CAPÍTULO XI Arabella continuaba en el vestíbulo, sintiéndose un poco turbada, buscando algún pretexto para no salir aún del Castillo. Envió a George a buscar otro par de zapatos para Beulah, pretendiendo que los que la niña llevaba eran demasiado delgados para caminar. Cuando llegaron, tardó un largo rato en calzárselas jugando con Beulah, haciéndola reír, de modo que los minutos fueron pasando hasta que, para alivio suyo, oyó las voces del Marqués y del Capitán Huntington, que salían del comedor. —Lamento no quedarme más tiempo contigo, Julius— decía Richard Huntington—, sobre todo ahora que me has brindado tu hospitalidad; pero el Príncipe sí que se ofendería si ninguno de los dos nos presentamos a su fiesta. —Trata de reconciliarme con él— pidió el Marqués—, no me gustaría encontrar

