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2113 Words
    Unas horas antes Satanás volvió a notar por primera vez en mucho tiempo algo así como fuego en su interior: la batalla final iba a comenzar por fin. De repente, la vida volvía a tener sentido.     Primero decidió reclutar a una serie de personas a las que dotaría de poderes sobrenaturales para que se convirtieran en sus jinetes apocalípticos. En la lista de candidatos, para el primer jinete, llamado Guerra, tenía al 43 años presidente de Estados Unidos, que por aquel entonces se aburría en su residencia de verano en Kennebunkport.     Para el segundo jinete,Enfermedad, había en la lista un cardenal que les decía a los africanos que renunciar a los condones era una excelentísima idea. Y para el tercero, Hombre, Satanás había elegido a una top-model que presentaba un programa de casting donde convencía a chicas delgadas de que eran unos monstruos grasientos y fofos.     Sin embargo, Satanás no acababa de estar satisfecho con su lista de candidatos para los tres primeros jinetes. Tenía que encontrar a los mejores compañeros, sólo así podría vencer a Dios. Esta vez tocaba, puesto que ésa sería la última batalla por el destino de la humanidad. Y Satanás era de antemano el perdedor; hasta entonces, el Todopoderoso siempre lo había dejado con un palmo de narices (metafóricamente hablando, se entiende). Pensativo, se acomodó en un banco a orillas del lago de Malente, al lado de una mujer que estaba dibujando..     -Me tapas la luz - se quejó la mujer.     Satanás activó su sonrisa- George -Clooney.     -Pero soy George Clooney.     -Tienes cierto parecido, y vás que chutas. O sea que no exageres - replicó la mujer-. Además, soy lesbiana.     Luego le dio a entender con un gesto que la dejara tranquila.     Satanás siempre había tenido debilidad por las mujeres con voluntad de hierro. Quebrarles la voluntad siempre le deparaba una alegría especial. Evidentemente, sabía que era por envidia. Sí, envidiaba el libre albedrío de los humanos.     -¿Qué no haría él por conseguirlo? Entonces pondría las llaves del infierno en manos de algún demonio inferior y se instalaría cómodamente en una isla solitaria de los mares del Sur. Sin que la gente le sacara de quicio con sus ideas, sus ambiciones y sus pecados. No tendría que volver a escuchar nunca más una fantasía s****l extravagante, a cambio de cuya realización alguien quería vender su alma...Seguro que aquello sería el paraíso.     Se llamó al orden, tenía que dejar de soñar; después de todo, él no tenía libre albedrío y estaba obligado a seguir su destino, y para ello debía reunir tropas para la batalla final. En aquel momento, su mirada se posó en el cuaderno de dibujo de la mujer y vio que dibujaba una historieta:   -  Dios: ¡Cree en mí! ¡Cree en mí! ¡Cree en mí!     -Kata: ¡Tengo un tumor en la Cabeza!     -  Dios: ¡Cree en mí! ¡Cree en mí! ¡Cree en mí!      -Kata- replicó en su imaginación - alejarse y no hacer oído a esas palabras.     Por lo visto. Dios le caía tan bien a aquella mujer como al propio Satanás. La observó con más detalle y distinguió el tumor en su cabeza. Una enfermedad que él no había inventando, que a él nunca se le habría ocurrido; simplemente, estaba en la estructura de la naturaleza y él nunca había acabado de comprender por qué. Quizás la muerte estaba metida en el ajo. Era un personaje en verdad desagradable.     En cualquier caso, una cosa estaba clara: a aquella mujer de voluntad firme no le quedaba mucho tiempo de vida. A lo sumo, uno o dos meses.     Y estaba llena de rabia contra Dios. Seguro que sería buena candidata para el jinete llamado Enfermedad.     Mientras estuvimos sentados en la pasarela, mano sobre mano, viendo salir los primeros rayos del sol, me sentí próxima a Joshua. No a Jesús.     Próxima como hacía mucho que no me había sentido con un hombre. Y por la firmeza, y a la vez suavidad, con que Jesús me sujetaba la mano, e él le ocurría lo mismo: al menos, eso esperaba.     En aquel momento y en aquel lugar, a la salida del sol en el lago de Malente, éramos tan sólo Marie y Joshua. No M.o.n.s.t.e.r. y Jesús.     