La propuesta… —¡Ay muchacho tu si que eres terco! —Me recosté para enderezar mi espalda y sentí el dolor en la cabeza, estaba sudando porque ni camisa estaba mojada por completo. Voltee la cabeza y le dije que por favor me indicara qué tan feo se veía el chichón: —Seré franca se te ven hasta las ideas. —Cambio su humor de inmediato y se puso a reír, era una mujer muy dulce y no sé si fue la presión, los nervios pero también me empecé a reír. Estaba más salado que un pescado seco. Pero eso era parte del viaje. A veces nos encontramos con percances que nos dejan grandes experiencias y ahora estaba viviendo una de ellas. Giré mi cabeza para ver a las demás personas que viajaban en el bus y estaban atados también. Lo bueno es que no se veían por ningún lado los asaltantes. Pero estábamos

