Noah Ambas, Abby y Malena, se sorprendieron gratamente cuando les llevé el desayuno a la mañana siguiente, el único desayuno que sabía hacer bien: galletas sureñas con salsa de salchicha. Las encontré acurrucadas juntas en el enorme puff, ambas luciendo diminutas en medio de aquel gigantesco saco, que había encargado lo suficientemente grande para Abby y para mí. Dejé dos platos sobre la mesa de centro baja frente a ellas, luego fui a buscar el mío y lo coloqué antes de despertarlas. —Buenos días, damas —dije, sentándome con las piernas cruzadas al otro lado de la mesa. Malena gruñó, mientras Abby se giraba, se estiraba y parpadeaba antes de mirarme. Malena se incorporó, dándole a Abby la oportunidad de terminar de rodar y empezar a frotarse el brazo izquierdo para recuperar la circulac

