A la mañana siguiente, Ashton se encontraba comiéndose su gelatina, cuando observó la hora en el reloj de la máquina a su lado. Eran pasadas las nueve de la mañana y nadie había llegado a visitarlo. Su hermana llamaba todos los días, y su padre iba a verlo cada mañana casi sin falta. Que ninguno se reportara, sí que era una novedad, y era algo que a Ashton le parecía extraño. —¿Sabes algo de Samantha o de Knox? —le preguntó a Shannon. Shannon también se preguntaba dónde estaban. Era extraño. —No sé nada de ellos —le dijo la mujer. Ashton terminó su gelatina y Shannon le quitó la bandeja. —Es raro que no vinieran hoy al hospital —le dijo Ashton. —Lo sé. Estuve llamándolos, pero nadie responde. Ashton sabía que algo había sucedido. No era normal. Shannon le dijo que no se preocupar

