—Kellen…¡dijiste lo que sea!—le recordé.—No la quiero cerca de ti, entiendo perfectamente el trato, lo acepto, ¡maldición! ¡¿pero por qué tiene que estar a tu lado?!—me llenaba de rabia que él quisiera negarse ahora, aunque aún no decía que no, pero su expresión era de eso, de que no lo haría o no podía. —Solo una semana, Danais.—sus dedos tomaron mi rostro por la mejilla, acercándome a él mientras Kellen se inclinaba para unir su nariz a la mía, se sentía fría, la suya era más puntiaguda que la mía, así que yo abarcaba todo el espacio.—En una semana la cambio de empresa, pero despedirla no puedo, ni ahora, ni después. Le ofrecí también otra cosa. —¡Carajo! No quiero ni imaginar qué fue esa otra cosa que le ofreciste.—él sonrió, como si mis palabras fueran un chiste, yo aún estaba en a

