Si por fuera la casa de Ignacio ya se veía enorme, por dentro confirmé mi sospecha. Más que una casa, parecía una mansión de gente rica. Al entrar, observé todo con los ojos bien abiertos y una sonrisa en los labios, ya que no solía frecuentar sitios así.
Me sentía tan viva al estar rodeada de tantas personas, que un cosquilleo enorme se instaló en la base de mi estómago. Fue entonces que lo entendí: ya no era la misma Francisca de antes. Claro que no. Desde que Rick se había ido de mi vida, yo era otra persona, por muy ridículo que sonara. Su traición aún dolía en lo más profundo de mi corazón, sí, pero eso no era motivo para derrumbarme. Al contrario, era razón suficiente para levantarme con más fuerza, con la frente en alto, y continuar con mi vida.
—¿Puedo preguntarte algo, Fran? —Kat me miró directamente a los ojos mientras nos adentrábamos entre los invitados. Asentí con la cabeza, justo cuando, de reojo, veía a Guru y Phillip caminar junto a nosotras.
—¿Quieres una cerveza? —preguntó Phillip desde el otro lado, como si mi mirada lo hubiese llamado. Giré levemente el rostro y asentí con un suave "sí", dedicándole una sonrisa tímida.
Él y su amigo pelirrojo se alejaron de nosotras, dándonos algo de privacidad, lo cual agradecí en secreto.
—Ahora sí, dime —le sonreí a mi amiga al tiempo que le hacía un gesto con las manos para que nos sentáramos en un sillón cercano.
—¿Extrañas mucho a Rick? —soltó, sin anestesia. Sus palabras me tomaron por sorpresa; no esperaba que mi amiga fuera tan directa—. La verdad, siempre me pareció que él era un aburrido que te frenaba en todo lo que querías hacer —agregó sin filtro.
Mi amiga tenía razón. Aun así, en un acto reflejo, desvié la mirada hacia el techo y solté un suspiro que llevaba rato atorado dentro de mí, intentando con todas mis fuerzas no ponerme a llorar como una niña al pensar en mi relación pasada.
—Sí… la verdad es que lo extraño tanto que me duele —reconocí sin rodeos—. Me duele pensar que hoy llegaré a casa y no podré llamarlo para contarle lo que hice en el día… hasta me duelen los detalles mínimos, como imaginar que otra mujer usará ahora sus camisas favoritas para dormir, y no yo. —Dirigí mi mirada al rostro de mi amiga, y su expresión comprensiva me tranquilizó—. Me duele de una forma que no sé explicar, porque en el fondo sé que dejarlo ir fue lo mejor… pero mi lado irracional me grita que corra a buscarlo.
Katherine no se caracterizaba por juzgar a los demás. Por el contrario, era una chica empática y muy amable con todos, lo cual me parecía una cualidad admirable, y me permitía abrirme con ella sin miedo a ser juzgada.
—Extraño sería si todo eso no te doliera, Francisca… —susurró con una dulce sonrisa en los labios luego de escucharme—. Ustedes duraron muchos años juntos y eso no es fácil de dejar a un lado como si nada. Entiendo que te sientas así y tienes todo el derecho de llorar y descargarte, pero por favor no nos dejes fuera de esto. Te hemos extrañado en el grupo, sobre todo Jack —susurra con cariño.
Las palabras de mi amiga fueron como una curita sobre mi corazón triturado. Le sonreí en agradecimiento, porque aunque extrañaba a Rick, tenía muy claro que dejarlo ir había sido la mejor decisión, y que, desde ahora, nunca más dejaría de lado a mis amigos.
Mi mejor versión estaba por llegar.
—Gracias por aceptarme de nuevo —le dije con un poco de vergüenza, pero con un agradecimiento sincero en cada palabra—. La verdad el otro día en el bar no sabía como enfrentarlos.
Kat soltó una pequeña carcajada y asintió con dulzura.
—Todos cometemos errores, amiga, eso es lo que nos hace humanos —respondió. Me abrazó por unos segundos y luego se inclinó hacia mi oído, con discreción—. Phillip viene hacia aquí y no te ha quitado los ojos de encima desde hace rato. Suerte, campeona —susurró antes de alejarse rápidamente y dejarme a la deriva.
Su comentario encendió mis mejillas de inmediato, abrumadas por la vergüenza de sentirme el centro de atención de un chico tan guapo como lo era Phillip.
Me acomodé en el sillón justo cuando vi, efectivamente, que aquel chico de ojos azules se acercaba con dos cervezas en la mano. Al llegar a mi lado, me extendió una con una sonrisa plantada en el rostro, y yo se la acepté sin rechistar.
—Lo siento, me demoré un poco —dijo mientras se apartaba el pelo con una mano y sostenía su lata de cerveza con la otra.
Podría estar atravesando un duelo amoroso, sí, pero eso no significaba que fuese ciega ni mucho menos tonta. Este chico era muy atractivo… y, para ser honesta, me parecía de lo más sexy.
—No te preocupes, estaba poniéndome al día con Katherine —le sonreí con suavidad, abrí mi cerveza y le di un pequeño sorbo—. ¿La conoces? —pregunté.
Phillip asintió con la cabeza y sonrió.
—Solo de vista… —murmuró, y antes de que la conversación muriera, agradecí que siguiera interesado en hablar conmigo—. ¿Eres amiga de Ignacio? —preguntó de forma casual.
—La verdad, lo conozco hace poco —reconocí avergonzada—. Es amigo de mis amigos.
—Por eso nunca antes te había visto —señaló con su dedo índice como si hubiera hecho un gran descubrimiento, lo que me arrancó una pequeña risa nerviosa.
