Capítulo 5 Completo

1377 Words
Cuando volví a abrir mis ojos la mañana se había ido, eran cerca de las tres de la tarde y no podía seguir durmiendo, solamente había logrado seis horas de sueño. Pese a las seis horas, aún me sentía demasiado cansada, así que me senté en el pequeño comedor de la cocina y me serví un chocolate caliente, con la esperanza de poder calentar mi cuerpo un poco. En cada sorbo pensaba en todo lo que tenía que hacer, en las cosas que tendría que aprender y cómo podría deshacerme del espíritu que no me dejaría en paz por mucho tiempo. Luego empecé a hablar conmigo misma en mi mente, si me alejaba por cierto número de días podría deshacerme del rastro del alma de aquel maleficio. Pero, los Blackaller no tenían ese tipo de suerte cuando se trataba de algo sobrenatural, ya sabía que no podía huir de algo que ya era. Entonces, a las seis de la tarde fui de nuevo a la empresa y esperé a que mi jefe saliera de trabajar. Él me miró sorprendido cuando me vio en el estacionamiento junto a su auto, me había aventurado a ir allí cuando vi que tenía buena iluminación del día. —Vamos a comer —le dije, y empecé a caminar sin escuchar su respuesta, me daba igual si estaba de acuerdo o no. Caleb Dumas me siguió y no dijo nada hasta que me vio acercarme a un lugar de comida callejera, entonces vi cierta renuencia en él. Probablemente no estaba acostumbrado a comer en ese tipo de lugares; pero si íbamos a tener una buena conversación, me parecía el lugar más adecuado, porque nuestras voces se perderían en el ruido de la calle y nadie prestaría atención. —Un puesto de burritos —comentó lleno de duda, como si se tratara de algo malo y al mismo tiempo no pudiera decir nada malo sobre ello. —Sí, pide primero —le dije. —Mejor tú primero —dijo él, obviamente quería seguir mi ejemplo, así que pedí primero —, ¿aceptan tarjeta de crédito? —preguntó cuando ambos hicimos nuestro pedido. Me reí de su incredulidad cuando le dijeron que sí. Finalmente, elegimos una mesa y nos sentamos frente al otro, yo empecé a comer, feliz de no haber tenido que pagar por ello. Él se tomó su tiempo para empezar a comer, como si fuera a encontrar algo extraño en la comida. Internamente me reí de él, mientras me disfrutaba el arroz, los frijoles y… —Tienes gustos interesantes —comentó de repente. —No vas a morir por comer en un puesto de la calle, si no te ha matado la maldición que tienes, esto no te va a matar tampoco —le dije con la boca llena. —Claro —dijo un poco incómodo y entonces dio el primer mordisco, luego de eso comimos en silencio. Lo vi mirar la calle de forma pensativa, veía a las personas de forma fija, como si le recordarán a algo en el pasado. Mientras lo miraba más curiosidad me daba, podía sentir que había una historia allí que me sorprendería. Pero, lo dejé comer con tranquilidad, le estaba dando un momento de paz. —Cuando hay mucha gente es poco probable que los espíritus molesten —le dije y me miró con ganas de saber más —, entre más solo estés, peor será para ti. —¿Qué pasa si alguien sale herido? —me preguntó. —Pues, todos tienen accidentes en la calle, no todo tiene que relacionarse a ti —le dije y me encogí de hombros —. ¿Puedes contármelo? —Eres la primera de mis secretarias que realmente me pregunta —me dijo él. —¿En serio? —pregunté sorprendida. —Ellas solamente traían su carta de renuncia, o insistían en continuar con el trabajo, una de ella echó agua bendita en todo el piso —relató —, pero, nadie se atrevió a preguntar. Excepto Leyla, ella me preguntó por aquella mujer, fue la primera vez que supe que se trataba de ella. Siempre fue todo un misterio para mi, hasta que até algunos cabos con respecto a sueños extraños que he tenido. —¿Sueños? —Bueno, en realidad son pesadillas —especificó —, las tenía más que todo en la casa, por eso ya no duermo allá. —¿La casa? ¿Dirías que es el centro de la maldición? —le pregunté. —Sabes que nunca he mencionado que realmente se trate de una maldición, ¿cierto? —Posee todas las características —le dije —, sí ha afectado a tantas personas a tu alrededor, no veo por qué no podría serlo. Dime, ¿cuándo empezó todo? —Desde que lo recuerdo, mi familia siempre ha vivido con miedo, mi madre murió cuando nací, y luego mi padre se casó con dos mujeres más que no pasaban de los cinco años en nuestra casa, o en la vida misma. La primera murió en un extraño accidente de auto, y la segunda apareció asfixiada en su propia cama, desde entonces supe que las mujeres nunca duran mucho en la familia. —¿Por qué crees que sea así? —le pregunté, tal vez ya tendría alguna teoría al respecto después de tantos años. —No lo sé, tal vez para evitar que haya más descendencia, puede que sí sea una maldición para acabar con los Dumas —comentó pensativo. —No es una mala teoría —comenté igualmente —. ¿Todas las anteriores secretarías murieron? —pregunté de repente, esperaba una respuesta más sincera con la mente más fría. —No, no todas… Aunque, tampoco podría afirmarlo con total seguridad, no sé qué fue de la vida de quienes se marcharon —me dijo —. Solían decir que algo las perseguía, y que no podían dormir, algo en lo que puedo comprenderlas. Hace mucho no tenía un buen sueño, hasta anoche —dijo y me miró —. ¿Qué hiciste anoche? —, me preguntó. —No hice nada, solamente me llevé un gran susto —dije. —Lo siento. —¿Ahora lo sientes? —Dijiste que podías sobrevivir… —Sí, sí, ya sé lo que dije, no me lo repitas o seguro me da dolor de cabeza solamente pensar en ello —dije rápidamente —, no supe qué más decir… Fue lo único que se me ocurrió en ese momento. Me han pasado muchas cosas en la vida, y aún así sigo aquí, probablemente siga viviendo por muchos años más —, la expectativa de vida de mi familia ascendía a los 100 años —. Pero, eso no signifique que me gusten este tipo de cosas, estoy cansada de los fantasmas, las maldiciones, las sepulturas, los maleficios o hechicería, todo eso me tiene harta. Tomé un vaso de agua luego de eso, y él me miró apenado, sin tener mucho más que decir al respecto. —Está bien, sé que estoy siendo injusto, te dejaré ir si eso es lo que quieres —dijo, y se levantó de su asiento. Sorprendida por lo que había dicho, y cuán rápido se había rendido conmigo, lo vi caminar hacia el paso peatonal junto al semáforo sin intención de ir trás él, hasta que tuve aquel mal presentimiento que siempre me hacía reaccionar de inmediato y corrí hacia Caleb. En el momento en que lo empujé, un auto perdió el control y se estrelló contra la base del semáforo. Me dije a mi misma que era una simple coincidencia, pero luego vi aquella mujer al otro lado de la calle, me miraba con ira porque había interferido. Supe entonces que las cosas iban a ponerse peor a medida que avanzara el tiempo. Caleb Dumas no estaba seguro en ningún lugar, y si me iba y lo dejaba solo cabía la posibilidad de que algo muy malo le aconteciera pronto, y yo tendría que cargar con eso. —¿Qué…? —me miró confundido en el suelo, viendo que el auto se había estrellado contra el puesto de comida en el cual habíamos estado minutos atrás. —Tenemos que deshacernos de ella —le dije enojada.
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