El pastor Gabriel Estaba sentado en el banco del Jardín de la casa parroquial. a la luz de la luna. El Mesías descansaba en el cuatro de invitados y a los lejos se oía al sacerdote con deportivas tocando su espantosa guitarra eléctrica. Gabriel no se dio cuenta de que, curiosamente, la canción era It´s The End Of The World As We Know It. Había tenido un día horrible. Había echado de casa a su querida Silvia y, aunque ella le había asegurado repetidamente que no era Satanás y había gritado furibunda que conocía un psiquiátrico excelente cerca de allí y que se lo recomendaba, Gabriel no lo creyó. Tampoco lo creyó cuando se echó a llorar y quiso ablandarle el corazón. Ni tampoco cuando, con la voz ahogada por las lágrimas, había confesado que lo amaba. Desvió la mirada de la lun

