El frío de la noche, que una vez había sido un enemigo opresivo y constante, ahora se sentía como un recordatorio gélido de la batalla ganada en las cuevas del manantial, pero también de las que estaban por venir, sombras que se cernían en el horizonte. Elinore se encontraba en sus aposentos, la calidez de la chimenea luchando contra el aire helado, el recuerdo de la cena y la innegable tensión con Kaelen aún vibrando en su piel, una electricidad que la mantenía despierta. Pero más allá de la confusión de su corazón, que latía con una mezcla de emociones nuevas, estaba la claridad inquebrantable de su mente. La revelación de su herencia Eldrin, la furia desatada en el castillo que había partido hombres en dos, el poder elemental que había sentido fluir a través de ella en las profundidades

