Faltaban pocas horas para salir con Jeremy al evento y mis piernas no paraban de temblar. No podía negar que me daba curiosidad ver de nuevo a Jeremy, pero me daba mucho miedo querer conocer a alguien más. La ausencia de Brandon me estaba matando por dentro y por fuera.
Cerré mis ojos con fuerza y volví al pasado, junto a Brandon. Recordar sus manos acariciando mi rostro me hacía sentir cosquillas en la piel. Sus ojos verdes como el más hermoso de los jardines me hipnotizaban al recordarlo. Podía incluso levantar mi mano y dibujar su silueta.
―Jeremy está por llegar ―dijo mi padre sonriendo al entrar a mi habitación―. ¿Por qué no estas lista?
―Papá, no sé si es lo correcto.
―¿De qué hablas? ¡Vístete ahora mismo!
―¿Qué sucede?―dijo mi madre detrás de él.
―Ángeles no está lista.
―Déjame sola con ella―Mi madre lo observó y acarició su hombro. Él obedeció y se retiró. Mi madre cerró la puerta de la habitación y me lancé sobre ella como una pequeña niña para llorar en su hombro.
―Mamá… ¿y si Brandon regresa?
―Cariño…―Me observó con sus ojos cristalizados―, ¿y si no? Además, con Jeremy es solo una salida. No estás haciendo nada malo.
―Lo sé, pero siento que le debo respeto a Brandon. ¿Me entiendes?
―Hija, sé que él es tu gran amor, y eso es muy bonito, pero sabes lo difícil que ha sido para ustedes. Su padre lo mandó lejos y tu padre tampoco estaba muy de acuerdo con la relación. Es mejor que te olvides de él.
―¡No entiendo por qué nos separaron! ¡¿Por qué?!―Me alejé de ella enojada y lancé la cajita con las cartas al piso―. Esas cartas me mantienen atada a él. Le creo y se que va a volver y todo va a ser mejor.
―¡Acepta la realidad! ―dijo sosteniéndome con fuerza de ambos brazos―. Él se fue y aunque vuelva te romperá el corazón.
―Pareces muy segura de lo que dices―Limpié mis lágrimas y la miré fijamente.
―Termina de arreglarte.
Asentí enojada y triste. ¿Qué más podía hacer?
A los pocos minutos salí de mi habitación luciendo un hermoso vestido n***o con un ligero escote. El vestido irradiaba destellos brillantes. Parecía otra persona. Mi cabello suelto caía sobre mis hombros, pero, aunque por fuera lucía bonita y feliz, por dentro no lo estaba.
―Señorita, Ángeles… No tengo palabras―dijo, Jeremy al verme bajar por las escaleras, mientras esperaba por mí como todo un caballero.
―Gracias―Sonreí por educación.
―¿Nos vamos? ―acercó su brazo, lo abracé tímida, y con una mirada vacía me despedí de mis padres.
Caminé junto a él hasta un gran auto n***o. Un hombre alto elegante nos abrió la puerta, entré primero y Jeremy se sentó junto a mí.
―¿Dónde estamos?―dije al sentir el auto detenerse.
El trayecto había sido en total silencio.
―En el hotel Dante, el evento es aquí.
―Es enorme―dije al descender del auto tomada de su mano.
Entramos al lugar y me sentía extraña, que no pertenecía ahí, pero al mismo tiempo me sentía bien. Jeremy parecía ser muy agradable. Un mesero pasó a nuestro lado, tomamos un par de copas y conversamos.
―¿La estás pasando bien? ―dijo sonriendo extendiéndome una nueva copa de vino blanco.
―Sí, claro. Gracias por la invitación.
―Gracias a ti por la fabulosa compañía… ¿Te gustaría conocer los jardines? De noche son hermosos.
Asentí y tomada de su brazo salimos a caminar un poco.
―Se siente un aroma delicioso―Y observé en el fondo un enorme jardín con luces blancas.
―Sí… cierra tus ojos ―Lo miré curiosa, accedí y caminé guiada de su brazo algunos pasos―. Ya puedes abrirlos.
Estaba rodeada de flores de diferentes colores, tamaños y olores que me envolvían en una danza de belleza pura. Era simplemente maravilloso.
―No tengo palabras.
―Es lo que se dice cuando la belleza es… perfecta―dijo mirándome a los ojos, recordando las mismas palabras que me dijo al verme en la noche antes del evento.
Sentí que mis mejillas se pintaron de rojo intenso y bebí lo que me quedaba de vino como agua.
―¿Nos vamos? ―dije un poco incómoda, pero al mismo tiempo debía aceptar que estaba disfrutando de su compañía.
―Sí quieres irte, te llevo a tu casa, pero antes, permíteme hacerte una invitación a cenar.
―¿Mañana?
―No, ahora mismo… ―Y sin terminar de hablar sentí que sus labios se acercaron despacio a mi oído y en un ligero murmullo, agregó: ―. Ha sido una noche maravillosa y no quiero que termine tan pronto.
Nerviosa, desvié mi mirada de la suya.
―No lo sé…
―¿Qué te impide aceptar? ―pensé en Brandon, pero su mirada me hipnotizaba―. Es solo una cena.
