El Principio
No voy a aburrirlos con una gran introducción, aunque sé que a muchos y a muchas les gustaría, sólo que no es el momento ni el lugar para hacerlo de esa manera.
Baste con decirles que tengo un buen de tiempo dedicándome a escribir “novelas eróticas”, aunque para muchos es pornografía pura y yo no voy a entrar en un gran debate, porque no llegaríamos a nada.
Así que si me quieren llamar escritor de novelas porno, adelante, es mi trabajo y con eso me mal gano la vida y me ayuda a sobrevivir en estos tiempos de crisis.
Lo malo de que uno se tenga que dedicar a escribir este tipo de historias es que la gente piensa de inmediato que uno esta traumado, o tal vez frustrado y en el mejor de los casos uno es un pinche degenerado.
No saben, ni tienen idea, del trabajo que cuesta darles vida a los personajes de estas historias para que puedan moverse con un sentido real y puedan ser identificados.
Que las personas al leer las historias, recuerden alguna anécdota de su pasado, o la historia de algún amigo o amiga que conocen y que han vivido situaciones similares.
Muchas veces uno no tiene ni la más remota idea de lo que se va a escribir mucho menos lo que se va a contar en cada historia que se cree.
Yo sé que muchos de ustedes no me creerán y dirán que me la estoy jalando mucho, me cai que no, así la tengo desde que nací. Si quieren algún día les mando una foto.
No, ya en serio, es difícil y duro, realizar este tipo de historias, tal vez más que las historias de amor, esas de las llamadas de romance.
Incluso, es más complicado que escribir una historia policiaca, o una vaquera, por aquello de, “ora cuéntame una de vaqueros”, en fin, como quiera que sea, está cañón aventarse una historia donde el sexo sea el ingrediente principal, y que además, tenga interés y capture la atención de los lectores y de las lectoras.
Y para que vean que no es puro cuento, les contaré lo que me sucedió justo al momento en que me disponía a plasmar este trabajo en la computadora.
Tenía que subirlo a la plataforma y tenía el tiempo encima, yo creo que por eso me estoy volviendo más loco de lo que ya de por sí estaba, antes de dedicarme a escribir las historias que ustedes amablemente leen.
Bueno, les decía que me disponía a trabajar sobre esta novela. No tenía ni la más mínima idea sobre lo que iba a tratar en ella, así que me senté frente a la pantalla de la computadora y traté de imaginarme algo, cualquier cosa que me sirviera como punto de partida, algo que me motivara a crear una buena historia.
Por un momento pensé en escribir de mi época de estudiante cuando le jalaba el cuello al ganso y me aventaba mis competencias con mis compañeros de estudios para ver quién era el primero que acababa viniéndose más pronto.
Digo, pendejo que es uno, ya que lo mejor del sexo, es como dice la canción del “rey”, el chiste no es acabar primero, sino hay que saber acabar.
En fin, pensé en contarles aquellos sublimes momentos juveniles, sólo que, llegué a la conclusión de que ustedes al leerlo dirían:
—¿Y a nosotros que chingaos nos importa que este buey se la haya estado chaqueteando con sus cuates en los baños de la escuela?
O tal vez pensaran otros:
—Pinche bola de ojetes, a lo mejor hasta jotos eran esos bueyes, ¿Cómo se les ocurre estarle jalando el pescuezo al ganso todos frente a todos?
Así que para no exponerme a que pensaran eso de mí deseché esa idea que en realidad no era tan interesante, como me lo había parecido en un principio, fue entonces, que me vino una idea que, consideré buena, algo que valía la pena contar y así comencé: