Capítulo I

1412 Words
"Salió del edificio con el resto de los empleados, justo cuando cerraron la tienda, a las seis y media de la tarde. La salida de empleados daba a una calle lateral. Se separó de María y Susana, sus compañeras, y comenzó a caminar de forma acostumbrada. En su estado pensativo no notó un auto deportivo estacionado cerca de la esquina de la calle, y se asustó cuando una voz al lado de ella le dijo: —Te voy a llevar a tu casa. Julia se dio la vuelta. Si estaba sorprendida en la mañana cuando lo vio, ahora lo estaba aún más. No se daba cuenta como su asombro hacía más grandes sus hermosos ojos de oscuras pestañas, ni el mohín de sus carnosos labios, ni lo atractiva que lucía con el abrigo de cuero que traía puesto en ese día: —No, no es necesario —murmuro ella— por lo general tomo el microbús —Y yo por lo general no hago este tipo de cosas, así que estamos iguales —dijo él abriendo la puerta del coche— sube, o la gente pensara que te estoy molestando. Lo peor de todo, es que no va a faltar uno de eso patanes defensores de damas solitarias que quiera golpearme —le explico bromeando. Un poco asustada, Julia, aceptó y hundiéndose en el lujoso asiento del elegante auto, rojo sangre, trató de relajarse un poco para no demostrar el nerviosismo que sentía. Con un cigarro entre los labios Marcos, se sujetó al volante con una mano y se puso en marcha de inmediato. A esas horas de la tarde había mucho tránsito, y su concentración mientras manejaba evitó que hablara durante algún tiempo. Eso le permitió a Julia, recobrar su seguridad y mirándolo de reojo con curiosidad. Vio al mismo hombre de la noche anterior y de temprano en la mañana, excepto que ahora que la tenía en su poder, parecía, por así decirlo, aún más extraño. Se preguntaba qué era lo que la había hecho subir al auto, a pesar de lo imperativo de su proceder. Después de todo, ella era capaz de enfrentar cualquier emergencia y Marcos Meléndez era sólo un hombre a pesar de su fama y popularidad. No fue sino hasta después de unos minutos que ella pudo decir: —No creo que lo sepa, vivo en la colonia Roma. Esta calle no llega hasta mi domicilio. —Lo sé —dijo él ya relajado, y ella lo miró con sincero enojo. —¿Qué quiere decir con que lo sabe? Dijo que me llevaría a mi casa y yo le creí. —Y así lo haré, lo prometo, aunque un poco más tarde. Julia suspiró y se recostó en el asiento. Después de todo ¿Qué podía sucederle? Tenía que admitir que esto la intrigaba, aunque, también sus padres esperaban a que llegara temprano y se preocuparían si se tardaba. —Mis padres creen que voy a ir derecho a casa —dijo algo nerviosa. Marcos, la miró. Paró el carro a un lado de la calle y le dijo: —Muy bien, señorita Rivera. Váyase a su casa —y movió los hombros con indiferencia. —No lo entiendo —Julia, lo miro enfurecida por su desplante. —Estoy de acuerdo con eso —la interrumpió con frialdad. —No hay donde tomar un microbús aquí. Puede darle la vuelta al carro y llevarme. Marcos sonrío cínico. —Eres como te recordaba. En serio ¿no vas a reconsiderar tu decisión de pasar la noche conmigo? Me daría un gran placer llevarte a cenar a un pequeño restaurante que descubrí en la carretera, el vino y la comida son de lo mejor. —¿Por qué a mí? —exclamo Julia moviendo la cabeza con pesar. Los ojos de Marcos brillaron —¡Eres muy bonita, y me gustan las mujeres hermosas como tú! —dijo en forma cínica— ¿Eso satisface tu vanidad lo suficiente? Julia, alzó sus delgados hombros. —No es mi vanidad lo que me preocupa —apretó los labios por un momento. Su mente trabajaba rápido en aquello que le sucedía. ¿Cuándo volvería a tener una oportunidad como esa? ¿Cuántas chavas podían contar a Marcos Meléndez entre sus