —le pregunté, tratando de liberar sus manos de mi cuello, ya que me estaba lastimando. —¡Oye, suéltala! ¿Qué te pasa? —le gritó Vanesa al llegar y logró quitarme a Sebastián de encima—. ¿Estás bien, amiga? —me preguntó preocupada. —Sí, ¿Acaso querías matarme? ¡Eres un cobarde! —le dije llorando. —Y tú una mujer fácil —me dijo riendo. La chica con la que se estaba besando se asustó y se fue. Mientras tanto, la mayoría de los jóvenes observaban lo que ocurría con gran interés. De repente, ¡ahí estaba mi mejor amigo! ¡Francisco! —¿Qué te pasa, idiota? ¿Cómo te atreves a tratar así a mi amiga? —le dijo valientemente (erguiéndose y mostrando su escudo). —Ja, ja, ja, ja, ja, ja, cállate, maricón —le dijo discriminándolo, como siempre. ¿Cómo me había enamorado locamente de un chico que se burlaba de mi mejor amigo por ser gay? ¡Darnos! ¿Qué me estaba pasando? Deseaba que me diera un ataque al corazón. —¿Qué? Repite lo que acabas de decirme. —¿No escuchas, idiota? Dije: maricó… De repente, ¡zas! Francisco le dio un poco de su propia medicina. Aparentemente, sabía golpear como un hombre a pesar de todo. Aquella bofetada y golpe en sus partes íntimas hizo llorar a Sebastián como un niño. Había sido ridiculizado frente a la mayoría de los estudiantes en la universidad. —Me las van a pagar, juro que me las van a pagar, especialmente tú, Natalia —me dijo con mucho odio. —Natalia, ¿estás bien? —me preguntó mi héroe. —Gracias por defenderme, gracias a los dos. Los quiero. —Y nosotros te queremos a ti —me dijeron al mismo tiempo. Los tres nos abrazamos mientras yo trataba de calmarme respirando lentamente. Después de eso, me acompañaron al baño para limpiar mi rostro y desinfectar mi cuello de las manos de Sebastián. Mientras estábamos allí, no sé cómo ni por qué se dieron cuenta de mi experiencia s****l. Solo sé que fue algo más que sexo, fue hacer el amor. —Hay algo extraño en ti —me dijo Vanesa mirándome de una manera extraña. —Yo también lo noto, ¿Qué te ha pasado? —me dijo observándome de arriba abajo. —¿Qué puede ser? —se preguntaron al mismo tiempo. —Si les cuento, ¿prometen no decírselo a nadie? —Ya sabes que somos una tumba. —Está bien, aquí va —dije y respiré profundamente—. He perdido mi virginidad —dije cerrando los ojos. —¡Quééééé?! —gritaron sorprendidos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD