CAPÍTULO XI-2

1976 Words

Arabella sonrió. —¡Será maravilloso para las dos!— exclamó. Llevó a Beulah arriba y se cambió de vestido antes de almorzar. La niña no dormiría la siesta, pensó, pero no importaría por un día, y podría acostarse temprano. Arabella se alegró con la invitación del Marqués. Sabía que de irse solo a cabalgar la zozobra de la espera y el temor por su seguridad la hubieran consumido. Tenía la impresión de que una nueva tensión conmovía no sólo a las caballerizas, sino al Castillo entero. Era casi como si una gran nube se estuviera acercando, y los envolvería a todos de un momento a otro. Su única esperanza era que Richard Huntington pudiera llegar a tiempo. Pero, ¿no le resultaría difícil ver al ministro del Interior? ¿Creería ese augusto funcionario lo que ella decía en su carta? ¿Mandaría

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD