La cena en honor al regreso del Rey Theron había terminado, dejando en el gran salón un eco persistente de risas contenidas y una calidez que el invierno, por más gélido que fuera, no podía apagar por completo. Pero para Elinore y Kaelen, la verdadera resonancia de la noche apenas comenzaba, vibrando entre ellos con una intensidad que eclipsaba cualquier otra sensación. La atracción que había surgido entre ellos, un fuego latente que había ardido bajo la superficie de la desconfianza, el deber y los secretos, ahora crepitaba con una intensidad innegable, una fuerza magnética que los había unido en un silencio compartido en medio de la celebración. Era una conexión elemental, una chispa que había saltado entre el hielo puro y la pasión humana, forjada en la veta corrupta de la cueva. Elino

