Ya sobria, me quedé en el baño mirando mi reflejo en el espejo. No me había maquillado y llevaba el cabello suelto, pero la ropa que usaba estaba bellamente confeccionada y cubría en su mayoría mis tatuajes. No parecía alguien que se acostara con un tipo por dinero… ¿o sí? Y definitivamente no era el tipo de persona que se aprovecharía de alguien con problemas mentales por beneficio económico. —Ese imbécil no sabe nada de ti —pensé con rabia. Me incliné sobre el lavabo, me eché un poco de agua fría en la cara y, sintiéndome un poco más clara de mente, regresé a la mesa donde Julian conversaba con Dominic. —Perdón por eso —dije, sentándome de nuevo. —¿Quién era? —preguntó Julian. Negué con la cabeza. —Nadie importante. —Solo tu secretario, diciéndome que te busca el FBI para interrogar
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