galanes? Sería tonto rechazarlo de manera abierta, así que tuvo que decidir pronto. —Está bien señor Meléndez, cenaré con usted, aunque primero tengo que telefonear a mis padres para que no se preocupen. —Muy bien, haz la llamada y te prometo no hacer ruido —dijo él poniendo el carro en marcha de nuevo, Julia, tembló de manera involuntaria. Ahora que la decisión estaba tomada, se sintió nerviosa, era arriesgado aquello. Sacó su celular y llamó a su casa. El Búfalo Manco, era un restaurante bar que estaba en la carretera y pronto llegaron a él, cuando el auto cruzo en medio de las puertas de metal, Julia, respiro con alivio. No habían hablado mucho durante el camino, y en la obscuridad del interior del carro ella se sentía aterrada, pensando que la podía raptar por alguna infame razón. En realidad, ese pensamiento era muy ridículo, sólo que, ella no lo conocía lo suficiente como para estar segura de que no intentaría algo diferente a lo que había dicho. Julia, bajó del carro, cerrando muy bien su abrigo contra la furia del viento y la fina llovizna que había empezado a empañar el parabrisas cuando estaban cerca del lugar. Marcos, cerró el carro y caminando a su lado la tomo del brazo. El traía un abrigó oscuro de piel sobre su fino traje y Julia, se preguntaba por qué los hombres morenos eran mucho más atractivos que los rubios. Volvió a verlo, sorprendiendo una sonrisa en su rostro varonil y atractivo. —¿Te crees muy astuto? Su sonrisa se hizo más franca, revelando su blanca dentadura. —¿Por qué piensas eso? —Porque es la verdad. Estabas decidido a que yo saliera contigo esta noche... ¿por qué? —No tenía nada que hacer —dijo él en forma desconcertante. Le apretó con fuerza la mano— ¡Ninguna mujer huye de Marcos Meléndez!. Julia, frunció el entrecejo. —¿Te refieres al... al sábado en la noche?... Yo no hui de ti. Sólo que no considere que tu conversación fuera de buen gusto para nadie. —Hago muchas cosas que no son de buen gusto para muchas personas —recalcó en forma seca— ¿eso me borra de tu lista? —Como estoy segura de que no te importa nada, lo que yo pienso de ti, no te voy a responder —dijo ella y se libró de su mano al entrar al recibidor. Dejaron sus abrigos y el capitán de meseros les avisó que su mesa estaba reservada para las siete y media, que si no les importaría tomar algo mientras les conseguía lugar. El bar estaba a un costado de la entrada, bien iluminado con luces de colores. Sin preguntarle a Julia, lo que deseaba, Marcos, ordenó dos bebidas, mientras ella se acomodaba en uno de los asientos y calentaba sus manos frotándolas entre sí. Estaba consciente de que su ropa no era la adecuada para aquel lugar. —Debí haberme cambiado. Esta es mi ropa de trabajo —Marcos, sonrío. —Para mí que te ves muy bien... ¿qué les dijiste a tus padres? —Le dije a mi madre que me había encontrado con una vieja amiga de la escuela y que iba a cenar con ella, ya que teníamos mucho tiempo de no vernos, también le pedí que se lo contara a Pablo —suspiro con calma —sabes que no me gusta mentir. En fin, ya lo hice y ni modo. —¿Por qué no le dijiste la verdad? ¿Acaso tengo tan mala fama que no quieres que se enteren que te veo? Julia, se sonrío entre dientes. —¡Claro que no...! En realidad, mi papá adora tu música. En particular cuando tocas la guitarra. Tiene varios discos tuyos y te admira. —¿Ah sí? —dijo Marcos que se veía un poco aburrido con todo aquello. Julia, se quedó callada. —¿Como diablos podía hacerle para que él se divirtiera? —pensó. El lugar estaba desierto, pudo ver a una pareja de hombres jugando a los dados al otro lado del bar. Era muy temprano para que hubiera más movimiento.
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