—Supongo que tú e Ignacio son amigos desde hace tiempo… —musité, intentando sacar más información.
—Estás en lo correcto, Fran —la forma en que pronunció mi nombre me provocó una inesperada satisfacción, pues no lo había olvidado—. Ignacio y yo somos amigos desde que éramos niños, somos vecinos, incluso podría decir que es mi mejor amigo —afirmó con orgullo, lo cual me pareció muy tierno—. Eso sí, que Guru no te oiga, porque se pone celoso.
Ese último comentario me hizo soltar una carcajada que lo contagió de inmediato, y terminamos riendo los dos por varios segundos. Hablar con él de forma relajada me hacía sentir bien, como si realmente yo fuera una chica divertida… una sensación que, con Rick, nunca tuve.
“Olvídate de Rick, por favor”, me dije a mí misma.
—A todo esto, ¿sabes dónde está Ignacio? No lo he visto para saludarlo —pregunté con curiosidad, sintiéndome mal por no haberlo hecho antes.
—Salió hace un rato a buscar a su novio. Debería estar por llegar —respondió con una sonrisa divertida al ver mi rostro desencajado—. ¿No lo sabías? Ignacio es gay.
Mis mejillas ardieron al instante. No tenía idea, y si bien no era nada malo, mi cara de sorpresa seguro había sido todo un poema.
—No, no lo sabía... bueno, tampoco lo conozco hace tanto como para saberlo —me encogí de hombros con una sonrisa cálida—. De hecho, lo he visto solo una vez —reconocí entre risas.
—Vale, creo que eso lo explica todo —dijo Phillip, riendo también. Luego se hizo un silencio agradable entre los dos, hasta que volvió a hablar—. ¿Jack y tú son…? —dejó la pregunta en el aire y me miró fijamente, esperando mi respuesta.
Vale, este era el momento de aclarar que no estábamos saliendo en secreto ni éramos el tipo de amigos que todo el mundo sospecha que están enamorados en secreto.
—Somos mejores amigos desde niños —sonreí—. Vivimos en un pueblo pequeño cerca de aquí, y el destino quiso que ambos viniéramos a estudiar a la misma ciudad y continuáramos con nuestra cercana amistad, hasta que…
Ay no, Francisca, no puedes sacar a tu ex novio en este momento… ¡Reacciona!
—¿Hasta que? —indagó él con curiosidad.
—Pues nada, hasta que ambos acabemos de estudiar y luego veamos dónde nos lleva la vida.
Phillip me observó con las cejas enarcadas y reconocí en su rostro la duda instalada, pues notó que desvié el tema y escondí lo que realmente quería decir.
—Las amistades de infancia son lo mejor —dijo después de un momento, dejando ir el tema, lo que agradecí en mi interior, pues no quería hablar de Rick.
Ambos continuamos conversando un buen rato, y sin darme cuenta la conversación fluyó de maravilla, como si en realidad nos conociéramos hace tiempo y no desde hace menos de una hora. Phillip era una persona bastante agradable y fácil de llevar. Estudiaba medicina en la misma Universidad que yo y de ese lugar es que conocía a Jack y a Kat, sin dejar de lado que es amigo de Ignacio hace muchos años.
Descubrí en ese momento que ambos escuchábamos música similar y nos inclinábamos por el rock clásico. Él era un amante de los gatos y de las películas románticas, lo cual me parecía extraño, pero en realidad no tenía nada de malo. A ojos de cualquier mujer este chico era perfecto, pero como la experiencia me ha dicho que no todo lo que brilla es oro, traté de no hacerme ilusiones con él... puede que me esté hablando y que sea un chico hermoso físicamente, pero yo no estaba precisamente dispuesta a entrar en un nuevo romance, y no sabía si él ya estaba en uno.
Estaba en pleno debate mental, hasta que caí en cuenta que Phillip me miraba con una sonrisa divertida y movía sus manos en frente de mi rostro para captar mi atención.
—Perdón, ¿qué me decías? —le pregunté con un notable sonrojo en mis mejillas que traté de esconder cubriendo mi rostro con mi cabello.
—¿Siempre eres así?, es como si te escaparas de la realidad por un momento —me regaló una sonrisa. Dios, tenía una hermosa sonrisa—. Bueno solo te estaba preguntando si estabas soltera.
—Ah, pues no tengo novio —respondí mientras reía y negaba con la cabeza—. Estoy soltera hace aproximadamente una semana —aclaré de inmediato. Desvié la mirada al suelo y llevé la lata de cerveza a mi boca para darle un gran sorbo.
Tal vez no debía haber aclarado hace cuanto tiempo estaba soltera, pero me había salido con total naturalidad.
—¿Es en serio?... —preguntó sorprendido—. Perdón, no quise incomodarte, solo pregunté porque soy curioso —Phillip me observó con una mirada comprensiva y luego rodeó mis hombros con su brazo, invadiendo por completo mi espacio personal, lo cual lejos de incomodarme provocó un par de mariposas revolotear en mi estómago.
Miré directamente a ese par de ojos azules y por un segundo me fuí del mundo real, imaginando que estábamos solo este chico desconocido y yo en un multiverso, en el cuál él y yo nos amábamos y éramos felices juntos. Como una loca imaginé todo un panorama juntos, incluso viviendo en una casa hermosa, con un perrito que se llamaba Lucky…
—Ya veo que mi mejor amiga está muy bien cuidada.
Y con esas palabras mi multiverso se fue al carajo, trayéndome a la realidad de un solo empujón. Mis mejillas ardieron de la vergüenza y en mi mente maldije a Jack por acordarse de mi existencia justo en ese maldito momento.