―Está bien ―Sonreí.
―¿Hay algo especial que te gustaría comer?
―Me encanta la comida mexicana.
―Conozco el lugar perfecto…
De nuevo tomada de su brazo, nos despedimos de algunas personas y salimos al auto.
Jeremy abrió la puerta del copiloto.
―¿Tú vas a conducir?
―Sí, claro―Sonrío ante mi pregunta―. El chofer ya se fue. Tranquila, sé hacerlo ―Sonrío de nuevo y acarició mi mano con sutileza.
Llegamos a un restaurante de comida mexicana y sentí que un gran nudo se formó en mi corazón. Era el mismo lugar en el que había visto a Brandon por última vez. Pensé en decirle a Jeremy para ir a otro lugar, pero ¿para qué?
Entramos, pidió una mesa apartada y no pude evitar girar a la derecha, hacia la mesa del fondo.
Ahí había llorado como nunca. Esa última noche, me dijo que se iba a Boston al día siguiente.
Alejé mis pensamientos y volví a mi realidad, con Jeremy.
―¿Conocías el lugar?
―No, no lo conocía.
Mentí para no pensar en ese momento tan difícil.
Jeremy ordenó la comida y aunque se veía todo perfecto y delicioso, mi apetito había desaparecido casi por completo. Sin embargo, Jeremy no se merecía mi rechazo, no en ese momento; e hice un esfuerzo por comer, conversar y olvidar a Brandon de nuevo.
Jeremy me hacía reír y eso bastaba para acabar un poco con mi tristeza.
Terminamos de comer y debía admitir que había sido una noche casi perfecta. Volvimos al auto y me llevó a casa.
―Gracias de nuevo por tu compañía…―Sonreí y bajé mi rostro nerviosa―. ¿Nos podemos ver otra vez? ―preguntó antes de bajarme del auto.
No respondí nada, se bajó y me abrió la puerta. Permanecí de pie a su lado y extendió su mano hasta mi cara.
―Jeremy… yo.
―No tienes que decir nada―Se acercó, humedeció sus labios y en cámara lenta se juntaron con los míos. Sentí un extraño cosquilleo en mi estomago y le correspondí el beso que parecía ser inofensivo. Se detuvo, me abrazó hasta colocarme junto a su cuerpo, tanto, que podía sentir como mi corazón acelerado golpeaba su pecho. Su mano subió despacio hasta mi cabello, acarició mi cuello y de nuevo me besó, pero esta vez con más intensidad y deseo.
―Creo que es mejor que entre a casa―dije, apretando mis labios saboreando el momento aún sin aliento.
―¡Me encantas! ―añadió de nuevo acercándome con firmeza hacia él, besó mi mejilla, su mano recorrió mi brazo, tomó mi mano y como todo un caballero, la besó―. Buenas noches, Ángeles.
Entré a casa sonriendo como tenía meses que no lo hacía, y vi en la mesa del comedor algunas cartas. Me acerqué, quizás con la esperanza de ver una de Brandon, pero enseguida mis tres amigas me sorprendieron por la espalda. Me estaban esperando.
―¡Nos tienes que contar todos los detalles!―dijo Alice apretando ligeramente mis mejillas.
―¿Qué hacen aquí?―Las miré emocionada.
―Ver esa felicidad que irradian tus ojos―dijo Amy suspirando como siempre.
Las abracé, caminamos hacia mi habitación, pero me regresé. Quería ver las cartas sobre la mesa, pero al volver al comedor, no estaban.
Caminé de nuevo para ir arriba, y mi padre estaba saliendo de su despacho. Pensé en preguntarle, pero no quería recibir un regaño por seguir esperando que Brandon se comunicara de alguna manera.
―¿Cómo te fue con Jeremy?
―Bien, papá…
―¿Bien? ―Me abrazó―. ¿Se volverán a ver?
―No lo sé… No hay prisa.
―Sí, tienes razón. Ve a descansar―Besó mi frente y se retiró.
Me quedé de pie frente a su despacho y por un impulso entré. Sobre su escritorio no había nada, me acerqué para ver un poco mejor, abrí un par de gavetas y no encontré ninguna carta.
Sin embargo, encontré varios sobres con mucho dinero y uno de ellos tenía una nota: “Espero que pueda solucionar su problema. Es un gusto ayudarle como siempre. Atentamente, Jeremy Cass”.
―Hija, ¿qué haces aquí? ―dijo mi madre de pie en la puerta del despacho―. Sabes que tu padre no nos permite entrar . Tus amigas te están esperando arriba.
―Mamá, perdón, es que… nada, olvídalo.
―¿Qué pasó?
―Entré porque pensé que... quizás papá tenía alguna carta de Brandon, pero…
No le dije nada del dinero y menos de la nota.
―Deja de imaginarte cosas. Si llegara alguna carta, tu padre no sería capaz de ocultártela.
―Mamá, mi papá no quiere que esté con Brandon.
―Igual no te haría algo así, es tu padre…
La observé en silencio, sonreí y subí a mi habitación donde mis amigas esperaban curiosas para conocer los detalles de la cita con Jeremy, pero en mi mente estaba el dinero y la nota. Y también debía admitir que no podía dejar de pensar en el delicioso beso.