Arabella suspiró. Era exactamente la respuesta que esperaba de él y el Caballero Jack, que también esperaba lo mismo, le hubiera disparado a matar. —¡Te apuesto quinientas libras contra esa cadena de margaritas que estás haciendo a que el Lord Magistrado llegará sin tropiezos a Londres!— exclamó el Marqués. —Sería una forma fácil de ganar ese dinero— dijo Arabella y entonces movió la cabeza de un lado a otro—, las margaritas son para hacer una guirnalda a Beulah… y yo no apruebo ningún tipo de apuesta, ni juego de azar. —¡Así que eres una puritana! ¿Es que quieres destruir todos los placeres que hay en la vida? —Todos los juegos de azar son insensatos— declaró Arabella con vehemencia, recordando cómo las deudas de juego de su padre había dejado en la miseria a su familia—. ¿Qué placer

