— "No soy una maldita princesa, podría haberle tirado los dientes con la punta de una botella"—Christine Kavanaugh. Las luces se debilitaron, tanto que difícilmente podíamos reconocer nuestros rostros. Una lenta se manifestó, casi como un Valls noventero. Nos movíamos con lentitud. Mi cabeza estaba sobre su clavícula y la de él, estaba recostada sobré la mía. Esto no podía ser, no podía engañarme de esta manera. En cuanto mi mente se esclareció, levanté mi cabeza y Aarón me buscaba, lo veía recorrer el jardín trasero desde la ventana de la sala; el castaño también miró hacia el mismo lugar en el que yo me concentraba. Adam guío mis ojos hacia los suyos, tomó mi mano con fuerza y me llevó hasta una habitación. —Te zafé de un error— previó sin recatos, como si me reclamara por un favor.

