El periodista escaneó todo el espacio frente a sus ojos con la mirada, necesitaba asegurarse de que nadie había allí que pudiera mirar lo que iba a hacer y sobretodo, debía darse prisa, pues, ese uniforme de doctor cirujano iba a expirar su utilidad cuando llegara al lugar un verdadero médico. Caminó un poco más de prisa hacia la cama en la que estaba el protagonista de su próximo artículo para la prensa amarillista. Pensó que, tan imponente y peligroso que solía verse este hombre siempre que alguien le echaba una mirada furtiva, ahora no parecía más que un monstruo derribado, débil, inconsciente. Con una estrecha y transparente manguerilla que cruzaba a lo ancho sobre su rostro, dejando dos pequeños tubillos sobresalientes de esta, entrar por sus fosas nasales, dejando el oxí