Por desgracia, yo poseía un talento increíble para deque, cuando algo era hermosos., quería que durara eternamente. Y, puesto que eso era imposible (en algún momento había que ir al lavabo), al menos quería que algo tan maravilloso se repitiera una y otra vez.         -¿Crees que podremos volver a pasar juntos una noche como está? - pregunté animada.     Joshua me miró apenado. ¿Qué pasaba? ¿Que un hijo de Dios no podía estar con una mortal? ¿Habíamos hecho algo prohibido? ¿No podría haber cerrado la boca? ¿Por qué no llevaría integrada una mordaza que me tapara la boca siempre que estuviera a punto de preguntar una tontería?     -Realmente, ha sido una noche maravillosa.     ¡Él también pensaba que la noche había sido hermosa! No, ¡maravillosa!     -Pero, desgraciadamente, no pasaremos juntos ninguna otra.     Eso me llegó al alma.     -¿Por...¡por qué no?- pregunté con tristeza.     -Porque tengo que cumplir una misión.     No parecía muy contento con ello. Y yo estaba desconcertada. ¿Una misión? ¿No estaba de vacaciones del cielo?     -¿Qué misión? - inquirí.     -¿No has leído la Biblia?- preguntó sorprendido.     -Sí,sí,claro...- farfullé. Seguía sin atreverme a explicarle que no tenía ni idea de lo que decía la Biblia ni tampoco que habría que modernizar el lenguaje.     -Entonces sabrás por qué he vuelto al mundo.     Retiró  su mano. Eso me partió el alma. Luego cogió los zapatos y se levantó.     -Que te vaya bien, Marie.     -¿Que me vaya bien? ¿No...no volveremos a vernos?- pregunté. Cada vez era más duro.     En vez de dar una repuesta clara a esa pregunta, Joshua dijo algo maravilloso:     -Tú me has dado mucho.     ¿Yo le había dado mucho? Increíble.     Entonces me acarició suavemente la mejilla con la mano. Estuve a punto de caer en coma de pura sensación de bienestar.     Luego retiró la mano de mi mejilla.     Sentí mucho frío.     Y joshua se fue por la pasarela hacia la orilla.     Quise gritarle "¡Quédate!", pero no conseguí articular ningún sonido. Tenía el corazón demasiado oprimido viendo cómo salía mi vida por el paseo del lago de Malente.     Evidentemente, había sido absurdo abrigar la esperanza de que podría pasar con Joshua otra noche como aquélla. O miles. Pero saber una cosa no te protege del dolor.     Cuando la pena casi había conseguido apoderarse de mí, me vino una idea a la cabeza: ¿misión? ¿Qué tipo de misión?          Poco después estaba aporreando la puerta del videoclub de Michi. Abrió, esta vez aun más dormido que el día anterior. Llevaba una camiseta con el texto "¡Aquí no hay nada que ver!     -¿Cuál es la misión de Jesús? -le espeté.     -¿Eh?     -¡¿¡Cuál es la misión de Jesús!?! - grité.     -No me chilles.     -¡NO TE CHILLO!     -Pues ya me gustaría saber qué pasa cuando chillas.     -¡¡¡ESSSTOOO!!!     -Podrías hacer carrera como viento huracanado.     Lo miré irritada.     -Anda, pasa y te lo explico.     Se sentó junto al mostrador, se tomó un café negrisimo y me habló de las numerosas profecías sobre el fin del mundo que contenía la Biblia; las había en el Libro de Daniel, y el propio Jesús anunciaba el fin del mundo en los Evangelios, pero donde se describía más detalladamente era la final de la Biblia, en las últimas páginas, en el Apocalipsis de san Juan. Escuché fascinada a Michi mientras me hablaba de la batalla final entre el bien y el mal. De los jinetes del Apocalipsis, de Satanás y de cómo Jesús lo vencía a todos en una batalla y transformaba nuestro mundo en un reino celestial, donde vivía eternamente en paz con los que creían en Dios. Sin penas,sin fatigas y, sobre todo, sin muerte. Así supe por qué Joshua había vuelto al mundo.     -Estás más pálida que Michael Jackson- afirmó Michi-,¿Qué te pasa?     ¿Se lo contaba? ¿Me creería? Seguramente,no. Pero tanto daba, tenía que explicarle  a alguien lo que había vivido.     Se lo conté todo a Michi: mi salvación en el lago, la curación milagrosa de la niña, las cicatrices en los pies de Joshua y su misión. Lo único que no le expliqué fueron mis sentimientos por Joshua.     