Inicio parte 10

1865 Words
Capítulo 7 Keziah Caminábamos de la mano por la arena de la playa, cercas donde nos habíamos conocido, ¡Me encantó el mar! Gabriel – Las puertas son fáciles de abrir, es como abrir una real, pero en tu mente, al cruzar a cualquier lado, toma tiempo perfeccionarlo, pero no dudes en preguntarme. Si te pierdes, ¿Me dejarías ponerte un localizador? No te asuste – responde rápidamente ante mi cara de sorpresa, decido no interrumpirlo – Si vuelves a desaparecer, Miguel podrá encontrarte, ha creado sus propias marcas, ya sabes con lo que le gusta la tecnología. Yo – ¿Todos tienen vidas humanas aquí, como nosotros? Gabriel – Aparentemente si, mezclarnos entre ellos era fácil al principio, cuando no nos temían, pero conforme las herramientas que les dimos para alimentarse, su capacidad destructiva superó su sed de poder y adquisición. Dejaron de creer y necesitar nuestra ayuda, la oscuridad los corrompió, fue cuando fuimos divididos, cuando empezaron sus propias guerras, no podíamos intervenir, estábamos librando la propia por nuestra existencia, ahora necesitan almas inocentes para sobrevivir, los Nefilim se reproducen como conejos. Yo – Entiendo la comparación – reí, pero el no sonrió. Gabriel – apesar de su fuerza, no viven mucho tiempo, algo les está pasando desde hace dos siglos y eso los ha vuelto paranoicos y peligrosos, el miedo y la desesperación los ha hecho cometer atrocidades y eso nos está obligado actuar. Yo – Te refieres ¿A matarlos? Gabriel – Solo cuando se vuelven un peligro para la humanidad, si tan solo supieras de lo que son capaces, no miden sus fuerzas, no tienen control de sus emociones, la mayoría están llenos de ira y miedo, eso hace que se lastimen entre ellos y lo que los rodea. Yo – Si pero, matarlos, suena muy mal, ¿No hay otra forma? Gabriel – Ojalá pudieras entenderlo, no la hay, bastante es dejarlos vivir sin que rompan las reglas. Yo – ¿Que reglas? – soltó un suspiro largo. Gabriel – ¿Podemos hablar de esto en otro momento?– se pasó la mano por el cabello. – Necesitas aprender a usar tus alas. Resople por lo ridículo del comentario. Yo – Soy un lobo, no tengo alas. Gabriel – Todos nosotros tenemos unas, incluso tu, porque no solo eres un lobo, no te has transformado porque estás bloqueada, eso impide que tú mente esté libre, puedes decidir en qué transformarte, lobo o ángel, las alas son nuestra fuerza principal, tu tienes ambas opciones. Tu cuerpo puede cambiar pero tú mente siempre será la de un ángel, por eso tienes poderes fuera de lo común, a veces sucede en otras especies, puede que su linaje este destinado a su estirpe pero a veces su mente supera su cuerpo y eso activa sus poderes escondidos, no sucede muy seguido y más aún cuando somos inmunes. En tu caso eres especial casi única, nosotros le llamamos cambiantes. El sacudió sus hombros como si temblaran, ante mis ojos parecieron dos perfectas alas blancas, grandes y majestuosas, con plumas que parecían suaves, desde las más cortas a las más largas, tenían un pequeño fulgor de brisa, su majestuosidad hizo que me olvidará por completo de nuestra conversación, me acerque lentamente sin el que el se moviera, solo me contemplaba en silencio, con los brazos caídos a lado de su cuerpo. Yo – ¿Puedo? – dije alzando la mano deseosa por sentir su textura. Gabriel – Por favor – susurro cerrando sus ojos. Las puntas de mis dedos fueron deslizándose hasta que toda mi palma acaricio su superficie. Lo escuché jadear y deje que mis dedos viajarán en su textura, me acerque más a él, casi que nuestros torsos se tocaban, sentí un extraño cosquilleo en mi vientre y su otra ala se pego a mi espalda envolviendonos, su respiración se se estaba alterando, pero no quería detenerme. Sin previo aviso me rodeo con sus brazos, pegándome a su pecho, por instinto me aferre a su cuello enterrando mi rostro en él, grité cuando alzó el vuelo y no levanté la vista. El viento rugía contra mis oídos, entrelacé mis piernas con las suyas, lo sentí planear entre las nubes, sentí el calor del sol pero no me atreví abrir los ojos, ni salir de su cálido calor. Gabriel – Si decides cambiar tu también podrás hacerlo – alce el rostro para mirarlo, no quería ver hacia abajo. No estaba asustada, de hecho me sentía entusiasmada, solo que volar así, con él entre sus brazos, era el mejor momento de mi vida. Cuando sentí que decendiamos me atreví a mirar, y nos acercamos a una vialidad transitada. Me aferre a él con miedo. El río. Gabriel – Tranquila no pueden distinguirnos, casi nunca voltean hacia arriba. Yo – ¿Estás seguro? – mire unos carros, donde unos niños miraban en nuestra dirección con la boca abierta, lo escuché reírse – ¿Que es tan gracioso? Gabriel – Son niños, en la actualidad existe algo llamado “demasiada imaginación” Sentí que mis pies tocaron una superficie sólida y puse distancia entre nosotros. Estábamos en el techo de su casa Yo – ¿Por qué volvimos? Gabriel – Te lo dije, vamos a recuperar tu transformación, pero está vez una caída más larga. Yo – ¿Qué quieres decir? Gabriel – Tranquila. Miguel – No te asustes, yo me rompí los huesos la primera vez que