Debía dejarla en paz, pero no, no podía. Persuadí a la Nana de hacer algo, ella al principio se reusó, y ¿Cómo no hacerlo? Era el imbécil que había dejado a Christine sin razón alguna, pero cuando le conté lo de Aarón, no lo pensó ni dos veces, ella también lo aborrecía y no dudo que el fuera capaz de hacer algo así.
Tenía una idea brillante, y solo así estaríamos juntos; ya no dependería de nadie más.
La Nana se encargaría de convencer a Christine de inscribirse en la misma facultad que la mía, lo había pensado, solo que no creí que fuera a funcionar. La facultad a la que yo asistiría ofrecía la carrera que a Christine le gustaba y no había mejor excusa que esa. Todo se haría como un secreto para protegerla por si algo no salía bien, pero mientras más alejado de ella estaba, me sentía peor.
Paso más de un mes, y me entere por medio de Ani, de que el libro basado en mí, seria publicado. Christine estaba por publicar su libro, no podía ni contenerme de la emoción.
Me desperté muy temprano aunque ese día no tuviera clases, y cogí la rosa que aquel día Christine olvidó en el hospital; había llegado el día en el que los de nuevo ingreso llegarían a la facultad. Por fin vería a Christine, si había cambiado algo en ella en ese transcurso de tiempo, no me importaba, la amaría aunque eso me matara.
La esperé bajó la lluvia un buen rato, sentado en la banca más cargante del plantel. No me importaba contraer una gripe, esto valía cualquier enfermedad.
Empezaba a pensar que todo lo que había acodado con la Nana, no había funcionado. Ella no llegaba y empezaba a decepcionarme. Bajé la cabeza y suspiré mientras las gotas golpeaban mis hombros y mi cabeza.
Pensé que no la podría ver jamás, que nunca podríamos casarnos, no estaría yo ahí con ella para la publicación de su libro, no estaría aquí para mí, ni para nadie, que ella había desaparecido como un pez en un inmenso mar.
Sus ojos, su sonrisa, sus manos, todo… ¿Habían desaparecido para mí? ¿Es que acaso no volvería a saber de ella?
Ella dejaría un vacío en mi corazón, sería como perder las ganas de vivir. Christine es una chica especial, con mucho que ofrecer al mundo, y ya nada va a tener que ver con ella, porque no existiremos juntos ni en la vida del otro. Nunca envejeceremos juntos, jamás volveré a besarla, ni a tocarla, simplemente es algo que se quedó plasmado en un momento en el universo, ¿Ella solo significará un viejo recuerdo que le contaré a mis hijos como un amor perdido?
De repente, el cielo se aclaró sobre mi, y mi corazón volvió a latir, algo se aproximaba, una ráfaga de sentimientos y un estruendo tremendo en mi corazón.
Christine me tocó el hombro, y yo subí la mirada; era real, y ella estaba ahí, feliz de verme, como si fuera la primera vez que nos veíamos.
Después de todo lo que pasamos, nos mereciamos un final feliz ¿No?
—Sigues igual de desastroso como el día que te conocí– río entre carcajadas mientras me acariciaba el cabello como si de un perrito se tratase.
–Eres tu, siempre ha sido tu– me levanté y la refugie entre mis brazos. –Pense que te había perdido.
–Nunca me perderás mientras me tengas aquí– señaló mi corazón con su dedo índice.
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Lo perfecto del destino es que tú mismo lo construyes y puede variar a tu manera. A veces te sientes atrapado, y luego sucede algo y te liberas, porque ningún dolor es eterno.
Vive los momentos de la vida, no dejes que ellos te vivan a ti.
Algunas historias terminan y otras se vuelven sagas.
Comienza amar, reír, disfrutar; lo único que necesitas para ser extraordinario.
Nunca olvides, que no eres más grande que el mundo, pero eso no significa que debes perderte en él.
Ella no era la porrista más perra del escuadrón, ni yo era un nerd que se convertiría en galán. Ella no era mi amor platónico, ni yo era el chico que la acosaba fuera de su casa. Ella no era la chica ruda a la que le gustaba agredir, ni yo era la pequeña sanguijuela que agredían. Ella solo era la que chica que amaba a desastres como yo y yo, era tan solo era el desastre que ella amaba.
Algo dentro de mí, sintió como la rosa volvió con su bestia y el amor al desastre, porque ningún dolor es para siempre ni ningún viejo amor se protege de renacer como fénix.
Christine vivirá en mi, y yo viviré en ella.
Después de todo, todos tenemos a un desastre en nuestras vidas que, de una forma u otra, terminamos amando intensamente.
Este es el fin.
(Final cambiado por orden del público jaja)
Gracias por leer, los amo. Les prometo, que si el libro llega a los 1000 corazones, hago una segunda parte. Quizás de la historia de Tom y Ani.
Les dejo los capítulos extra de los pensamientos de Adam como regalo.