Cuando por fin acabé, Michi exhaló un suspiro.     -¡Madre mía!     -¿Me...me crees? - pregunté esperanzada.     -Pues claro que te creo- contestó Michi, usando el tono con que sueles explicar a los niños que el retrato que te han pintado es muy, muy bonito, aunque parezca una jirafa.     -No me crees- contesté con tristeza.     -Bueno, has pasado una mala época, la boda anulada y eso...Seguramente ahora quieres reprimir tus sentimientos por ese carpintero para que no vuelvan a herirte y por eso te imaginas que es Jesús...     -¡No estoy chalada!- le interrumpí.     -"Chaladas" es una palabra muy fuerte...     -¡A que te doy una patada!     Estaba cabreada y decepcionada. Necesitaba tanto a alguien con quien compartir aquella locura. Michi calló un momento y luego dijo quedamente:     -Y tampoco quiero creerlo.     -¿Por qué no?     -Que el mundo se convierta en un reino celestial también tiene desventajas para algunas personas.     -¿Y eso? Quiero decir que luego no habrá muerte en l mundo,ni defectos. Suena a que tampoco habrá penas de amor.Ni acné.     -Sí, claro, pero no todo el mundo conseguirá una entrada para el reino de los cielos.     Me lo quedé mirando perpleja.     -Todos nos presentaremos ante Dios - explicó Michi-.También los que yá están muertos, que serán resucitados. Dios abrirá el libro de la vida, donde está escrito lo que cada uno ha hecho a lo largo de su vida.     -Será un buen tocho- dije con una risita forzada.     La idea de que lo anotaran todo sobre mí no me gustó especialmente.¿Observaban todos mis pasos los ángeles de Dios? ¿También en la ducha? ¿O en mis relaciones sexuales? ¿También cuando me lo hacía sola? Si era así, ¡ ya les cantaría yo cuatro verdades a esos mirones!     -Las personas serán juzgadas por sus acciones.Las que hayan sido buenas, entrarán en el reino de los cielos.      -¿Y el resto? ¿Qué harán cuando nuestro mundo deje de existir?     -Según el Apocalipsis de san Juan, el resto serán arrojados para siempre al estanque de fuego.     -No parece muy acogedor - dije tiritando de frío.     -No tiene que serlo.     -¿Todo eso está en la Biblia?     Michi asintió con un movimiento de cabeza.      -Pero Dios es el bien, ¿no? - pregunté azorada.     -Es el mismo Dios el que inundó la tierra en tiempos de Noé, que arrasó Sodoma y Gomorra y que obsequió una bonita recesión económica a los egipcios con sus plagas.     -No estoy segura de que me guste ese Dios - dije con tristeza.     -Si es cierto que existe el libro de la vida, ahora también pone lo que acabas de decir.     -Oh,no! - exclamé.     -Yo también prefiero al Dios que ayudó a David contra Goliat- comentó Michi.     -¿No es el mismo?     -Esa pregunta ha provocado migrañas a tropecientos mil teólogos.     -Y tú ¿qué crees? ¿Cuál es el verdadero Dios?     -Espero que el indulgente, pero cuando observas el mundo...     No prosiguió. No quiso formular dudas respecto a sus propias creencias para no darles cuerpo.     En cualquier caso, los hechos estaban claros y no eran agradables:Jesús había vuelto al mundo y me había dicho que la misión para la que tenía que prepararse podía leerse en la Biblia. Por lo tanto, su misión era probablemente el Juicio Final. El mundo que yo conocía se extinguiría. Y en aquel puñetero libro seguro que aún habría más cosas malas sobre mí.¿Iría a parar para siempre al estanque de fuego? Enntretanto    -Mientras que: Gabriel  y Silvia se encontraba en su casa cenando...     -Gabriel, pensativo en la salida Jesús con Marie! se le habían hecho mil preguntas, que solo se le aclararían sus dudas al veer a Jesús.     -Tenía un fuerte y afecto qué Marie le sentía a Joshua, y de saber que podría descomponer  los propósitos de Dios en este mundo.      En aquel momento que el tiempo pasaba, y  Gabriel, no tener idea de lo que podría haberse considerado en una maldición. Marie, era una mujer que se habría convertido en una mujer especial para los pensamientos de Joshua.      
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