A la mañana siguiente bajé a desayunar y me encontré con una escena adorable, papá y mamá desayunaban como un par de tortolos, y charlaban de algún tema que no me importaba ni en lo mínimo. En la Tv pasaban las canciones de Tarántula, y cambié de canal rápidamente. Me veía como una demente, estaba segura, porque se quedaron en silencio. Parecía que se preguntaban qué rayos sucedía conmigo, pero no se animaban a preguntarme. Mamá enmarcó los ojos, era lo que hacía cuando quería hablarte seriamente. Al terminar su desayuno, papá me dio un beso en la mejilla y se fue al trabajo. Y ahí estábamos ahí, las dos, una frente a la otra, había llegado la hora de la charla de hija a madre, que no esperaba tener jamás. Mamá rompió el silencio. —Veo que te volvió el apetito. —Sí, un poco. Iba a

