Me calcé las chanclas y me coloqué las manos en la cintura, mi panza ya se notaba, pero no era algo que me fastidiara, aunque a veces estar durante mucho tiempo en ciertas posiciones me generara cansancio. La claridad esa mañana seguía fastidiándome, aunque en esa casa cualquier cosa me ponía de mal humor, fue por ello que no pude evitar imaginar a dónde iría Edrick en ese momento. Resoplé, blanqueé los ojos y afinqué los dientes. —Mujer del demonio —refuté por lo bajo—. No vas a quitarme a mi hombre —meneé la cabeza, pensando en la cara de mosca muerta que tendría Ester en ese momento—. No vas a salirte con la tuya. Puedes tener el universo entero para ti sola, pero no vas a tenerlo a él. Así que me dirigí hacia el armario en donde la servidumbr