lo intente – apareció de pronto detrás de mí y grité del susto. Yo – ¡No hagas eso! – él se echó a reír. Jessica – Le tomo un par de horas dolorosas recuperarse, menudo idiota – otro susto. Yo – ¡Dios! ¡Ustedes van a matarme! – dije llevándome la mano al pecho acelerado. Miguel – Ya te acostumbraras. La ventaja es que ya te dimos la teoría, ahora viene la peor parte, el dolor. Yo – ¡Que! – Miguel se echó a reír por mi cara de horror. Gabriel – Deja de ser un idiota – Se acercó golpeando su cabeza con su palma, Miguel hizo una mueca sovandoce. Jessica – ¿Y cómo vas a guiarla para la trasformación? no sabemos qué le hicieron para que esté bloqueada. Gabriel – Con medicina, no pienso dejarla caer de un acantilado como a Miguel – sonrió al recordarlo. Miguel – Eres un idiota. Jessica – Y ahora puedo subirlo a Youtube, no sabía que las r************* serían una ventaja – sonrió burlona y Miguel se cruzó de brazos indignado. Yo – Pues si no hay otra forma, quiero intentarlo, pero sin morir en el intento – los tres se me quedaron mirando, Jessica sonreía mucho, Miguel parpadeando y Gabriel, parecía, “¿Frustrado, enojado?” Gabriel – De ninguna manera. Miguel – ¿Por qué no? La adrenalina es nuestra principal fuente de energía cuando nos transformamos. Gabriel – Idiota, ella tiene sangre Licántropo, a de más no quiero que se haga daño. Yo – No va a pasar nada, si ustedes pudieron ¿Porque yo no? Gabriel me fulminó con la mirada. Miguel – Vez, mi nueva hermanita tiene razón, es inteligente – se acercó rodeandome con un brazo, besando mi cabeza – No le pasara nada. Jessica – Quizá si vamos a caz…. Gabriel – ¡No! Ni se te ocurra terminar la frase – se acercó y me parto de los brazos de su hermano Miguel. Jessica – Perdón… solo era una idea. Miguel – Jess te amo – la abrazo y beso su cabeza – Pero él tiene razón, la última vez salió mal y casi nos…. Gabriel – Ya Basta… Espero que hayan terminado su guardia. Miguel – ¡Señor si señor! – reprimí una sonrisa ante su postura y saludo militar – Zona B controlada. Jessica – La zona A está tranquila.– dijo con un tono de aburrimiento, mirándose las cutículas. Gabriel – ¿Dónde está Axel? Miguel – Seguro en la zona C. Yo – ¿Qué son las zonas? ¿Qué hay ahí? Jessica – El control de la población de algunas especies. Miguel – Si se salen de control, como perturbar la paz, nos hacemos cargo. Gabriel – Quieren callarse, aún no le he contado todo y ustedes están de bocazas – se pellizca el puente de la nariz. Estaba cada vez más confundida, Gabriel me atrajo a su costado fulminando a sus hermanos con la mirada. Gabriel – Solo la están confundiendo, dejenla adaptarse, que ella lo vea por sí misma. Entramos a la casa, bajando por el sótano detrás de las escaleras, aún sótano, con barriles de lo que parecía cerveza y ileras de vitrinas de vino, pasamos a un mini bar, con paredes de cristal, repisas de madera, con copas de todo tipo colgando en la repisa de madera del techo. Gabriel me ofreció un taburete a su lado, mientras Miguel se metió detrás de la barra, Jessica le pasó una botella de vino sin descorchar y él la abrió con elegancia, sirviendo en una copa de tallo largó. Jessica – ¿Quieres? – negué con la cabeza y ella sonrió dando un sorbo – ¿Cuando la vas a curar? Gabriel – cuando esté lista, paso paso hermanos. Yo – ¿De verdad son hermanos de sangre? Miguel río sirviendo un whisky a Gabriel, y uno para él. Jessica – No es cuestión de sangre, somos hermanos porque crecimos juntos, peleamos juntos y caímos juntos, bueno al menos nosotros, Gabriel no ha sido tentado, aún. Miguel – Gabriel nos adoptó como si fuéramos cachorros. Jessica intentó golpearlo, pero él la esquivó riendo. Jessica – No le hagas caso, tantos golpes en la cabeza lo dañaron. Gabriel – Compartimos un vínculo en ideales, protegemos la creación, el equilibrio, luchamos, matamos si es necesario, cuando uno de nosotros o todos nos vemos amenazados. Yo – Suena a manada. Miguel – Pero no lo somos, podemos formar un vínculo con un solo ser, como ustedes, por eso nos parecemos y podemos intimar con su r**a, nadie lo ha hecho, y quiénes lo han intentado, bueno digamos que no terminan bien. Yo – Hablan de tanta guerra, matar, proteger y vínculos con naturalidad que no sé qué pensar. Gabriel tomó mi mano, jugando con mis dedos. Gabriel – No nos juzgues por favor, tu mejor que nadie lo sabe, vivir en este mundo tiene su precio. Yo – No te juzgo, pero para mí pueblo matar es como último recurso. Respetamos la vida, incluso cuando cazamos para alimentarnos, procuramos no excedernos, tomamos solo lo necesario y tomar una vida es condenado en mi pueblo con el exilio, incluso a veces con la ley sangre por sangre. Solo me parece un poco… perturbador que lo hablen con tanta naturalidad. Gabriel soltó mi mano y sin mirarme se fue a una habitación que no había visto, a través de las ventanas veía filas y filas de plantas de todo tipo. Yo – ¿Qué dije? Jessica – Cuando su vínculo se haga más fuerte, lo entenderás – dejó la copa en la barra y fue tras su hermano. Dejándome más confundida. ¿Qué acaba de pasar?
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