La rubia sintió como él deslizaba el dedo medio hacia adelante y con él recorría toda la línea de su ardiente rajada, dándole un beso, con la yema del dedo, al hinchado clítoris, al momento justo de pasar sobre del duro botoncito, en su dedeo de inspección. En verdad excitada y deseosa de ser gozada y disfrutar como mujer, ella se arrodillo frente al macho y vio aquella mazacuata que tenía frente a su rostro, la contemplo por un segundo, la sujeto con su mano y la chaqueteo, luego se la llevó hasta sus labios y le dio un beso suave, tierno y delicado en la punta de la lustrosa cabeza roja, el hombre sintió que casi se venía en seco por aquella caricia pasional. Emma, sacó la lengua y con la punta comenzó a recorrer la endurecida y palpitante cabezota del tolete, la experta lengua de la

