La verdad, revelada en las sombras gélidas del Castillo Ainsworth, era una carga pesada y tangible sobre los hombros de Elinore y Kaelen, un peso que oprimía sus almas y definía su inmediata realidad. Sabían con certeza inquebrantable que el invierno antinatural que asolaba el mundo mortal no era una calamidad natural, un capricho del clima o una deidad caprichosa, sino la obra nefasta y calculada de Lord Valerius, un Eldrin resentido y exiliado que empuñaba una magia prohibida y corrupta, un poder oscuro que se filtraba insidiosamente desde las profundidades de las Tierras del Manantial. Y, lo que era más aterrador aún, la Corte Nocturna de Eldoria, informada por la Esfinge de la "desviación" de Kaelen y de la creciente e incontrolable amenaza de Valerius, se preparaba con una determinaci

