Sombras del pasado. Salvatore Medici Hay errores que se pueden corregir con una disculpa. Otros, sin embargo, dejan grietas que ninguna palabra puede reparar. Creí que conocía a Emily. Me convencí de que era, como tantas otras, alguien que fingía independencia mientras buscaba algo a cambio. Juzgué su carácter basándome en la desconfianza que me ha acompañado toda la vida. Y cuando la vi alejarse después de aceptar mi disculpa, supe que había perdido algo valioso. La rutina siguió como siempre: reuniones, llamadas, contratos. Pero su ausencia pesaba en mi oficina más que su presencia. La veía en los pasillos, en la cafetería, intercambiando palabras con Evans o con otros empleados, pero jamás conmigo. No la culpo. Pero cómo me gustaría que todo volviera a hacer como antes, cuando

