Dura realidad Regresar a casa con la cabeza agachada no resultó agradable. Mi papá no estaba y apenas me vió mi madre en la puerta me abrió pero no tardó para empezar con sus reclamos. Le tuve que mentir y dije que iba solo de pasada a verlos y me debía regresar pronto. Llegué cansada y quise pasar a mi cuarto para descansar un rato pero me encontré con que había regalado hasta mi cama. En la habitación solo había una mesa y una silla. Lo demás lo había sacado. Eso no puede ser amor. Había tardado más en decidir irme que ella en sacar mis cosas. Entendí que sus palabras de consternación por haberme ido de casa solo eran de simple hipocresía. No quise preguntar, coloque la maleta en la mesa y me senté en el piso a observar lo que antes había sido mi refugio. Aún habían marcas de ti

