Lentamente me acercó ante tal descubrimiento. No podía creer que éramos él y yo cuando nos casamos. Ni siquiera recuerdo tener alguna fotografía de ese momento, lo cual era tan triste. La pintura era tan hermosa, que me quede sin aliento a pesar de ver toda la oficina de Sebastián literalmente patas arriba. Sebastián al ver lo que ha hecho de inmediato se siente culpable, acercándose a mí para mirar la pintura que relucía en el suelo como un diamante. –Esa pintura es… –Trata de explicarme, pero en realidad ya sabía que era. –Somos nosotros dos. –Dije conmovida puesto que no sabía que él atesoraba tal recuerdo. –¿Cuándo la mandaste a hacer? –Pregunté curiosa, olvidando por completo todo lo que había pasado hace unos momentos. –La mande a hacer el mismo día que nos casamos, fue como

