Sí, me había gustado mucho estar con mi cabeza en medio de las piernas de Ámbar, lo había disfrutado de una manera muy poderosa, y ella más que nada. Ahora, luego de lamerla por completo, probarla y saber a qué sabía su d***o, su éxtasis, ella miraba mi erección, sacando mi pene de mi calzoncillo, aunque eso no estaba pactado en los planes que hicimos antes de comenzar. —¿Pensaste en alguien más?—preguntó en voz baja. Su nariz tenía una fina capa de sudor y su pecho seguía moviéndose con rapidez luego de aquello. ¿Cómo era capaz de soltar esos gemidos de sus labios? ¿Cómo es que se lo disfrutó tanto? ¿Será que lo hice tan bien? —No, solo en ti.—le confirmé. Bajé la mirada en la dirección en la que ella la tenía. Hacia mi pene. Tragué despacio, observando como ella lo contemplaba. Sus

