CAPÍTULO IX

3725 Words

CAPÍTULO IX Tal vez porque no tenía ya que fingir, el almuerzo le resultó una ocasión emocionante. Arabella no alcanzaba a recordar lo que había comido por las innumerables fuentes de plata, labradas con el escudo de armas, que le fueron ofrecidas, una tras otra, por los lacayos de cabello empolvado y elegante librea. La impresionó la abundancia de adornos en oro que decoraban la gran mesa del salón normando, destinado a comedor del Castillo. Algo nuevo y extraño le producía la sensación de estar a solas con el Marqués, a pesar de la presencia de numerosos lacayos y de Turner, el mayordomo. Por primera vez sentía la confianza de hablar con él de igual a igual, sin intentar que la creyera una niña. Conversaron y rieron, mientras el tiempo pasó sin advertirlo. Fue con cierto sentimiento

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD