Me esforcé, me esforcé mucho. Fue difícil, pero lo intenté con toda la fuerza mental que conseguí, me hice la idea de que todo tenía que mejorar, de que Rodrig tenía que despertar, él no debía dejarnos. Maldito el animal que lo hirió. Escuché una voz cada vez más cerca, Élan diciéndome que ya con nosotros estaba la niña. Cerré los ojos y me concentré, debía respirar, tenía que hacerlo. Rodrig iba a despertar, a Rodrig no iba a pasarle lo mismo que a… mi madre. Me sentí un poco más ligera, me desplomé sobre el asiento, sentí mis pulmones libres, pero por alguna intención la falta de entusiasmo me consumía. La voz de Élan allí, muy cerca de mí. —¡Ester! —gruñó Élan—. ¡Ester, abre los ojos! Lo escuchaba allí, muy cerca de mí, podía sentir su respiració

